Polémica entre Carlos A. Montaner y Silvio Rodríguez

montaner silvio1 Polémica entre Carlos A. Montaner y Silvio Rodríguez

El miér­co­les 31 de marzo de 2010, con el título de Pre­gun­tas de un tro­va­dor que sueña, Pro­greso Sema­nal publicó varias inte­rro­gan­tes del tro­va­dor cubano Sil­vio Rodrí­guez. Una de las pre­gun­tas estaba diri­gida al Sr. Car­los Alberto Mon­ta­ner, quien el mismo día 31 res­pon­dió al famoso can­tau­tor. A con­ti­nua­ción repro­du­ci­mos el escrito de Mon­ta­ner y des­pués la con­tra­res­puesta de Sil­vio Rodrí­guez de fecha 2 de abril y publi­cada en el sitio digi­tal de Cubadebate.

Res­puesta de Car­los Alberto Montaner.

Sil­vio, me toca pre­gun­tarte a ti: ¿fir­ma­rías una carta en la que se denun­cia­ran los atro­pe­llos a los pre­sos polí­ti­cos cuba­nos y el acoso a las Damas de Blanco?

El can­tau­tor Sil­vio Rodrí­guez me ha hecho una pre­gunta públi­ca­mente. Se la voy a res­pon­der. Es un mag­ní­fico y admi­rado com­po­si­tor al que debe tomár­sele en cuenta. Dice Sil­vio: “Si los miles de cuba­nos que per­di­mos fami­lia en aten­ta­dos de la CIA hicié­ra­mos una carta denun­cia, ¿la fir­ma­ría Car­los Alberto Mon­ta­ner?”. La pre­gunta forma parte de lo que parece ser un poema o la letra de una can­ción iné­dita. El texto se titula Pre­gun­tas de un tro­va­dor que sueña y está dis­po­ni­ble en un web­site lla­mado kaosenlared.net, ver­te­dero ideo­ló­gico en el que es posi­ble leer elo­gios a los nar­co­te­rro­ris­tas de las FARC o a los ase­si­nos de ETA, pero donde, de vez en cuando, apa­re­cen crí­ti­cas lúci­das a la dic­ta­dura cubana.

Por supuesto, Sil­vio: yo fir­ma­ría esa denun­cia. La CIA, como todos los ser­vi­cios de inte­li­gen­cia, ha hecho cosas deplo­ra­bles que mere­cen ser cen­su­ra­das. Y las ha hecho el ejér­cito nor­te­ame­ri­cano cuando mal­trató cruel­mente a los pri­sio­ne­ros. Y las sigue haciendo el Depar­ta­mento de Jus­ti­cia de Esta­dos Uni­dos, y hasta la Corte Suprema, cuando priva a cier­tos dete­ni­dos del amparo de la ley. Todo eso, incluida la pena de muerte, me parece abo­mi­na­ble y con­tra­rio a un ver­da­dero Estado de Dere­cho en el que se res­pe­ten las liber­ta­des individuales.

Ahora, Sil­vio, me toca pre­gun­tarte a ti: ¿fir­ma­rías una carta en la que se denun­cia­ran los atro­pe­llos a los pre­sos polí­ti­cos cuba­nos y el acoso a las Damas de Blanco? Una carta en la que mos­tra­ría­mos nues­tro res­peto por Orlando Zapata Tamayo, Gui­llermo Fari­ñas y todo aquel dis­puesto a morir defen­diendo su dig­ni­dad de ser humano. Una carta en la que soli­ci­ta­ría­mos la con­dena a los poli­cías res­pon­sa­bles de la muerte de 41 infe­li­ces, la mayor parte niños y muje­res, que huían de Cuba en un barco en la madru­gada del 13 de julio de 1994. Una carta en la que los cuba­nos les pedi­ría­mos per­dón a los soma­líes por la matanza de miles de per­so­nas lle­vada a cabo en 1977 y 1978 por el ejér­cito cubano en la Gue­rra de Oga­dén, cuando Cuba se alió a la dic­ta­dura etíope. Una carta en la que se con­de­nara la cen­sura, el dog­ma­tismo, el par­tido único, la per­se­cu­ción a las per­so­nas por tra­tar de defen­der sus ideas polí­ti­cas, sus creen­cias reli­gio­sas, sus pre­fe­ren­cias sexua­les. Una carta en la que les dijé­ra­mos a los her­ma­nos Cas­tro que 51 años es un periodo dema­siado pro­lon­gado para con­ti­nuar impo­nién­do­les a los cuba­nos un sis­tema fallido y cruel en el que ya casi nadie cree, comen­zando por ti, Sil­vio, y por tu talen­toso hijo “Sil­vito”, músico, como tú, a quien apo­dan “el Libre” para dife­ren­ciar­los, por­que Sil­vito ha deci­dido can­tar y decir lo que piensa.

Voy a con­tes­tar por ti, Sil­vio: yo creo que la fir­ma­rías. Y creo que la fir­ma­ría el 90% de los cuba­nos, har­tos ya de esa vieja dic­ta­dura de difun­tos y flo­res. Y te diría más: es impor­tante que todos los cuba­nos intere­sa­dos en sal­var el futuro (por­que el pasado lo hemos hecho añi­cos irre­me­dia­ble­mente), los de la opo­si­ción demo­crá­tica y los refor­mis­tas del régi­men, como es tu caso, se encuen­tren en un punto medio para bus­car una salida a la trampa que nos van a legar los her­ma­nos Cas­tro cuando deci­dan morirse y nos dejen como heren­cia un mani­co­mio empo­bre­cido y sin ilu­sio­nes patru­llado por una legión de poli­cías corruptos.

Hace pocas fechas dijiste que a la pala­bra “revo­lu­ción” hay que qui­tarle la “r” para comen­zar a evo­lu­cio­nar. De acuerdo. ¿Cómo se hace ese pro­di­gio? Se hace vaciando las cár­ce­les de pre­sos polí­ti­cos, per­mi­tiendo la libre expre­sión de las ideas y la aso­cia­ción espon­tá­nea y sin coac­cio­nes de las per­so­nas. No se trata de deter­mi­nar ahora hacia dónde debe ir el país. Lo que se impone en este momento es abrir los cau­ces de par­ti­ci­pa­ción para que los pro­pios cuba­nos cam­bien todo lo que haya que cam­biar y deci­dan demo­crá­ti­ca­mente el rumbo que debe seguirse. Des­pués, poco a poco, sin vio­len­cia, sin revan­chas, pací­fi­ca­mente, elec­ción tras elec­ción, las pie­zas irán cayendo en su lugar hasta que sal­ga­mos de la etapa actual y la socie­dad, si así lo decide libre­mente, rede­fina el Estado y el per­fil de la convivencia.

¿Hace­mos esa carta jun­tos? Atrévete.

Res­puesta de Sil­vio Rodrí­guez a Car­los Alberto Montaner.

2 de abril, 2010

Mon­ta­ner:

Mi hijo Silvio-Liam es una voz que comienza a exten­der sus ver­da­des. El ama a nues­tro Após­tol, no le resulta incó­modo, no desea borrarlo de la His­to­ria. A él no le crispa que Martí haya dicho: “Viví en el mons­truo y le conozco las entra­ñas”. Él esco­gió ponerse “el libre” por no sen­tirse atado. Asume haber nacido así y su padre aplaude que lo sienta y lo diga en su clave generacional.

Des­co­no­ces la razón de un joven, pero inten­tas apro­piár­telo. No pare­ces com­pren­der mucho lo que ase­gu­ras defen­der. ¿Será cos­tum­bre tuya? Dise­ñas una Cuba dis­tor­sio­nada que pro­pa­gan las mons­truo­sas cade­nas. Cor­tando y pegando repar­tes un odio que ha derri­bado avio­nes lle­nos de inocen­tes. Siem­pre he repro­bado el hun­di­miento del remol­ca­dor “13 de marzo”. Pero quién va a creer que te impor­tan los muer­tos soma­líes, cuando no te intere­san los cuba­nos que die­ron su vida por un fin­gido pró­cer. A mí me con­forta saber que no fue en vano el sacri­fi­cio de los caí­dos en Angola. No sólo por­que los haya visto com­ba­tir y morir pobres y lim­pios, sino por­que fue­ron con­sa­gra­dos en la eter­ni­dad por Nel­son Mandela.

Atré­vete, Car­los Alberto, a afir­mar que Man­dela min­tió cuando dijo que la pre­sen­cia cubana en África sig­ni­ficó el prin­ci­pio del fin del apartheid.

Sé que tus argu­cias serán mul­ti­pli­ca­das mil veces más que cual­quier ver­dad desde Cuba. Desde esta dig­ni­dad cer­cada con­ti­nuaré can­tando lo que pienso: Sigo con muchas más razo­nes para creer en la Revo­lu­ción que en sus detrac­to­res. Si este gobierno es tan malo ¿de dónde salió este pue­blo tan bueno?

Atré­vete un día a res­pe­tar al pró­jimo. Atré­vete a expul­sar la sober­bia. Atré­vete a mere­cer un pue­blo como este.

La Habana, Cuba.

Fuente:

Pro­greso Sema­nal de Cuba

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