Marco Aurelio Denegri “…el propósito subversivo del intelectual.”

Hace algún tiempo leí esta entre­vista y me pare­ció intere­sante publi­carlo por su dis­curso y su carác­ter inte­lec­tual el cual nos otorga un momento de refle­xión. Se sabe que MAD rehuye todo tipo de entre­vis­tas, pero parece que Gente en algún momento lo logró.

marco denegri Marco Aurelio Denegri “…el propósito subversivo del intelectual.”

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MARCO AURELIO DENEGRI
“DIOS ME LIBRE DE SER POPULAR“
Entre­vista: José Ramí­rez Gon­zá­les
Fotos: Sil­vana Espejo

Usted ya conoce a Marco Aure­lio Dene­gri: un per­so­naje de la cul­tura viva en la tele­vi­sión peruana. Las gran­des per­so­na­li­da­des de nues­tra socie­dad se sen­tirían orgu­llo­sas de ser entre­vis­ta­das por este señor tan incon­forme de todo y de todos. Muchos tele­vi­den­tes corren a encen­der la gra­ba­dora cuando empieza su pro­grama; sin embargo, el señor Dene­gri, desde sus leja­nos inicios en el canal 7, ha hecho lo mismo toda la vida: regar­nos de saber y cul­tura. Hoy, gra­cias al cable, más gente puede sin­to­ni­zarlo en el canal 14, a las dos de la tarde.
En diá­logo con GENTE, hizo lo suyo: cam­bió las cosas de lugar.

Señor Dene­gri, usted nom­bra “por­que­ría” a la tele­vi­sión, sin embargo con­duce un pro­grama en ella. ¿Se siente un inte­grante de la cul­tura de masas o un apocalíptico?

Bueno, en pri­mer lugar hay una dife­ren­cia tre­menda entre la TV de señal abierta y la del cable. Segundo, a mí me lla­ma­ron para hacer este pro­grama, yo no puedo negarme a dar mi cuota de escla­re­ci­miento, en medio de este tor­be­llino gene­ral de incul­tura y embrutecimiento.

Ahora, que lo mío sea sig­ni­fi­ca­tivo… Hay una sin­to­nía impor­tante y cons­ti­tuída, pero nada más.

¿No depende del rating?

Mi pro­grama no depende del lla­mado “rating”. Me da igual que me vean dos per­so­nas o dos­cien­tas mil.

¿Qué piensa de la tele­vi­sión de señal abierta?

Yo no sé qué punto de vista ten­drá usted, pero el mío lo he expuesto repe­ti­das veces. A veces vie­nen a pre­gun­tarme y ellos no tie­nen el suyo, y un perio­dista bien for­mado, bien infor­mado, debe tenerlo sobre los temas que va a tratar.

Bueno, enton­ces yo le doy mi punto de vista y usted…

No, pero de ese punto pode­mos conversar.

Bien, Gon­za­les Prada dijo que en el Perú abunda la peque­ñez en todo: en cora­zo­nes, en vicios y en crí­me­nes. ¿Usted qué opina?

Bueno, fíjese, la figura de don Manuel Gon­za­les Prada es para mí muy res­pe­tada. Lo he leído de prin­ci­pio a fin, lo he fichado, lo he estu­diado. El, entre otras cosas, se ha carac­te­ri­zado por las fra­ses lapi­da­rias, por su aver­sión al hom­bre. Gon­za­les Prada, como Wilde, se refiere a la mez­quin­dad, a los espí­ri­tus peque­ños. Si usted estu­dia bien a Gon­zá­les Prada notará que tiene un rechazo al ser humano, es tre­men­da­mente misan­tró­pico. Hay una serie de ejem­plos que le puedo dar.

¿Usted es misantrópico?

Sí. Enton­ces a Prada, el ser humano le mere­cía un des­pre­cio impor­tante. Para él, el ser humano es la mínima parte de nada y cosas así. Luego, él ha cele­brado los mag­ni­ci­dios. Ha tenido aver­sio­nes y odios muy fuer­tes, muy vivos.

¿A qué o a quié­nes atri­buye la into­le­ran­cia vivida en las socie­da­des occidentales?

No, ése es un pro­blema de la espe­cie, la cual evo­lu­cionó para desen­vol­verse en gru­pos de entre 70 y 100 per­so­nas. Des­pués, si usted supera esa can­ti­dad es muy difí­cil la con­vi­ven­cia, es inevi­ta­ble la into­le­ran­cia. Pero ese es un pro­blema estruc­tu­ral, es uno de los gran­des defec­tos de la espe­cie humana, la cual tiene rela­ti­va­mente una vida corta. No tiene apti­tud para la con­vi­ven­cia, salvo algu­nos seres especiales.

¿Qué per­si­gue con aque­lla tesis del amor-pasión?

No, lo que yo he dicho es que el fenó­meno del enamo­ra­miento, del pren­da­miento, de la arre­chura, es de trá­mite breve y es nor­mal que así sea, tam­poco es nin­gún pro­blema. Por­que el estí­mulo eró­tico se des­gasta muy rápi­da­mente, de modo que sería una rareza que dure eter­na­mente. Lo grave sería que no ocurra.

¿Cuál es la rela­ción entre el ona­nismo y la masturbación?

Bueno, en pri­mer lugar yo no con­fundo ona­nismo (cuenta la Biblia que Onán no que­ría inse­mi­nar a la esposa de su her­mano muerto, por lo que eya­cu­laba fuera de ella, sobre el piso) con mas­tur­ba­ción. Yo he escrito un libro que se titula “¿Y qué fue real­mente lo que hizo Onán?”, donde demues­tro que lo hecho por Onán real­mente no fue prac­ti­car la masturbación.

¿Por qué con­si­dera nor­mal la masturbación?

La pre­gunta no es esa, la pre­gunta es al revés, por­que yo, como Mc Luhan, veo la cosas en play­back. Enton­ces, la pre­gunta es ¿por qué en algun momento his­tó­rico de prin­ci­pios del siglo XVIII se con­vir­tió en espan­tajo, en el ori­gen de todos los males habi­dos y por haber? No, ¿por qué ahora se con­si­dera salu­da­ble y buena? Está per­fec­ta­mente estu­diado que, a prin­ci­pios del siglo XVIII, en Ingla­te­rra, comenzó a decirse que la mas­tur­ba­ción dañaba.¿Por qué sola­mente ahí y no en Japón, donde sólo es un pasa­tiempo, es como el fumar?

¿Usted qué papel le otorga a los inte­lec­tua­les en una sociedad?

Bueno, depende del grado de com­pro­miso del inte­lec­tual ¿no? El único com­pro­miso que yo tengo es con la cul­tura, pero no con el orden esta­ble­cido o como dice Bal­do­mero Cáce­res, “el des­or­den esta­ble­cido”. Enton­ces, en ese sen­tido, yo tengo a mi cargo un pro­grama que dirigo hace dos años, posi­ble gra­cias al adve­ni­miento del cable. Y des­tilo todo lo con­cer­niente a la pro­ble­má­tica cul­tu­ral, esparzo –diga­mos– saber, en la medida de mis posi­bi­li­da­des. Ese es mi come­tido y ojalá haya otro que lo haga mejor que yo. Pero el pro­pó­sito de un inte­lec­tual debe ser como lo que decía Kafka de los libros: “El pro­pó­sito de un libro debe ser como un hachazo”.

Por lo tanto, el de un inte­lec­tual debe ser un pro­pó­sito sub­ver­sivo. Un pro­grama cul­tu­ral rec­ta­mente enten­dido es más sub­ver­sivo que “Sen­dero Lumi­noso”, la inte­li­gen­cia es más peli­grosa que ese movi­miento. Por eso la tele­vi­sión comer­cial no le da cabida a la inte­li­gen­cia, por­que es peligrosa.

¿Podría darme un per­fil psi­co­ló­gico del Presidente?

Ah no, no, no. Por­que no lo reco­nozco como inter­lo­cu­tor. Ya lo he dicho ante­rior­mente, y un día me pre­guntó eso mismo Mónica Delta. Me pre­guntó: “¿Qué le pre­gun­ta­ría usted, al señor Fuji­mori’”. “No sé”, le dije. Para pre­gun­tar algo ten­dría que reco­no­cerlo como inter­lo­cu­tor y yo no lo reconozco.

El escri­tor Gar­cía Már­quez ha pedido que nos dejen vivir nues­tra Edad Media. ¿Cuál es su opinión?

Bueno, ya en el caso de Gabo, él esta­blece una pauta que puede ser rec­tora. Yo creo que si noso­tros esta­mos en un plan de des­cu­bri­miento… y no sé si ten­dre­mos o podre­mos hacer nues­tra Edad Media. Lo que yo podría decirle es que veo un peli­gro real con res­pecto a la sani­dad de esta espe­cie. Mi preo­cu­pa­ción es que cual­quier pro­yecto depen­derá de la sani­dad bio­ló­gica, la cual está muy cuestionada.

¿Por qué se está hablando tanto del Genoma Humano?

Se está hablando de la posi­bi­li­dad de redu­cir el número de enfer­me­da­des gené­ti­cas, que son tres mil, y de las cua­les está las­trada nues­tra espe­cie. Vea­mos si podre­mos corre­gir no las tres mil pero, por lo menos, unas tres­cien­tas. Pero una espe­cie con tal número de enfer­me­da­des tiene un pro­nós­tico muy malo, un pro­nós­tico muy serio, por­que es posi­ble­mente una espe­cie que se va a extin­guir y en buena hora, además.

Señor Dene­gri, ¿qué repre­senta para la huma­ni­dad la enfer­me­dad del Sida?

En pri­mer lugar, es una enfer­me­dad del código gené­tico, tre­men­da­mente selec­tiva ¿no? Esta­dís­ti­ca­mente, tiene más impor­tan­cia la Tri­co­mo­nia­sis que el Sida. Lo que pasa es que la tri­co­mo­nia­sis no mata, el sida sí. Es la ven­ganza de los virus. Lo que dice Nel­son Man­ri­que en su “Socie­dad Vir­tual”: por toda la devas­ta­ción, todo el desas­tre eco­ló­gico que ha hecho el hom­bre, ahora han venido los virus que, en ven­ganza, nos han puesto de rodi­llas ante todas las cepas vira­les: al hom­bre, que se cree el rey de la crea­ción. Es algo lamentable.

El hom­bre siem­pre ima­ginó sire­nas, cen­tau­ros, mons­truos. Con la gené­tica, ¿el imago puede vol­verse real?

Bueno, el mons­truo es una cons­tante en la his­to­ria del hom­bre. La cons­tante tera­to­ló­gica es indu­bi­ta­ble. Yo tengo un tra­bajo lla­mado “Intro­duc­ción a la Tera­to­lo­gía” y ahí demues­tro que los mons­truos son una cons­tante en el ima­gi­na­rio humano ¿no? De modo que hacer mons­truos… ¿con qué?, ¿con la moderna tec­no­lo­gía?, no sé. Ya noso­tros somos lo sufi­cien­te­mente mostruosos.

¿Debe­mos sen­tir­nos bene­fi­cia­dos ante todo el avance tecnológico?

No. Todo lo que ha suce­dido con la compu­tadora, con Inter­net, tiene una fac­tu­ra­ción muy alta, es lógico. ¿Usted qué cosa cree, que debe­mos ale­grar­nos por la vía tec­no­ló­gica? No. Esas son coju­de­ces. Va en des­me­dro del avance huma­nís­tico, axio­ló­gico y espi­ri­tual. No se logra una cosa jun­ta­mente con la otra, es evi­dente que la otra retro­cede. En el mismo Esta­dos Uni­dos se ha com­pro­bado el daño que sufre la vista si uno com­pra un moni­tor de 60 dóla­res, cuando el equipo com­pleto vale mil dólares.

Con­si­de­rando el cre­ci­miento tec­no­ló­gico, ¿es Esta­dos Uni­dos lo mejor del mundo?

Esta­dos Uni­dos tiene una situa­ción de lo más gra­ciosa ¿no?, moral­mente es el país más des­au­to­ri­zado del mundo. De modo que no tiene nin­guna auto­ri­dad para hablar de la ley, de la ética, de nada. Ahora, en Tai­wán, en Corea, en China tam­bién hacen tecnología.

Señor Dene­gri, ¿Cuán­tas horas al día le dedica a la lectura?

Cua­tro.

¿La con­si­dera el reme­dio infa­li­ble para sal­var a la sociedad?

No. Qué ocu­rren­cia. La lec­tura no es nin­gún reme­dio para sal­varla. Es sim­ple­mente la dedi­ca­ción que tene­mos los aman­tes de la cul­tura por todo lo que sig­ni­fica enri­que­ci­miento del espí­ritu, amplia­ción de con­cien­cia, ensan­cha­miento de sabe­res ¿no? Eso no va a sig­ni­fi­car nada, a la inmensa mayo­ría de la huma­ni­dad le importa un carajo la cul­tura, ¿no?

Como dijo el poeta Jorge Gui­llén: “yo me dirijo a una inmensa mino­ría”. Estoy cons­ciente de eso.

¿Por qué repu­dia tanto a la televisión?

En la TV del libre mer­cado el capi­tal no tiene nin­guna regu­la­ción que no sea el éxito. En una charla con el crí­tico de tele­vi­sión , Fer­nando Vivas, él me decía: “espero que los due­ños de los cana­les se auto­re­gu­len”. Y yo le dije que nunca se van a auto­re­gu­lar mien­tras ten­gan éxito comer­cial. Ellos se ampa­ran en que uno puede hacer todo aque­llo que la ley no prohíbe. No hay nin­guna ley en con­tra de espar­cir basura.

¿Hay algún país que tenga esa ley?

En el Japón o en Ale­ma­nia, por ejem­plo, se han inten­tos de con­ges­tión o regu­la­ción con gran­des difi­cul­ta­des, por­que inme­dia­ta­mente se alega y se dice que van a cer­ce­narse las liber­ta­des y que va a piso­tearse el dere­cho de cada uno: un pro­blema de la “democracia”.

¿Por qué tene­mos pro­duc­to­res con poca creatividad?

No. Por favor, si en la tele­vi­sión comer­cial se pone cual­quier bar­ba­ri­dad, se hace por­que lo dice el dueño.

Cam­biando el tema,¿cómo sería la mujer per­fecta de Marco Aure­lio Dene­gri?

La pri­mera con­di­ción es que esté sana, siem­pre lo he dicho, tanto psi­co­ló­gica cuanto físi­ca­mente ¿no? Razo­na­ble­mente, no diga­mos de una sani­dad perfecta.

¿Por qué?

Por­que usted no puede hacer nada si tiene una mujer enferma y la mayor parte de las per­so­nas están enfer­mas. Es una gran difi­cul­tad. Ima­gine encon­trar una per­sona sana, no hable­mos de encon­trar una mujer que sea bonita, inte­li­gente, culta… no. Sim­ple­mente, que esté bien del coco.

Es fun­da­men­tal para mí: si la per­sona no está sana, no me interesa.

Y hablando de música ¿el rock le parece cultura?

Sí, claro. El año pasado le alcancé a Gerardo Manuel una decla­ra­ción del filó­sofo argen­tino Mario Bunge, donde dijo que, a estas altu­ras, decir que el rock no es cul­tura es des­co­no­cer más de 30 años de difu­sión y de cul­tura de rock.

Y es impor­tante ¿por qué?, por­que a Mario Bunge no le gusta el rock.

¿Qué opi­nión tiene de la música clásica?

–Vea, ahora en la emi­sora Sol y Armo­nia que trans­mite música culta, clá­sica, selecta –la única emi­sora cul­tu­ral del país– hay una situa­ción muy grave. Están haciendo una colecta para ver si pue­den sal­varla. Pero esos pro­ble­mas no enfrenta el rock, en tanto cul­tura masiva.

¿Como define a la música rock?

El rock tiene una serie de ingre­dien­tes impor­tan­tí­si­mos. Por el lado pura­mente del sonido tiene un deci­be­laje de 90 deci­be­les: ensor­de­ce­dor. Pero uno de 100, 110, 120 son las cata­rá­tas del Niá­gara. Y cuá­les son las con­se­cuen­cias de eso: que aturde. Enton­ces, el hecho de que tenga una pre­sión sonora tan alta, no es sim­ple­mente como piensa la gente igno­rante, para meter bulla. El hecho que use luces a cada rato no es para que sim­ple­mente haya una piro­tec­nia, no. Por­que las luces cons­tan­tes y el ruido ensor­de­ce­dor crean un vuelo, una borra­chera psi­co­dé­lica. Es decir, tiene el mismo efecto de la droga. Enton­ces, por esa razón el músico de rock es sor­dito, es gene­ral­mente dro­ga­dicto, con­sume alcohol, per­ma­nece volando con 100, 120 deci­be­les de pre­sión sonora ¿no es cierto?, con luces que lo bom­bar­dean por todos lados, por la gente que grita con una alga­ra­bía gene­ral y todo: está volando.

¿Cómo afec­tan esos espec­tácu­los a la sociedad?

Es parte del vuelo gene­ral. Enton­ces, esta socie­dad, a tra­vés del rock, está olvi­dán­dose de sí misma, quiere zafarse de este mundo maldito.

¿Como la televisión?

Sí, pero con la dife­ren­cia que la tele­vi­sión comer­cial se pre­tende hacer “en serio” y el rock no, no oculta nada. Si usted, en un con­cierto de rock, baja el volu­men, la gente lla­na­mente pifia por­que deja de atur­dirse. El ruido ensor­de­ce­dor aturde igual que un par de tra­gos o un marihuanazo.

Hablando de las borra­che­ras, ¿qué opina de aque­lla frase: “el alcohol es la con­ti­nui­dad de la mamadera”?

Ja, ja. Bueno, yo no puedo darle una opi­nión por­que no tengo cul­tura alcohó­lica. De modo que yo no podría repe­tir lo de Mar­tín Adán: “Yo soy como el caba­llo de paso, que resiste el ham­bre pero no la sed”. Él céle­bre poeta era un jarro impresionante.

¿De qué puede enor­gu­lle­cerse el peruano?

(Silen­cio). Miguel Grau.

¿Qué piensa de los “cho­los”, de la tec­no­cum­bia, de sus colo­res violentos?

Es una con­se­cuen­cia de la limi­ta­ción, de las migra­cio­nes de los últi­mos veinte años. No me gusta, por supuesto, pero es así. Ahora, desde que comen­za­ron los “reyes” de la papa y del camote. ¿Qué se va hacer, no? Yo estoy abso­lu­ta­mente ajeno y lejano de esas per­so­nas, pero es un hecho social

En el Perú, ¿es mejor ser popu­lar o ser elitista?

No, yo soy elitista.

¿Es mejor?

No, yo no digo que sea mejor o peor. Lo que digo es que la cul­tura no puede ser popu­lar, Dios me libre de que sea popu­lar. La cul­tura supone mucho esfuerzo, es un empeño, es un conato.

Como decía Mao Tse Tung: “no todos tie­nen el dere­cho de opi­nar”, en eso sí no soy democrático.

Si des­cree de la demo­cra­cia, ¿Qué sis­tema de gobierno propone?

No, ya para esta espe­cie nin­gún sis­tema, es ingo­ber­na­ble. Es, como decía (el fas­cista) Mus­so­llini: que tal o cual sis­tema no es el pro­blema. Es inú­til o ¿usted cree que es el sis­tema el que falla? El gran escri­tor y poeta colom­biano, Alvaro Mutis, decía que la demo­cra­cia es un sueño imbécil.

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