Katia Monteagudo: Un mundo de hambre

katia 3 Katia Monteagudo: Un mundo de hambre

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La con­ser­va­dora meta de redu­cir el ham­bre en el mundo, plas­mada en el pri­mer Obje­tivo de Desa­rro­llo del Mile­nio, se tornó ya inal­can­za­ble en un pla­neta con más de 1 mil millo­nes de per­so­nas ham­brien­tas. Lejos de dis­mi­nuir, el número de des­nu­tri­dos aumenta ver­ti­gi­no­sa­mente

La Habana, Cuba. La can­ti­dad de per­so­nas ham­brien­tas en el mundo sigue en ascenso, ase­gura la Orga­ni­za­ción de las Nacio­nes Uni­das (ONU) para la Agri­cul­tura y la Ali­men­ta­ción (FAO) en su más reciente informe sobre el estado de la inse­gu­ri­dad ali­men­ta­ria del planeta.

La sexta parte de la pobla­ción mun­dial padece gran­des fal­tas de ali­men­tos, con lo que prác­ti­ca­mente se sen­ten­cia a muerte el cum­pli­miento del pri­mer Obje­tivo de Desa­rro­llo del Mile­nio de la ONU para 2015.

Con 1 mil 20 millo­nes de seres huma­nos sin comes­ti­bles –170 millo­nes de éstos son niños meno­res de cinco años–, ya resulta inal­can­za­ble la meta pro­puesta por la ONU: redu­cir a menos de 420 millo­nes las per­so­nas ham­brien­tas en el mundo.

Esas can­ti­da­des de mal nutri­dos resul­tan las mayo­res cifras de los últi­mos 40 años, y un empeo­ra­miento de los índi­ces glo­ba­les de pobreza en ape­nas un quinquenio.

Tal ten­den­cia coloca a la huma­ni­dad ante uno de sus mayo­res desa­fíos, por­que estos des­ajus­tes empeo­ran en los paí­ses y regio­nes más vul­ne­ra­bles de la tie­rra, y donde se con­cen­tra la mayor parte de la pobla­ción mundial.

De los que hoy sufren ham­bre en el mundo, 642 millo­nes viven en Asia y el Pací­fico; 265 millo­nes, en África sub­saha­riana; 53 millo­nes, en Amé­rica Latina y el Caribe; 42 millo­nes, en el Medio Oriente y el norte de África, y 15 millo­nes en los paí­ses industrializados.

Los datos del informe, pro­du­cido por la FAO y el Pro­grama Mun­dial de Ali­men­ta­ción (PMA) de la ONU, mues­tran ade­más que, entre 2004 y 2007, hubo un cre­ci­miento muy significativo.

Sólo en ese lapso, 75 millo­nes de per­so­nas pasa­ron a for­mar parte de las filas de hambrientos.

Este hecho resulta des­es­pe­ran­za­dor, espe­ci­fica el aná­li­sis, por­que en la década de 1980 y prin­ci­pios de 1990, el mundo tenía algu­nos pro­gre­sos en la reduc­ción de este fla­gelo crónico.

Tres cuar­tas par­tes del monto total de ham­brien­tos son cam­pe­si­nos pobres, espe­ci­fica Gemmo Lode­sani, res­pon­sa­ble del PMA en Bruselas.

Dato desola­dor, insiste Lode­sani, por­que quie­nes no tie­nen un nivel nutri­cio­nal sufi­ciente para tener una vida nor­mal y pro­duc­tiva son tam­bién quie­nes deben hacer pro­du­cir la tierra.

Para Lode­sani, el aumento de la pobla­ción mun­dial será otra de las pro­ble­má­ti­cas por enfren­tar, ya que en 2050 los habi­tan­tes del globo terrá­queo suma­rán más de 9 mil millones.

Para cubrir sus deman­das de ali­men­tos, cal­cula la FAO, será impres­cin­di­ble ele­var en un 70 por ciento la pro­duc­ción mun­dial de comes­ti­bles, en com­pa­ra­ción con los nive­les actuales.

Pero en la era del cam­bio cli­má­tico y el declive ter­mi­nal de la pro­duc­ción de hidro­car­bu­ros, este por­cen­taje es casi una quimera.

El cre­ci­miento de la demanda ten­drá que satis­fa­cerse, refie­ren los ana­lis­tas, en con­di­cio­nes de cre­ciente esca­sez de agua, sali­ni­dad ele­vada de los sue­los y con­di­cio­nes meteo­ro­ló­gi­cas y cli­má­ti­cas más varia­bles y adversas.

En este sen­tido, es cada vez mayor el número de exper­tos y for­mu­la­do­res de polí­ti­cas que coin­ci­den en la impor­tan­cia de ele­var las inver­sio­nes en el sec­tor agrí­cola, las cien­cias agra­rias y las nue­vas tecnologías.

Aun­que Oli­vier de Schut­ter, rela­tor espe­cial de la ONU para el Dere­cho a la Ali­men­ta­ción, cree que el mundo aún no está pre­pa­rado para redu­cir los núme­ros de seres des­nu­tri­dos. Ade­más de pro­du­cir más, afirma, serán nece­sa­rias dis­tin­tas estra­te­gias para una mayor coope­ra­ción inter­na­cio­nal y nue­vos meca­nis­mos de pro­duc­ción y distribución.

Durante las últi­mas déca­das, las inver­sio­nes glo­ba­les para la agri­cul­tura han venido dis­mi­nu­yendo, lo que ha con­du­cido a un lento cre­ci­miento de la pro­duc­ti­vi­dad de este sector.

La FAO pre­cisa que los paí­ses en vías de desa­rro­llo deben inver­tir 44 mil millo­nes de dóla­res anua­les para ali­men­tar a su pobla­ción, pero esos apor­tes no pasan de los 8 mil millo­nes de dólares.

A esta pro­ble­má­tica se suman las pre­vi­sio­nes de varias agru­pa­cio­nes inter­na­cio­na­les sobre el futuro de la pro­duc­ción de ali­men­tos en el pla­neta, bajo los des­ajus­tes climáticos.

Cien­tí­fi­cos del Pro­grama de Segu­ri­dad Ali­men­ta­ria y Ambiente de la Uni­ver­si­dad Stan­ford de Cali­for­nia, en Esta­dos Uni­dos, advier­ten que el cam­bio cli­má­tico podría ele­var mucho más los pre­cios de los ali­men­tos y pro­vo­car mayo­res cifras de hambrientos.

Para hacer frente a estos desa­fíos, será impres­cin­di­ble desa­rro­llar un sis­tema agrí­cola y de ali­men­ta­ción mun­dial más pro­duc­tivo y sos­te­ni­ble, advier­ten todos, pero el tre­cho por reco­rrer resulta largo y difí­cil en un mundo donde ya el ham­bre resulta crónica.

La FAO alerta que si las tem­pe­ra­tu­ras del pla­neta siguen en aumento, podrían redu­cirse con­si­de­ra­ble­mente los ingre­dien­tes de la dieta básica de millo­nes de lati­noa­me­ri­ca­nos, cari­be­ños, afri­ca­nos y asiáticos.

La esca­sez resul­tante de las malas cose­chas, indica, podría oca­sio­nar otra gran alza de pre­cios en el mer­cado, supe­rior a la de 2008, la peor de todos los tiempos.

Esta pre­dic­ción la com­par­ten el Inter­na­tio­nal Food Policy Research Ins­ti­tute (IFPRI), el Asian Deve­lop­ment Bank y el Banco Mundial.

Como con­se­cuen­cia del calen­ta­miento glo­bal, ase­gu­ran las enti­da­des cita­das, las cose­chas de arroz y trigo de los paí­ses en vías de desa­rro­llo podrían dis­mi­nuir hasta un 19 y 34 por ciento, res­pec­ti­va­mente, para 2050.

Den­tro de cua­tro déca­das, los agri­cul­to­res del sur de Asia podrían reco­lec­tar la mitad de sus siem­bras de trigo, debido a la caída de los ren­di­mien­tos. Igual puede que cueste 334 dóla­res la tone­lada de ese cereal, más del doble de su pre­cio en 2000.

Tam­bién la tone­lada de arroz podría dis­pa­rarse hasta 421 dóla­res y a 240 esa misma can­ti­dad de maíz.

La FAO está con­ven­cida de que en el incre­mento de la ham­bruna actual, ade­más de las malas cose­chas, otros fac­to­res eco­nó­mi­cos están siendo deci­si­vos. El alza de los pre­cios nacio­na­les, la reduc­ción de los ingre­sos fami­lia­res y el aumento del des­em­pleo son algu­nos de éstos. Los altos cos­tos son motivo de preo­cu­pa­ción de la FAO, por­que ésta bien sabe de sus impac­tos nega­ti­vos en la segu­ri­dad ali­men­ta­ria de las pobla­cio­nes más vulnerables.

Las esta­dís­ti­cas de esta enti­dad mues­tran que los pre­cios inter­nos en los paí­ses en desa­rro­llo siguen siendo ele­va­dos y, en algu­nos casos, supe­rio­res a los del fatí­dico 2008.

En el África Orien­tal, los cerea­les fluc­túan den­tro de un mar­gen estre­cho desde julio de 2009. El maíz, en los mer­ca­dos de Uganda, Kenya y la Repú­blica Unida de Tan­za­nia, está un 80 por ciento más alto que dos años atrás. En Afga­nis­tán, la harina de trigo cuesta casi el doble, y en Pakis­tán, un 70 por ciento más.

En Amé­rica Latina, los pre­cios tota­les subie­ron un 41 por ciento, de 2006 a enero del pre­sente año, afirma José Gra­ciano Da Silva, repre­sen­tante de la FAO para la región.

Si bien los pre­cios glo­ba­les comen­za­ron a bajar desde media­dos de 2008, una gran parte de esta dis­mi­nu­ción no se tras­ladó a los con­su­mi­do­res, por­que a los inter­me­dia­rios y comer­cian­tes no les resulta ren­ta­ble ven­der barato los inven­ta­rios que com­pra­ron anti­ci­pa­da­mente a caros pre­cios, deta­lla Da Silva.

Mien­tras hoy millo­nes care­cen de pan dia­rio y se les pro­nos­tica peo­res días, los lon­di­nen­ses pue­den comer 8 mil millo­nes de veces al año, según la alcal­día de la capi­tal del Reino Unido.

Por esta sola acción, Lon­dres genera 19 millo­nes de tone­la­das de gases con­ta­mi­nan­tes, ade­más de otros 6.3 millo­nes por desechar, un ter­cio de los ali­men­tos que ahí compran.

Este ejem­plo ilus­tra el com­plejo drama de la lucha con­tra el ham­bre pla­ne­ta­ria, por­que, a costa del bie­nes­tar de unos pocos, muchos están con­de­na­dos a perecer.

En la mitad de la actual cen­tu­ria, alerta la FAO, podría haber un 20 por ciento más de per­so­nas des­nu­tri­das, tan sólo por los des­arre­glos del clima.

Tam­bién el IFPRI advierte que la cri­sis ali­men­ta­ria, junto con la ener­gé­tica y los pro­ble­mas del cam­bio cli­má­tico, oca­sio­nará mayo­res cifras de pobres y hambrientos.

No obs­tante, la FAO desa­rro­lla múl­ti­ples pro­yec­tos mun­dia­les para que sigan pro­gre­sando las cien­cias agrí­co­las, con el fin de pro­du­cir mayo­res volú­me­nes de comes­ti­bles pro­ve­nien­tes de la tierra.

En la actua­li­dad se avanza en esta espe­cia­li­dad, reco­noce la enti­dad, con lo cual se debe enfren­tar el abrupto cre­ci­miento de la pobla­ción mun­dial, cal­cu­lada hoy en más de 6 mil 700 millo­nes de personas.

Pero para 2025, casi 2 mil millo­nes de habi­tan­tes más pobla­rán el pla­neta, por lo que urge ace­le­rar las estra­te­gias para el fomento de recur­sos ali­men­ta­rios, ya que el futuro avi­zora que la mayo­ría de los seres huma­nos seguirá viviendo en un mundo de hambre.

TOMADO DE: DESTINO CUBA

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