Guillermo Descalzi: La fugacidad de la existencia

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guillermo_descalzi

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Hoy, dis­gus­tado con el acon­te­cer de Washing­ton, me pongo a escri­bir de otro tema, más afín a mí. Sucede que todos, to-di-ti-tos, somos tablis­tas a la cabeza de la ola más grande que jamás haya exis­tido en este uni­verso, la ola del espacio-tiempo. El espa­cio y el tiempo son como el agua y el hielo. Uno fluye y el otro pare­ciera que no, pare­cen dife­ren­tes pero son la misma cosa en dife­rente condición.

El exis­tir, la exis­ten­cia, aque­llo a lo que le lla­ma­mos nues­tro “uni­verso”, es apa­ren­te­mente inmenso, casi infi­nito por­que nunca hemos podido ver un final en el espa­cio, ni con los más moder­nos teles­co­pios. Es inmenso, sí. El espa­cio es inmenso en ancho, altura y pro­fun­di­dad, inmenso en las tres dimen­sio­nes espa­cia­les, pero es suma­mente extra súper del­gado en su cuarta dimen­sión, la dimen­sión del tiempo. En su cuarta dimen­sión el espa­cio entero, y el uni­verso en su tota­li­dad, exis­ten sólo por un ins­tante y nada más.

Eso es todo lo que abarca la exis­ten­cia: sólo un ins­tante. Lo que acaba de pasar ya no es, y lo que toda­vía no es… tam­poco es. El uni­verso es inmen­sa­mente grande y fugaz… a la vez. El tiempo del exis­tir tiene la misma dura­ción que el cen­te­lleo de una luz. Nada más. La apa­rente pro­fun­di­dad de nues­tra cuarta dimen­sión, el tiempo, es una ilu­sión en la que cree­mos por­que nunca nos des­mon­ta­mos en vida de la cabeza de la ola del espa­cio tiempo en que via­ja­mos como tablis­tas astra­les, una ola súper del­gada y súper rápida de espa­cio tiempo, mucho más rápida y muchí­simo más arro­lla­dora que diez mil millo­nes de mega tsu­na­mis, y allí, en la cabeza de ese caos, via­ja­mos todos en apa­rente tran­qui­li­dad. No nos damos cuenta de la gran tur­bu­len­cia que nos empuja.

Vivi­mos en el ver­da­dero límite exte­rior de la exis­ten­cia. Más allá no hay nada, y atrás lo que queda es sólo el el fra­gor de lo que la ola dejó, el fan­tasma de una reali­dad que fue y ya no es más. El Espa­cio es la exten­sión de la ola, de un lado al otro. El Tiempo es su gro­sor, de atrás a ade­lante, y ese gro­sor es ínfimo, súper mínimo. La exis­ten­cia es como un dough­nut del­ga­dito. Tiempo y espa­cio via­jan los dos a la misma velo­ci­dad, la de la luz.

El “gro­sor” del espa­cio tiempo, la “pro­fun­di­dad” de la exis­ten­cia, es una fun­ción de la velo­ci­dad de la luz. Según el cálculo más cer­cano, la luz en el vacío se des­plaza a 300 mil kiló­me­tros por segundo. Por lo tanto el ins­tante, en tér­mi­nos métri­cos, debe­ría durar un segundo entre tres­cien­tos mil, pero en reali­dad hay cáma­ras que han logrado cap­tu­rar ins­tan­tes tan peque­ños como millo­né­si­mas de segundo.

Somos casi un fan­tasma. La exis­ten­cia casi no existe. Sólo existe por unas millo­né­si­mas de segundo. Nada más, todo el resto es ilu­sión, pero es ilu­sión que se basa en tres carac­te­rís­ti­cas. La pri­mera carac­te­rís­tica es la inter­re­la­ción de tiempo y espa­cio. Tan inter­re­la­cio­na­dos están que con­fun­di­mos la pro­fun­di­dad del espa­cio con pro­fun­di­dad de tiempo. La segunda carac­te­rís­tica de esta ilu­sión es la con­ti­nui­dad espa­cial. El uni­verso tiene gran pro­fun­di­dad tem­po­ral apa­rente por­que tiene con­ti­nui­dad espa­cial y eso nos lleva a creer, como tablis­tas exis­ten­cia­les, que esta­mos en un mar inmenso… cuando en reali­dad no hay nada ade­lante ni nada atrás… El pre­sente se va haciendo y deja de ser tan pronto fue.

La otra razón de la apa­rente pro­fun­di­dad tem­po­ral de la exis­ten­cia es que somos muy len­tos de per­cep­ción. El ins­tante inme­diato ya pasó. Pasó hace millo­nes de millo­né­si­mas de segundo, pero nues­tra per­cep­ción toda­vía está pegada a ese ins­tante, y a varios más, ya pasa­dos, amon­to­na­dos como mon­ta­ñas y cor­di­lle­ras de ins­tan­tes que se alzan ante nosotros.

a com­bi­na­ción de la inter­re­la­ción del espacio-tiempo, la con­ti­nui­dad espa­cial, y la len­ti­tud de nues­tro per­ci­bir hacen que la exis­ten­cia nos parezca bien sólida, cuando en reali­dad no es más que un des­te­llo de una inmensa ola en movi­miento. La ola es una mem­brana súper del­gada con la pro­fun­di­dad de un ins­tante tem­po­ral. Es una mem­brana vibra­to­ria. Es vibra­ción en expan­sión, y en la super­fi­cie de esa mem­brana vibra­to­ria se desa­rro­lla toda la exis­ten­cia, espa­cio y tiempo.

En mayor o menor grado todo se reduce a vibra­ción. La mate­ria es vibra­ción encap­su­lada. La ener­gía es vibra­ción libe­rada. El espa­cio es vibra­ción en tres dimen­sio­nes. El tiempo es vibra­ción en cuarta dimen­sión. No son las únicas dimen­sio­nes. Hay dimen­sio­nes y vibra­cio­nes micro­cós­mi­cas y dimen­sio­nes y vibra­cio­nes macro­cós­mi­cas que esca­pan total­mente a nues­tra per­cep­ción, pero que tam­bién exis­ten… por un ins­tante. Hay dimen­sio­nes micro­cós­mi­cas sobre las que se alza la exis­ten­cia, y dimen­sio­nes macro­cós­mi­cas que la enmar­can. Allí está toda esa mate­ria y ener­gía negra que bus­can los astro­fí­si­cos de hoy. En todo caso: la fuga­ci­dad de nues­tra exis­ten­cia es más real de lo que pudié­se­mos ima­gi­nar, y ante todo esto, ¿qué importa Washington?

Gui­llermo Des­calzi: Para el Nuevo Herald

el_principe

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Gui­llermo Des­calzi des­cen­dió a los infier­nos desde la cima. Des­pués de tener todo lo que muchos sue­ñan: for­tuna, éxito, influen­cia, fama, el cariño y la admi­ra­ción de miles de per­so­nas, una carrera bri­llante entre­vis­tando pre­si­den­tes, con­du­ciendo pro­gra­mas en las cade­nas tele­vi­si­vas (Uni­vi­sión) y como corres­pon­sal de gue­rra, su vida se tam­ba­leaba. Las dro­gas y el alcohol, sus supues­tos alia­dos para man­te­ner su ima­gen, lo pre­ci­pi­ta­ron en un tor­be­llino de egoísmo tirá­nico y agre­si­vi­dad que reper­cu­tió en todos los aspec­tos de su vida.
El prín­cipe de los men­di­gos es la visión per­so­nal de la ver­dad de Gui­llermo Des­calzi. Tras diez años de prác­tica exi­tosa del perio­dismo tele­vi­sivo como figura latina que había alcan­zado el “sueño ame­ri­cano”, se lanza a la calle a men­di­gar, rom­piendo tajan­te­mente con su “pasado”. Ésta es la his­to­ria de un viaje espi­ri­tual, un reen­cuen­tro, una caída infes­tada de demo­nios inter­nos y el rena­ci­miento desde una grieta profunda.

Biografía

Gui­llermo Des­calzi nació en Perú en 1947. Estu­dió Edu­ca­ción en la Uni­ver­si­dad Cató­lica de Lima, y pos­te­rior­mente en el Cani­sius College, en Bufalo, Nueva York, y en el State Uni­ver­sity College of New York. Tiene una maes­tría en edu­ca­ción, pero ha dedi­cado su vida pro­fe­sio­nal al perio­dismo desde 1975. Antes de ese año tra­bajó como maes­tro en el Cole­gio Santa Mar­ga­rita, en Lima.


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Posted by on febrero 20, 2010. Filed under Uncategorized. You can follow any responses to this entry through the RSS 2.0. You can leave a response or trackback to this entry

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