Me dejaré crecen las barbas. Casi hasta la altura del ombligo dos hojas contagiadas por mi sabor concluirán su dominio, más abajo aún, es decir dentro de mi cuerpo en sangre y pus, un alfiler del tamaño de dios pronunciará mi nombre escrito en tinta y soledad.
Ya cuando consiga ponerme al revés, es decir cuando pueda caminar, nacerá un pio del tamaño de mi puño/corazón, del que sale por tv a las 3 de la mañana, mientras duermo (si pudiera hacerlo).
Entonces y solo entonces como para rasgarme en un solitario dolor, me cubriré de sombras ajenas, al extremo del quien sabe que inmolarse es simplemente traicionar el alma. Este encanto tiene sus exactitudes, pero el resultado esperado nunca cuaja.
Pero quizás si me quito los zapatos y me quito las espuelas y me quito los guantes de soñar y me quito lo labios y me quito la corbata que no uso y me quito el pellejo de las vértebras, quizás…quizás… ¿para qué hice todo este ajetreo?
Lo que parece olvidado, súbitamente regresa con todos sus talentos y sutilezas, y hace como si no me conociera y se pone a jugar bajo mi almohada, y jamás posa su sabiduría sobre mi espalda.
Seré tolerante hoy y cuando eso pase, el sonido de la luz rugirá contra la pista de la muerte, donde seguramente ya no seré solo un testigo.
Dadle esa esperanzas a los condenados y muerte a los que sean perdonados.
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