
Las batallas se pierden en el tiempo y mas allá de que aún no termina esta guerra…No quiero otra batalla más.
Nunca juzgamos la trama de la historia cotidiana,
extraños solitarios en su nimiedad, sin mando ni aspecto,
susurrándole al viento: La función tiene que empezar.
Pieza suprema, opera prima, madera de actriz en decadencia,
Las luces se apagan, corre la cinta frente a los ojos.
Perversos sin filo, reclamos ansiosos:
La función ya debe empezar.
–La pálida noche que me viste sentado en la tercera del salón
sin temor a masturbarme…lloré un poco más.
Sucede que el alma se expone al gemido delicioso de su artista artificial.
Mientras, en esta fila una corbata se afloja al sudor de la noche,
en la otra, más allá, el gemido de dos voces perfuman con placer su agonía:
–El, se arrodilla –como puede– frente al silencio de una sombra
y absorbe sin miedo su destino aniquilado.
–El otro se imagina –como quiere– la figura obtusa de una dama
pasajera de un burdel del Callao.
Reventadas luces de neón que lloran su abandono sobre
la bolsa de caramelos de un vagabundo de la tercera edad.
Antesala de la muerte, atmósfera ficcional:
La función ya debe empezar.
–La noche sin nombre que me oliste perdido en la
tercera fila del abismo…lloré un poco más.
sucede que el alma compromete su destino a los aullidos de su ninfa vulgar.
Te miro a ti: perfil de empleado despedido, viejo amante de burdeles, vendedor de caramelos, lisiado extranjero, prostituto del parque, violador de abuelitas; perfil de escritor sin futuro, dioses disfrazados, rostros de luz intermitente, de luz de neón, de luz a gas natural, de aullidos espectrales esperando con desprecio el llamado de la muerte.
Cuando la fiesta acaba, la platea se ilumina, nadie se conoce y nadie necesita hablar. Zombis en la niebla de alquitrán.
Chinasklauzz








