¿Qué es la contrainformación?

¿Has sen­tido alguna vez el deseo de aban­do­nar la lec­tura de perió­di­cos y rom­per tu televisor?

a) Has enten­dido que los dia­rios, la radio, la tele­vi­sión son los vehícu­los más gro­se­ros de la men­tira. No sola­mente nos ale­jan de los autén­ti­cos pro­ble­mas — del “¿cómo vivir mejor?” que se plan­tea con­cre­ta­mente cada día -, sino que ade­más nos empu­jan a iden­ti­fi­car­nos con unas imá­ge­nes pre­fa­bri­ca­das, a situar­nos de manera abs­tracta en el lugar de un jefe de Estado, de una vedette, de un ase­sino, de una víc­tima, en suma, a reac­cio­nar como si fué­ra­mos otra per­sona. Las imá­ge­nes que nos domi­nan es el triunfo de lo que no somos y de lo que nos expulsa de noso­tros y noso­tras mis­mas; de lo que nos con­vierte en obje­tos a cla­si­fi­car, eti­que­tar, jerar­qui­zar, según el sis­tema de la mer­can­cía generalizada.

b) Has enten­dido que existe un len­guaje al ser­vi­cio del poder jerar­qui­zado. No está sola­mente en la infor­ma­ción, la publi­ci­dad, las ideas pre­con­ce­bi­das, las cos­tum­bres, los ges­tos con­di­cio­na­dos sino tam­bién en todo len­guaje que no pre­pare la revo­lu­ción de la vida coti­diana, en todo len­guaje que no esté al ser­vi­cio de nues­tros placeres.

c) Has enten­dido que el sis­tema mer­can­til impone sus repre­sen­ta­cio­nes, sus imá­ge­nes, su sen­tido, su len­guaje cada vez que se tra­baja para él, es decir, la mayor parte del tiempo. Este con­junto de ideas, de imá­ge­nes, de iden­ti­fi­ca­cio­nes, de con­duc­tas deter­mi­na­das por la nece­si­dad de acu­mu­la­ción y de reno­va­ción de la mer­can­cía cons­ti­tuye el ESPECTÁCULO en el que cada uno de noso­tros y noso­tras desem­peña el papel de lo que no vive real­mente y vive fal­sa­mente lo que no es. Ello se debe a que el rol es una mer­can­cía viviente y la super­vi­ven­cia un males­tar interminable.

d) Has enten­dido que el espec­táculo (ideo­lo­gías, cul­tura, arte, roles, imá­ge­nes, repre­sen­ta­cio­nes, palabras-mercancías) es el con­junto de las con­duc­tas socia­les por las que el ser humano entra en el sis­tema mer­can­til, par­ti­cipa en él en con­tra de sí mismo, con­vir­tién­dose en objeto de super­vi­ven­cia — mer­can­cía -, renun­ciando al pla­cer de vivir real­mente para sí mismo y de cons­truir libre­mente su vida cotidiana.

e) Has enten­dido que sobre­vi­vi­mos en un con­junto de imá­ge­nes a las que nos sen­ti­mos obli­ga­dos a iden­ti­fi­car­nos. Cada vez actua­mos menos por noso­tros y noso­tras mis­mas y cada vez más en fun­ción de abs­trac­cio­nes que nos diri­gen según las leyes del sis­tema mer­can­til (bene­fi­cio y poder).

f) Has enten­dido que carece de impor­tan­cia que los roles o las ideo­lo­gías pue­dan ser favo­ra­bles u hos­ti­les al sis­tema domi­nante puesto que per­ma­ne­cen den­tro del espec­táculo, del sis­tema domi­nante. Sólo lo que des­truye la mer­can­cía y su espec­táculo es revolucionario.

En reali­dad, ya estás harto/harta de la men­tira orga­ni­zada, de la reali­dad al revés, de las mue­cas que imi­tan la vida autén­tica y que aca­ban por empo­bre­cerla. En reali­dad ya estás luchando, cons­cien­te­mente o no, por una socie­dad en la que el dere­cho de comu­ni­ca­ción real per­te­nezca a todos y todas, en la que cada uno de noso­tros y noso­tras pueda dar a cono­cer lo que le interesa gra­cias a la libre dis­po­si­ción de las téc­ni­cas (impren­tas, tele­co­mu­ni­ca­cio­nes), en la que la cons­truc­ción de una vida apa­sio­nante liquide la nece­si­dad de desem­pe­ñar un rol y de con­ce­der más impor­tan­cia a la apa­rien­cia que a la autén­tica vida.

FUENTE: PENSAMIENTO KINOKI

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