Homenaje a Jorge Eduardo Eielson

Jorge Eduardo Eielson Homenaje a Jorge Eduardo Eielson

Hablar de Jorge Eduardo Eielson como poeta, es decir poco de él, pues Eiel­son era un hom­bre mul­ti­fa­cé­tico, un ente cor­tado para esa des­treza sutil de crear peren­nes espa­cios a tra­vés de la pala­bra y del recurso arries­gado de ins­tru­men­tos pic­tó­ri­cos, de mate­ria­les que lucían nos­tál­gi­cos ante la mirada esquiva del rotulo de un poema.

Ese era Eiel­son, un hom­bre que detrás de la timi­dez de su mirada, bus­caba la vita­li­dad de la comu­ni­ca­ción, el deseo de la per­fec­ción, el encuen­tro con esa patria que tanto año­raba para darle liber­tad al des­tino y encon­trar su final en la lejana Ita­lia, sin home­na­jes, sin hono­res y en silencio.

Mula­dar News le rinde home­naje al poeta mayor, al artista, al hom­bre que reposa en su “trono de san­gre”, que des­cansa en su cuna de orfan­dad, inquieto por­que su arena ya no huele a ese mar de lima.

(Lima, 13 de abril de 1924 — Milán, 8 de marzo de 2006)

“…Y no soy yo que sufre sino el otro

El mismo mono milenario

Que se refleja en el espejo y llora…”

Nudos

eielson cuadro 2 Homenaje a Jorge Eduardo Eielson

 Homenaje a Jorge Eduardo Eielson

 Homenaje a Jorge Eduardo Eielson

Poe­sía en forma de pájaro.

 

pajarocaligrama Homenaje a Jorge Eduardo Eielson

 

Poé­tica

Todo es París para mí

Y Roma es tam­bién Nueva York
O Lima. En todas par­tes res­piro
Me pongo un pan­ta­lón y son­río
En todas par­tes me levanto
Y me acuesto mirando las estre­llas
Aun­que no haya nin­guna de ellas
Mi nom­bre es Jorge y soy el mismo
Mozal­bete que leía Rim­baud
Y Mallarmé llo­rando como un niño
Todos mis sue­ños y mis heces
Son las mis­mas en París Roma
Nueva York o Lima

Bri­llante y trans­pa­rente maestro

Fue mi mar. Nadando
En sus aguas sala­das corriendo
Sus altas olas aprendí a vivir
Sobre la tie­rra. A com­pren­der
Que el silen­cio puede ser todo
A leer en las estre­llas cla­ra­mente
A no con­fun­dir el agua con la espuma
Ni la espuma con la vida
Sólo nadando pero tam­bién llo­rando
Des­cu­brí la sal que nos unía
Y el pes­cado azul de nues­tro ori­gen
Com­ple­ta­mente solo
Con las olas

Excavo en mi dorado Perú

Un reino puro y encuen­tro
Una cuchara. Excavo más
Y sale el rey con toda su joye­ría
Y la reina mía ente­rrada
Cuya mirada me estre­mece
Excavo y excavo toda­vía
Y es mi osa­menta que hallo ahora
Y el trono ensan­gren­tado
Que allí me espera

 

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