
A tí aún guardamos un silencio de luto, pues como dijo Galeano, “el dolor se dice callando”.
Se dice callando, pero no podemos evitar repasar ese “Amor de tarde” que más de uno ha vivido en su cotidianeidad, o el “Te quiero” de quienes admiran la entereza del ser amado.
Mientras estabas en tu lecho, muchos pensamos, mencionó alguno de tus amigos, “que leyéndote te daríamos más vida terrenal, pero te nos adelantaste”. Ahora sólo nos quedas en tus letras, enseñanzas… y por supuesto en el “No te rindas” con que de uno a uno y tan cercanamente siempre nos alentabas.
A veces, Mario, tú que escribiste más de 80 libros y nos dejaste un gran legado, que formaste parte de la Generación del 45, y que viviste exiliado de tu tierra por tantos años, fuiste más que poeta cómplice, cronista, traductor y vidente de un mundo en el que hay “gente que vive feliz aunque no tenga permiso”.
Igual le escribiste a la dicha de tener “Una mujer desnuda”; diferenciaste desde tu muy particular punto de vista (Ustedes y nosotros) la sensación del amor entre hombres y mujeres; y pensaste como Gelman en lo grandioso que sería “Si Dios fuera una mujer”.
Nos regalaste esa “Táctica y estrategia” que de otra forma sólo existiría vagamente en las mentes de los que desean, pero tú, tú la plasmaste en papel.
Y así también escribiste ensayos a tus contemporáneos, amigos, desórdenes sociales, políticos, males de nuestro tiempo… “El escritor latinoamericano y la revolución posible”, “El desexilio y otras conjeturas”, “Subdesarrollo y letras de osadía”, “Perplejidades de fin de siglo”…
Evidenciaste de igual manera esa forma impersonal de relacionarnos con los demás que hoy en día permea en el mundo producto del Internet. Sin embargo, hasta el final tuviste esperanza, esperanza en que quienes nos quedamos por más tiempo hagámos algo para remediar tan atroz alejamiento que no nos permite hablárnos frente a frente. Modesta no fue tu batalla, porque tu pensamiento permanecerán en la eternidad.
Tus cuentos… desde la valiente hormiga en “A imagen y semejanza”, hasta esa “Corazonada” de la tan abusada y previsora Celia… Tus novelas como “La tregua”, “Las soledades de Babel”, “Andamios”… Tus piezas teatrales como “Ida y vuelta”, “Pedro y el capitán”…
Creo que a final de cuentas valen de algo las cosas de la tecnología, pues es gracias a ellas que contarémos con un vestigio de tí… el regalo de tu voz declamando desde el corazón “Quemar las naves”, “Inventario” o “El amor, las mujeres y la vida”…
Lo único que lamento, Mario, es no haberte conocido en persona. Pero seguro me guardarás una taza de té para que conversemos pronto, y te cuente cómo son las miradas a través de tus letras, y qué rumbo ha tomado el mundo tras tu ausencia… cómo es Montevideo sin Mario Orlando Hardy Hamlet Brenno Benedetti Farrugia en sus veranos, y cómo llora Madrid tu regreso.
Vuela, ave de temporal, que tu Luz y todos acá no sólo en primevera te rememoramos.
Desdémona, Alma Noctámbula
Ciudad de México; martes 02 de junio de 2009.
http://patriciamendoza.wordpress.com/cartas-no-enviadas/
Shortlink:
Comentarios recientes