Poema de Locura XI

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Pre­pa­ra­ti­vos para dejar el día

becki

Me dejaré cre­cen las bar­bas. Casi hasta la altura del ombligo dos hojas con­ta­gia­das por mi sabor con­clui­rán su domi­nio, más abajo aún, es decir den­tro de mi cuerpo en san­gre y pus, un alfi­ler del tamaño de dios pro­nun­ciará mi nom­bre escrito en tinta y soledad.

Ya cuando con­siga ponerme al revés, es decir cuando pueda cami­nar, nacerá un pio del tamaño de mi puño/corazón, del que sale por tv a las 3 de la mañana, mien­tras duermo (si pudiera hacerlo).

Enton­ces y solo enton­ces como para ras­garme en un soli­ta­rio dolor,  me cubriré de som­bras aje­nas, al extremo del quien sabe que inmo­larse es sim­ple­mente trai­cio­nar el alma. Este encanto tiene sus exac­ti­tu­des, pero el resul­tado espe­rado nunca cuaja.

Pero qui­zás si me quito los zapa­tos y me quito las espue­las y me quito los guan­tes de soñar y me quito lo labios y me quito la cor­bata que no uso y me quito el pellejo de las vér­te­bras, quizás…quizás… ¿para qué hice todo este ajetreo?

Lo que parece olvi­dado, súbi­ta­mente regresa con todos sus talen­tos y suti­le­zas, y hace como si no me cono­ciera y se pone a jugar bajo mi almohada, y jamás posa su sabi­du­ría sobre mi espalda.

Seré tole­rante hoy y cuando eso pase, el sonido de la luz rugirá con­tra la pista de la muerte, donde segu­ra­mente ya no seré solo un testigo.

Dadle  esa espe­ran­zas a los con­de­na­dos y muerte a los que sean perdonados.

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Posted by on marzo 6, 2009. Filed under Mis Cuadernos, Relatos. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0. You can leave a response or trackback to this entry

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