Nada nuevo podemos descubrir bajo este cielo de alquitrán: las mujeres distraídas en los almacenes de ropa, los hospitales llenos de enfermos que podrían morir pronto, las vitrinas a través del cual los hombres aprecian hechizados un partido de futbol, las palomas que descienden en busca de su alimento y el desorden general del tránsito, me lleva a comprender porque la calle no está hecha para mí.
Sucede que los días se hacen eternos cuando no estás en casa. Hemos descubierto fórmulas para sobrevivir, para dejarnos arrastrar por los mecanismos básicos de una sociedad imperfecta, pero esas tragedias no funcionan de ese modo conmigo. No estoy acostumbrado a convivir en comunidad, algo en mi interior expresa un rechazo mundano por lo coloquial. Con todo esto resulta absurdo mantener el equilibrio.
Necesito una excusa que me saque de este dilema: Sabes, No me dio buena espina el aspecto de las tortas, no valía la pena el precio pactado; la pastelería cerró por falta de pago al personal; sabes Mía, incendiaron la pastelería por razones que aun nadie entiende; ¡Mía por Dios tu eres tan irreverente como yo! No necesitas de una bendita torta de matrimonio.
Llegado a este punto me arrepentí de haber salido así de la tienda, especialmente porque Mía no tiene la culpa de mi falta de compromiso hacia las personas, era mi decisión fallarle otra vez, pero las situaciones se hacen a veces inesperadas. Di media vuelta y camine de regreso buscando el cheque en mi bolsillo izquierdo. Cigarros, chicle, cheque de Mía.
Lo que paso después es innegable que no estaba calculado. Fue ella quien vino de tras de mí o fui yo quien regreso en busca de ella. A través del tiempo podemos descubrir que el destino juega con sus propias reglas, que nosotros solo somos marionetas imperfectas en una función fúnebre, dispuestos a entretener a un Dios que tampoco comprendemos.
Ciertamente ella venia distraída, quizás contando algunas monedas o quizás meditando sobre futuros proyectos, alguna que le empuje a ocupar el lugar que anhela. No es eso acaso lo que la mayoría busca. Estamos comprometidos con nuestra prosperidad, es el oxigeno que nos hace sonreír y por el cual nos jugamos el alma sin darnos cuenta.
–Señorita la está llamando el dueño… señorita no se vaya aún, la llaman!!!
Continuará…
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