La prensa amarilla en América Latina

The Yellow Kid

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Como muchos auto­res han seña­lado, la prensa ama­ri­lla ha evo­lu­cio­nado, de las pri­me­ras pla­nas del Jour­nal de New York de 1895, pasando por el Bild ale­mán, hasta los dia­rios ama­ri­llis­tas perua­nos como el Chino y Ajá o los boli­via­nos como Extra y Gente, el sen­sa­cio­na­lismo ha per­meado tanto a la prensa seria como a la tele­vi­sión y la radio. Es evi­dente su influen­cia en los noti­cie­ros y pro­gra­mas perio­dís­ti­cos, como tam­bién en otros géne­ros audiovisuales.

Fre­cuen­te­mente, resulta difí­cil tra­zar una línea tajante entre el sen­sa­cio­na­lismo y la prensa ama­ri­lla. De hecho el tér­mino prensa ama­ri­lla sur­gió de una disputa entre el World de Albert Pulit­zer y el Jour­nal de Rodolf Hearst, por una tira cómica que se publi­caba en ambos dia­rios lla­mada “yellow kid”, y cuyo color pasó a repre­sen­tar el tipo de perio­dismo en extremo sen­sa­cio­na­lista. Sin embargo, la prensa ama­ri­lla de nues­tra época pre­senta algu­nas par­ti­cu­la­ri­da­des que detallaremos.

Esta prensa cum­ple una doble fun­ción, sirve tanto para ser com­prada y con­su­mida por sus lec­to­res como para ser mirada en sus titu­la­res. La prác­tica de ver los titu­la­res es muy común; más del 50% de los con­su­mi­do­res lime­ños pres­tan aten­ción a los titu­la­res, es más, durante el pro­ceso elec­to­ral peruano del 2000 muchos titu­la­res no tenían inte­rio­res (no para que sir­vie­ran como gan­cho para la com­pra) pues su obje­tivo era lle­gar al tran­seúnte, al que pasa en el ómni­bus, a la que observa desde su pro­pio auto. Cier­ta­mente, estos dia­rios estu­vie­ron arti­cu­la­dos al poder corrupto de Fuji­mori y Mon­te­si­nos y fue­ron parte de los ope­ra­ti­vos psi­co­so­cia­les, pero tam­bién refle­jan la velo­ci­dad de la vida coti­diana, donde lo audio­vi­sual tiene su impe­rio y toda la dia­gra­ma­ción perio­dís­tica está orga­ni­zada para ser más vista que leída.

A dife­ren­cia de la prensa ama­ri­lla de fina­les del siglo XIX, en nues­tro medio esta prensa se ocupa muy poco de la noti­cias inter­na­cio­na­les o de per­so­na­jes de la realeza. Más bien, una lista inter­mi­na­ble de per­so­nas anó­ni­mas, como alba­ñi­les, pro­fe­so­res, ven­de­do­res ambu­lan­tes, cobra­do­res de micro­bu­ses dis­cu­rren entre sus pági­nas, entre las notas exa­ge­ra­das y dis­tor­sio­na­das. Per­so­na­jes que de nin­guna manera son los pro­ta­go­nis­tas de los dia­rios serios y sesu­dos, encuen­tran en esta prensa una repre­sen­ta­ción, dis­tor­sio­nada y banal de su coti­dia­nei­dad y sus espacios.

Con­tra lo que se suele pen­sar los lec­to­res de esta prensa no son siem­pre los menos ins­trui­dos, ni los miem­bros de las cla­ses socia­les más bajas. En el estu­dio que rea­li­za­mos encon­tra­mos que muchos miem­bros de las cla­ses medias tam­bién son lec­to­res asiduos.

Otro dato sor­pren­dente fue que sus lec­to­res sue­len con­su­mir otros dia­rios que usan para seguir la agenda polí­tica. En cam­bio, los dia­rios ama­ri­llis­tas son fuente de entre­te­ni­miento, de satis­fac­ción de sus nece­si­da­des de pro­ta­go­nismo y tam­bién de vou­ye­rismo público. Por lo tanto, no esta­mos frente a un lec­tor de poca ins­truc­ción, ni des­vin­cu­lado de la agenda polí­tica, no esta­mos frente al para­digma de la mar­gi­na­li­dad, según el cual esta prensa se ocupa de los már­ge­nes de la socie­dad. Todo lo con­tra­rio, esta prensa resalta y apela a dimen­sio­nes que los otros dia­rios no se pro­po­nen, la fun­ción lúdica pre­do­mi­nante. Ellos no tiene com­pe­ten­cia en los dia­rios tra­di­cio­na­les que enca­si­llan el entre­te­ni­miento a las sec­cio­nes de humor y mis­ce­lá­neas. Por su parte los lec­to­res de estos dia­rios se arti­cu­lan en torno a algu­nos factores:

- El gusto por el entre­te­ni­miento extremo por encima de la veracidad.

- Por los enfo­ques tras­gre­so­res, es decir, sin repa­rar en aspec­tos éticos, mora­les o de valo­res (de allí el gusto o la tole­ran­cia frente a la cró­nica roja, el uso del cuerpo de la mujer como objeto y la escasa preo­cu­pa­ción por la estricta vera­ci­dad de los hechos )

- Por la bús­queda de “hori­zon­ta­li­dad social”, es decir de espa­cios, ros­tros y len­gua­jes simi­la­res a los suyos.

- Y final­mente la pre­fe­ren­cia por las narra­ti­vas de acción en des­me­dro de una acti­tud más analítica.

La prensa ama­ri­lla se incrusta como una cuña allí donde el perio­dismo serio y racio­na­lista no faci­lita la com­pren­sión de las noti­cias o éstas están diso­cia­das del entre­te­ni­miento y lo lúdico. Por lo mismo, existe un sis­tema de medios en prensa que de alguna manera mar­gina o no tiene ofer­tas para los gran­des sec­to­res de las pobla­cio­nes urbanas.

Por lo mismo, esta­mos hablando de comu­ni­da­des de con­sumo que tras­cien­den las cla­ses socia­les y el grado de ins­truc­ción (ins­tru­men­tos clá­si­cos del aná­li­sis del mar­ke­ting) y se ubi­can en lo que pode­mos lla­mar cul­tura de la tras­gre­sión y la hori­zon­ta­li­dad que amplia­re­mos a continuación.

Prensa ama­ri­lla y bús­queda de hori­zon­ta­li­dad social

La prensa ama­ri­lla tiene sus orí­ge­nes en la prensa sen­sa­cio­na­lista o popu­lar de los años 50. De cierta manera, las dis­tin­tas gene­ra­cio­nes han espec­tado sus titu­la­res y han sido unas lec­to­ras y otras obser­va­do­ras del pro­ceso de radi­ca­li­za­ción que devino en la actual prensa ama­ri­lla. Existe, por lo tanto, una his­to­ria per­so­nal de con­sumo que se ha cons­ti­tuido a lo largo de los años en cada uno de sus lec­to­res. Dado que la con­for­ma­ción del gusto no surge sim­ple­mente de la expo­si­ción a las ofer­tas ama­ri­llis­tas, a este habi­tus por la noti­cia ama­ri­llista con­cu­rren otros medios y otros fenó­me­nos cul­tu­ra­les.
Cuando ana­li­za­mos la cons­ti­tu­ción de los públi­cos debe­mos tener en cuenta el sis­tema de medios, frente al cual se sitúan como públi­cos y ante el cual desa­rro­llan o no diá­lo­gos con sus uni­ver­sos cul­tu­ra­les. Por ello, es cen­tral en nues­tro aná­li­sis que los lec­to­res entre­vis­ta­dos sub­ra­ya­ron que en los dia­rios serios, los pro­ta­go­nis­tas de la infor­ma­ción, sue­len ser otros.

Cier­ta­mente, la clase polí­tica y los sec­to­res eco­nó­mi­cos aco­mo­da­dos sue­len ser los pro­ta­go­nis­tas de las noti­cias, ellos, en cam­bio, figu­ran en las pági­nas inte­rio­res, reclui­dos a las sec­cio­nes poli­cia­les. En el momento en que sur­gie­ron los prin­ci­pa­les dia­rios ama­ri­llis­tas en el Perú, no exis­tía una oferta perio­dís­tica sos­te­nida que reco­giera el “mundo popu­lar”, estos dia­rios ingre­sa­ron por­que los dia­rios serios excluían a amplios sec­to­res, del pro­ta­go­nismo de sus noticias.

La prensa ama­ri­lla se incrusta como una cuña allí donde el perio­dismo serio y racio­na­lista no faci­lita la com­pren­sión de las noti­cias o éstas están diso­cia­das del entre­te­ni­miento y lo lúdico. Por lo mismo, existe un sis­tema de medios en prensa que de alguna manera mar­gina o no tiene ofer­tas para los gran­des sec­to­res de las pobla­cio­nes urba­nas. Si ana­li­za­mos las fotos de los prin­ci­pa­les dia­rios de las capi­ta­les lati­noa­me­ri­ca­nas encon­tra­mos que los ros­tros y per­so­na­jes, allí repre­sen­ta­dos, difie­ren de los per­so­na­jes popu­la­res o de los sec­to­res cono­ci­dos como C, D y E.

Por los per­so­na­jes, luga­res y len­gua­jes que dis­cu­rren en la prensa ama­ri­lla pen­sa­mos que esta­mos frente a una prensa pen­sada para agra­dar y res­pon­der a las deman­das bási­cas de pro­ta­go­nismo y visi­bi­li­dad pública de los sec­to­res más popu­la­res de las socie­da­des. Se trata de perió­di­cos que cons­tru­yen su pro­pia agenda, una agenda que hace de los hechos tri­via­les y anec­dó­ti­cos que la prensa seria suele des­de­ñar en sus titu­la­res de por­tada. De esta manera, las muer­tes acci­den­ta­les cobran pro­ta­go­nismo tra­tán­dose de humil­des alba­ñi­les o ven­de­do­res de fruta, que no sería tal si su espec­ta­cu­la­ri­za­ción no esta­ble­ciera una rela­ción de espejo que logra con amplios sec­to­res exclui­dos de la ima­gen y pre­sen­cia pública. Tal y como lo señala Mar­tini, “no solo la vio­len­cia cri­mi­nal logra una cober­tura sen­sa­cio­na­lista: todo con­flicto puede ser rela­tado desde la retó­rica sen­sa­cio­na­lista”, es decir, que el sen­sa­cio­na­lismo puede per­mear toda la vida coti­diana de los per­so­na­jes repre­sen­ta­dos, por más insig­ni­fi­can­tes que sean, y por lo mismo la rela­ción de espejo que se esta­blece viene a ser a veces más impor­tante que las estra­te­gias dis­cur­si­vas y de dia­gra­ma­ción que estos dia­rios ofrecen

Para sus públi­cos, la prensa ama­ri­lla retrata a pobla­do­res que usual­mente se encuen­tran en las már­ge­nes, en los espa­cios de som­bra de lo que es impor­tante y de lo que es pro­ta­gó­nico en la ciu­dad. Estos dia­rios, de cierta manera, les dan visi­bi­li­dad y repre­sen­ta­ti­vi­dad, dando a su vida coti­diana dimen­sio­nes épicas que de otro modo se per­de­rían en la memo­ria de su entorno inmediato.

No esta­mos cier­ta­mente ante un pro­ceso de demo­cra­ti­za­ción de la ima­gen pública o del pro­ta­go­nismo social, pues este perio­dismo se ejerce a tra­vés de la exa­ge­ra­ción, dis­tor­sión y la men­tira, esta­mos, eso sí, frente a un pro­ceso de hori­zon­ta­li­dad del ros­tro, del terri­to­rio y del dis­curso de los sec­to­res popu­la­res. En los paí­ses andi­nos, donde no exis­tió en el espa­cio público un pro­ceso de reco­no­ci­miento y valo­ra­ción de las imá­ge­nes pro­pias, esto es impor­tante. En otros paí­ses como en México, a tra­vés del cine, en Bra­sil a tra­vés de la zamba, de la salsa en Cen­troa­mé­rica, o del tango en Argen­tina, ya se pasó por este proceso.

En con­clu­sión, la prensa ama­ri­lla es la solu­ción per­versa que da el mer­cado y la polí­tica a la exclu­sión de los sec­to­res popu­la­res, es la forma a tra­vés de la cual adquie­ren pro­ta­go­nismo y son acto­res de la épica social, que pro­vie­nen de los géne­ros de acción, en des­me­dro de los géne­ros melo­dra­má­ti­cos his­tó­ri­ca­mente ancla­dos en nues­tra cultura.

La prensa ama­ri­lla como parte de la cul­tura de la trasgresión

Las expre­sio­nes cul­tu­ra­les coti­dia­nas, sean del signo posi­tivo o nega­tivo, como bien lo señala Stuart Hall res­pon­den a con­tex­tos cul­tu­ra­les espe­cí­fi­cos. Cier­ta­mente nues­tras socie­da­des están atra­ve­sa­das por tres procesos:

–La desis­ti­tu­cio­na­li­za­ción, por el cual las per­so­nas se des­vin­cu­lan de las esfe­ras deci­so­rias (sea por cadu­ci­dad de las ins­ti­tu­cio­nes o por su dis­fun­cio­na­li­dad) como resul­tado de la reduc­ción del Estado.

–La inser­ción con­flic­tiva y exclu­yente de la pobla­ción al ejer­ci­cio ciu­da­dano, que está per­meado de racismo, auto­ri­ta­rismo e inequi­dad de género y generacional.

–Hege­mo­nía audio­vi­sual de pro­gra­mas que tras­gre­den las nor­mas y cos­tum­bres tra­di­cio­na­les, tales como pro­gra­mas cómi­cos, talk shows, revis­tas noti­cio­sas, con­cur­sos y musicales.

Estos tres fac­to­res vie­nen con­for­mando esta cul­tura de la tras­gre­sión. Pero para nues­tro aná­li­sis nos deten­dre­mos en el fac­tor mediático.

De hecho la pro­duc­ción de la región se ha visto inun­dada del vedet­tismo, de situa­cio­nes que deni­gran al ser humano, de revis­tas perio­dís­ti­cas que enfo­can la cró­nica roja y se con­cen­tran en las notas de tras­gre­sión. Cier­ta­mente el fenó­meno de la prensa ama­ri­lla debe leerse como un fenó­meno social que no se agota con un enfo­que sata­ni­za­dor de la res­puesta del mer­cado, tiene que ver con los pro­ce­sos de sig­ni­fi­ca­ción que las gran­des mayo­rías hacen de la vida coti­diana y de su ubi­ca­ción en las ciudades.

Por lo ante­rior, debe­mos tener en cuenta que las ins­ti­tu­cio­nes sig­ni­fi­ca­do­ras de nues­tras socie­da­des están en cri­sis: la igle­sia, la escuela y la fami­lia han per­dido su rol for­ma­tivo de valo­res y cons­truc­to­res de comu­ni­da­des de sig­ni­fi­ca­ción. En cam­bio, los medios de comu­ni­ca­ción cum­plen una serie de fun­cio­nes de soporte social que antes eran de exclu­si­vi­dad de dichas ins­ti­tu­cio­nes, de tal manera que los públi­cos deman­dan a los medios la satis­fac­ción de nece­si­da­des de espi­ri­tua­li­dad (encon­trar el sen­tido y sig­ni­fi­cado a su vida), las nece­si­da­des de comu­ni­dad (sen­tirse parte de un pro­yecto junto a otros), las nece­si­da­des de entre­te­ni­miento y las nece­si­da­des polí­ti­cas (per­te­nen­cia sim­bó­lica a la comu­ni­dad polí­tica a tra­vés del segui­miento de la agenda pública) y hasta las nece­si­da­des sexua­les por citar algunas.

Por su parte, los medios evi­den­te­mente no están pre­pa­ra­dos para asu­mir nin­guna de estas fun­cio­nes, es más, su visión del mar­ke­ting los impulsa a la satis­fac­ción de las nece­si­da­des inme­dia­tas sin com­pren­der la den­si­dad de los pro­ce­sos polí­ti­cos, cul­tu­ra­les y socia­les que están en juego. La prensa ama­ri­lla en este con­texto da cuenta de los seg­men­tos más des­agre­ga­dos de nues­tras socie­da­des, incen­ti­vando el morbo, el entre­te­ni­miento per­verso, cons­tru­yendo comu­ni­da­des de sig­ni­fi­ca­ción alre­de­dor de la farán­dula y el vedettismo.

Las ins­ti­tu­cio­nes tra­di­cio­na­les, por su parte, no cami­nan a la misma velo­ci­dad que los len­gua­jes audio­vi­sua­les y se encuen­tran mar­gi­na­das de las for­mas actua­les de pro­duc­ción de cono­ci­mien­tos, lo cual las ha debi­li­tado en su rol de cons­truc­to­res de sen­ti­dos que orga­ni­cen el mundo de la vida de los habi­tan­tes de las ciu­da­des. En medio de este vacia­miento de sen­ti­dos ope­ran los medios sensacionalistas.

Lamen­ta­ble­mente, esta­mos frente a una cul­tura de la tras­gre­sión, que en el Perú se le deno­mina “cul­tura chi­cha”, hecha de la mez­cla, de la super­po­si­ción, del sacarle la vuelta a las nor­mas, la cul­tura del vivo, del crio­llo que obtiene lo que quiere sin impor­tar los medios, una cul­tura cier­ta­mente híbrida que no tiene forma ni estruc­tu­ras, que camina de la mano del mer­cado, pero que tam­bién se ali­menta de su tra­di­ción. La cul­tura que da forma a la actual ver­sión de la prensa ama­ri­lla es cier­ta­mente signo de la con­fu­sión y el des­or­den de nues­tras socie­da­des, de la velo­ci­dad de la vida actual que sedi­menta con difi­cul­tad y que no opera en los pla­zos lar­gos, sino en la inme­diata satis­fac­ción de necesidades.

Polí­tico y el ablan­da­miento
Diver­sos auto­res han seña­lado los cam­bios en el género infor­ma­tivo, el cre­ciente ablan­da­miento de sus temas (Brun­ner, 1988), el uso de géne­ros híbri­dos (Macassi, 1999), de ele­men­tos de la sátira (Gar­cía Avi­lez, 1999) en gene­ral se ha des­crito la ten­den­cia a espec­ta­cu­la­ri­zar las noti­cias. Sin embargo, no es lo único que ha cam­biado, tam­bién las for­mas de hacer polí­tica han sufrido pro­fun­das trans­for­ma­cio­nes, como bien lo ha seña­lado Manuel Cas­te­lls. Han cadu­cado los par­ti­dos de masas y los ciu­da­da­nos no tie­nen refe­ren­tes de cómo inter­pre­tar los acon­te­ci­mien­tos polí­ti­cos, por lo tanto recu­rren a ele­men­tos de su vida coti­diana para rela­cio­narse con el espa­cio público, inter­pre­tando los ges­tos o com­por­ta­mien­tos de los polí­ti­cos en lugar de sus ideas y pro­pues­tas (en caso que las tuvieran).

Por su parte, la prensa ama­ri­lla desde sus inicios ha estado fuer­te­mente arti­cu­lada a la polí­tica. Solo basta recor­dar la famosa cober­tura que el “Jour­nal” realizó de los acon­te­ci­mien­tos que pre­ce­die­ron la inva­sión de Cuba por parte de los Esta­dos Uni­dos en 1998, donde a decir de muchos este dia­rio pre­ci­pitó los hechos. Recien­te­mente en el Perú los dia­rios ama­ri­llis­tas sir­vie­ron como herra­mien­tas de pre­sión, difa­ma­ción y debi­li­ta­mien­tos de los adver­sa­rios polí­ti­cos del régi­men auto­ri­ta­rio de Fuji­mori. Pos­te­rior­mente, se supo que cada titu­lar le cos­taba al gobierno entre 2.000 y 4.000 dóla­res. La cre­di­bi­li­dad de sus lec­to­res en las noti­cias polí­ti­cas era muy baja, pues no encon­tra­ban corres­pon­den­cia entre los titu­la­res y los inte­rio­res. Cier­ta­mente el obje­tivo del gobierno no era con­ven­cer a los lec­to­res de los dia­rios, sino influir en todas aque­llas per­so­nas que de una manera o de otra miran, a dia­rio, los titu­la­res en los kios­cos. Como lo demos­tra­mos en la inves­ti­ga­ción, los lec­to­res de titu­la­res fue­ron quie­nes más se desilu­sio­na­ron y duda­ron de sus opcio­nes polí­ti­cas, a raíz de los titu­la­res de la prensa amarilla.

Otro de los usos dados a esta prensa fue el de dis­trac­tor polí­tico, gene­rando cor­ti­nas de humo y escán­da­los de la farán­dula o inven­tando hechos como la “vir­gen que llora” para reorien­tar la aten­ción pública de los hechos que eran des­fa­vo­ra­bles al gobierno de turno. Pos­te­rior­mente la prensa ama­ri­lla siguió apo­yando a dife­ren­tes can­di­da­tos y teniendo un papel oscuro en el pro­ceso elec­to­ral reciente.

Que­rá­moslo o no la prensa ama­ri­lla actual es parte del tejido polí­tico, cul­tu­ral y social de nues­tras socie­da­des, las ideas aquí pre­sen­ta­das nos deben ser­vir como pre­gun­tas para repen­sar las rela­cio­nes entre los ciu­da­da­nos y los medios entre los ciu­da­da­nos y la polí­tica.

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IMPORTANTE!

"...Este espacio se deja llevar por sus más bajos instintos amicales y se permite ampliar sus ambigüedades, dando rienda suelta a sus colaboradores para que hagan de este universo su rincón de opiniones..." Que la gratitud sea inmensa con ellos.

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"...Este espacio se deja llevar por sus más bajos instintos amicales y se permite ampliar sus ambigüedades, dando rienda suelta a sus colaboradores para que hagan de este universo su rincón de opiniones..." Que la gratitud sea inmensa con ellos.

La prensa amarilla en América Latina

3rd octubre, 2010

The Yellow Kid

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Como muchos auto­res han seña­lado, la prensa ama­ri­lla ha evo­lu­cio­nado, de las pri­me­ras pla­nas del Jour­nal de New York de 1895, pasando por el Bild ale­mán, hasta los dia­rios ama­ri­llis­tas perua­nos como el Chino y Ajá o los boli­via­nos como Extra y Gente, el sen­sa­cio­na­lismo ha per­meado tanto a la prensa seria como a la tele­vi­sión y la radio. Es evi­dente su influen­cia en los noti­cie­ros y pro­gra­mas perio­dís­ti­cos, como tam­bién en otros géne­ros audiovisuales.

Fre­cuen­te­mente, resulta difí­cil tra­zar una línea tajante entre el sen­sa­cio­na­lismo y la prensa ama­ri­lla. De hecho el tér­mino prensa ama­ri­lla sur­gió de una disputa entre el World de Albert Pulit­zer y el Jour­nal de Rodolf Hearst, por una tira cómica que se publi­caba en ambos dia­rios lla­mada “yellow kid”, y cuyo color pasó a repre­sen­tar el tipo de perio­dismo en extremo sen­sa­cio­na­lista. Sin embargo, la prensa ama­ri­lla de nues­tra época pre­senta algu­nas par­ti­cu­la­ri­da­des que detallaremos.

Esta prensa cum­ple una doble fun­ción, sirve tanto para ser com­prada y con­su­mida por sus lec­to­res como para ser mirada en sus titu­la­res. La prác­tica de ver los titu­la­res es muy común; más del 50% de los con­su­mi­do­res lime­ños pres­tan aten­ción a los titu­la­res, es más, durante el pro­ceso elec­to­ral peruano del 2000 muchos titu­la­res no tenían inte­rio­res (no para que sir­vie­ran como gan­cho para la com­pra) pues su obje­tivo era lle­gar al tran­seúnte, al que pasa en el ómni­bus, a la que observa desde su pro­pio auto. Cier­ta­mente, estos dia­rios estu­vie­ron arti­cu­la­dos al poder corrupto de Fuji­mori y Mon­te­si­nos y fue­ron parte de los ope­ra­ti­vos psi­co­so­cia­les, pero tam­bién refle­jan la velo­ci­dad de la vida coti­diana, donde lo audio­vi­sual tiene su impe­rio y toda la dia­gra­ma­ción perio­dís­tica está orga­ni­zada para ser más vista que leída.

A dife­ren­cia de la prensa ama­ri­lla de fina­les del siglo XIX, en nues­tro medio esta prensa se ocupa muy poco de la noti­cias inter­na­cio­na­les o de per­so­na­jes de la realeza. Más bien, una lista inter­mi­na­ble de per­so­nas anó­ni­mas, como alba­ñi­les, pro­fe­so­res, ven­de­do­res ambu­lan­tes, cobra­do­res de micro­bu­ses dis­cu­rren entre sus pági­nas, entre las notas exa­ge­ra­das y dis­tor­sio­na­das. Per­so­na­jes que de nin­guna manera son los pro­ta­go­nis­tas de los dia­rios serios y sesu­dos, encuen­tran en esta prensa una repre­sen­ta­ción, dis­tor­sio­nada y banal de su coti­dia­nei­dad y sus espacios.

Con­tra lo que se suele pen­sar los lec­to­res de esta prensa no son siem­pre los menos ins­trui­dos, ni los miem­bros de las cla­ses socia­les más bajas. En el estu­dio que rea­li­za­mos encon­tra­mos que muchos miem­bros de las cla­ses medias tam­bién son lec­to­res asiduos.

Otro dato sor­pren­dente fue que sus lec­to­res sue­len con­su­mir otros dia­rios que usan para seguir la agenda polí­tica. En cam­bio, los dia­rios ama­ri­llis­tas son fuente de entre­te­ni­miento, de satis­fac­ción de sus nece­si­da­des de pro­ta­go­nismo y tam­bién de vou­ye­rismo público. Por lo tanto, no esta­mos frente a un lec­tor de poca ins­truc­ción, ni des­vin­cu­lado de la agenda polí­tica, no esta­mos frente al para­digma de la mar­gi­na­li­dad, según el cual esta prensa se ocupa de los már­ge­nes de la socie­dad. Todo lo con­tra­rio, esta prensa resalta y apela a dimen­sio­nes que los otros dia­rios no se pro­po­nen, la fun­ción lúdica pre­do­mi­nante. Ellos no tiene com­pe­ten­cia en los dia­rios tra­di­cio­na­les que enca­si­llan el entre­te­ni­miento a las sec­cio­nes de humor y mis­ce­lá­neas. Por su parte los lec­to­res de estos dia­rios se arti­cu­lan en torno a algu­nos factores:

- El gusto por el entre­te­ni­miento extremo por encima de la veracidad.

- Por los enfo­ques tras­gre­so­res, es decir, sin repa­rar en aspec­tos éticos, mora­les o de valo­res (de allí el gusto o la tole­ran­cia frente a la cró­nica roja, el uso del cuerpo de la mujer como objeto y la escasa preo­cu­pa­ción por la estricta vera­ci­dad de los hechos )

- Por la bús­queda de “hori­zon­ta­li­dad social”, es decir de espa­cios, ros­tros y len­gua­jes simi­la­res a los suyos.

- Y final­mente la pre­fe­ren­cia por las narra­ti­vas de acción en des­me­dro de una acti­tud más analítica.

La prensa ama­ri­lla se incrusta como una cuña allí donde el perio­dismo serio y racio­na­lista no faci­lita la com­pren­sión de las noti­cias o éstas están diso­cia­das del entre­te­ni­miento y lo lúdico. Por lo mismo, existe un sis­tema de medios en prensa que de alguna manera mar­gina o no tiene ofer­tas para los gran­des sec­to­res de las pobla­cio­nes urbanas.

Por lo mismo, esta­mos hablando de comu­ni­da­des de con­sumo que tras­cien­den las cla­ses socia­les y el grado de ins­truc­ción (ins­tru­men­tos clá­si­cos del aná­li­sis del mar­ke­ting) y se ubi­can en lo que pode­mos lla­mar cul­tura de la tras­gre­sión y la hori­zon­ta­li­dad que amplia­re­mos a continuación.

Prensa ama­ri­lla y bús­queda de hori­zon­ta­li­dad social

La prensa ama­ri­lla tiene sus orí­ge­nes en la prensa sen­sa­cio­na­lista o popu­lar de los años 50. De cierta manera, las dis­tin­tas gene­ra­cio­nes han espec­tado sus titu­la­res y han sido unas lec­to­ras y otras obser­va­do­ras del pro­ceso de radi­ca­li­za­ción que devino en la actual prensa ama­ri­lla. Existe, por lo tanto, una his­to­ria per­so­nal de con­sumo que se ha cons­ti­tuido a lo largo de los años en cada uno de sus lec­to­res. Dado que la con­for­ma­ción del gusto no surge sim­ple­mente de la expo­si­ción a las ofer­tas ama­ri­llis­tas, a este habi­tus por la noti­cia ama­ri­llista con­cu­rren otros medios y otros fenó­me­nos cul­tu­ra­les.
Cuando ana­li­za­mos la cons­ti­tu­ción de los públi­cos debe­mos tener en cuenta el sis­tema de medios, frente al cual se sitúan como públi­cos y ante el cual desa­rro­llan o no diá­lo­gos con sus uni­ver­sos cul­tu­ra­les. Por ello, es cen­tral en nues­tro aná­li­sis que los lec­to­res entre­vis­ta­dos sub­ra­ya­ron que en los dia­rios serios, los pro­ta­go­nis­tas de la infor­ma­ción, sue­len ser otros.

Cier­ta­mente, la clase polí­tica y los sec­to­res eco­nó­mi­cos aco­mo­da­dos sue­len ser los pro­ta­go­nis­tas de las noti­cias, ellos, en cam­bio, figu­ran en las pági­nas inte­rio­res, reclui­dos a las sec­cio­nes poli­cia­les. En el momento en que sur­gie­ron los prin­ci­pa­les dia­rios ama­ri­llis­tas en el Perú, no exis­tía una oferta perio­dís­tica sos­te­nida que reco­giera el “mundo popu­lar”, estos dia­rios ingre­sa­ron por­que los dia­rios serios excluían a amplios sec­to­res, del pro­ta­go­nismo de sus noticias.

La prensa ama­ri­lla se incrusta como una cuña allí donde el perio­dismo serio y racio­na­lista no faci­lita la com­pren­sión de las noti­cias o éstas están diso­cia­das del entre­te­ni­miento y lo lúdico. Por lo mismo, existe un sis­tema de medios en prensa que de alguna manera mar­gina o no tiene ofer­tas para los gran­des sec­to­res de las pobla­cio­nes urba­nas. Si ana­li­za­mos las fotos de los prin­ci­pa­les dia­rios de las capi­ta­les lati­noa­me­ri­ca­nas encon­tra­mos que los ros­tros y per­so­na­jes, allí repre­sen­ta­dos, difie­ren de los per­so­na­jes popu­la­res o de los sec­to­res cono­ci­dos como C, D y E.

Por los per­so­na­jes, luga­res y len­gua­jes que dis­cu­rren en la prensa ama­ri­lla pen­sa­mos que esta­mos frente a una prensa pen­sada para agra­dar y res­pon­der a las deman­das bási­cas de pro­ta­go­nismo y visi­bi­li­dad pública de los sec­to­res más popu­la­res de las socie­da­des. Se trata de perió­di­cos que cons­tru­yen su pro­pia agenda, una agenda que hace de los hechos tri­via­les y anec­dó­ti­cos que la prensa seria suele des­de­ñar en sus titu­la­res de por­tada. De esta manera, las muer­tes acci­den­ta­les cobran pro­ta­go­nismo tra­tán­dose de humil­des alba­ñi­les o ven­de­do­res de fruta, que no sería tal si su espec­ta­cu­la­ri­za­ción no esta­ble­ciera una rela­ción de espejo que logra con amplios sec­to­res exclui­dos de la ima­gen y pre­sen­cia pública. Tal y como lo señala Mar­tini, “no solo la vio­len­cia cri­mi­nal logra una cober­tura sen­sa­cio­na­lista: todo con­flicto puede ser rela­tado desde la retó­rica sen­sa­cio­na­lista”, es decir, que el sen­sa­cio­na­lismo puede per­mear toda la vida coti­diana de los per­so­na­jes repre­sen­ta­dos, por más insig­ni­fi­can­tes que sean, y por lo mismo la rela­ción de espejo que se esta­blece viene a ser a veces más impor­tante que las estra­te­gias dis­cur­si­vas y de dia­gra­ma­ción que estos dia­rios ofrecen

Para sus públi­cos, la prensa ama­ri­lla retrata a pobla­do­res que usual­mente se encuen­tran en las már­ge­nes, en los espa­cios de som­bra de lo que es impor­tante y de lo que es pro­ta­gó­nico en la ciu­dad. Estos dia­rios, de cierta manera, les dan visi­bi­li­dad y repre­sen­ta­ti­vi­dad, dando a su vida coti­diana dimen­sio­nes épicas que de otro modo se per­de­rían en la memo­ria de su entorno inmediato.

No esta­mos cier­ta­mente ante un pro­ceso de demo­cra­ti­za­ción de la ima­gen pública o del pro­ta­go­nismo social, pues este perio­dismo se ejerce a tra­vés de la exa­ge­ra­ción, dis­tor­sión y la men­tira, esta­mos, eso sí, frente a un pro­ceso de hori­zon­ta­li­dad del ros­tro, del terri­to­rio y del dis­curso de los sec­to­res popu­la­res. En los paí­ses andi­nos, donde no exis­tió en el espa­cio público un pro­ceso de reco­no­ci­miento y valo­ra­ción de las imá­ge­nes pro­pias, esto es impor­tante. En otros paí­ses como en México, a tra­vés del cine, en Bra­sil a tra­vés de la zamba, de la salsa en Cen­troa­mé­rica, o del tango en Argen­tina, ya se pasó por este proceso.

En con­clu­sión, la prensa ama­ri­lla es la solu­ción per­versa que da el mer­cado y la polí­tica a la exclu­sión de los sec­to­res popu­la­res, es la forma a tra­vés de la cual adquie­ren pro­ta­go­nismo y son acto­res de la épica social, que pro­vie­nen de los géne­ros de acción, en des­me­dro de los géne­ros melo­dra­má­ti­cos his­tó­ri­ca­mente ancla­dos en nues­tra cultura.

La prensa ama­ri­lla como parte de la cul­tura de la trasgresión

Las expre­sio­nes cul­tu­ra­les coti­dia­nas, sean del signo posi­tivo o nega­tivo, como bien lo señala Stuart Hall res­pon­den a con­tex­tos cul­tu­ra­les espe­cí­fi­cos. Cier­ta­mente nues­tras socie­da­des están atra­ve­sa­das por tres procesos:

–La desis­ti­tu­cio­na­li­za­ción, por el cual las per­so­nas se des­vin­cu­lan de las esfe­ras deci­so­rias (sea por cadu­ci­dad de las ins­ti­tu­cio­nes o por su dis­fun­cio­na­li­dad) como resul­tado de la reduc­ción del Estado.

–La inser­ción con­flic­tiva y exclu­yente de la pobla­ción al ejer­ci­cio ciu­da­dano, que está per­meado de racismo, auto­ri­ta­rismo e inequi­dad de género y generacional.

–Hege­mo­nía audio­vi­sual de pro­gra­mas que tras­gre­den las nor­mas y cos­tum­bres tra­di­cio­na­les, tales como pro­gra­mas cómi­cos, talk shows, revis­tas noti­cio­sas, con­cur­sos y musicales.

Estos tres fac­to­res vie­nen con­for­mando esta cul­tura de la tras­gre­sión. Pero para nues­tro aná­li­sis nos deten­dre­mos en el fac­tor mediático.

De hecho la pro­duc­ción de la región se ha visto inun­dada del vedet­tismo, de situa­cio­nes que deni­gran al ser humano, de revis­tas perio­dís­ti­cas que enfo­can la cró­nica roja y se con­cen­tran en las notas de tras­gre­sión. Cier­ta­mente el fenó­meno de la prensa ama­ri­lla debe leerse como un fenó­meno social que no se agota con un enfo­que sata­ni­za­dor de la res­puesta del mer­cado, tiene que ver con los pro­ce­sos de sig­ni­fi­ca­ción que las gran­des mayo­rías hacen de la vida coti­diana y de su ubi­ca­ción en las ciudades.

Por lo ante­rior, debe­mos tener en cuenta que las ins­ti­tu­cio­nes sig­ni­fi­ca­do­ras de nues­tras socie­da­des están en cri­sis: la igle­sia, la escuela y la fami­lia han per­dido su rol for­ma­tivo de valo­res y cons­truc­to­res de comu­ni­da­des de sig­ni­fi­ca­ción. En cam­bio, los medios de comu­ni­ca­ción cum­plen una serie de fun­cio­nes de soporte social que antes eran de exclu­si­vi­dad de dichas ins­ti­tu­cio­nes, de tal manera que los públi­cos deman­dan a los medios la satis­fac­ción de nece­si­da­des de espi­ri­tua­li­dad (encon­trar el sen­tido y sig­ni­fi­cado a su vida), las nece­si­da­des de comu­ni­dad (sen­tirse parte de un pro­yecto junto a otros), las nece­si­da­des de entre­te­ni­miento y las nece­si­da­des polí­ti­cas (per­te­nen­cia sim­bó­lica a la comu­ni­dad polí­tica a tra­vés del segui­miento de la agenda pública) y hasta las nece­si­da­des sexua­les por citar algunas.

Por su parte, los medios evi­den­te­mente no están pre­pa­ra­dos para asu­mir nin­guna de estas fun­cio­nes, es más, su visión del mar­ke­ting los impulsa a la satis­fac­ción de las nece­si­da­des inme­dia­tas sin com­pren­der la den­si­dad de los pro­ce­sos polí­ti­cos, cul­tu­ra­les y socia­les que están en juego. La prensa ama­ri­lla en este con­texto da cuenta de los seg­men­tos más des­agre­ga­dos de nues­tras socie­da­des, incen­ti­vando el morbo, el entre­te­ni­miento per­verso, cons­tru­yendo comu­ni­da­des de sig­ni­fi­ca­ción alre­de­dor de la farán­dula y el vedettismo.

Las ins­ti­tu­cio­nes tra­di­cio­na­les, por su parte, no cami­nan a la misma velo­ci­dad que los len­gua­jes audio­vi­sua­les y se encuen­tran mar­gi­na­das de las for­mas actua­les de pro­duc­ción de cono­ci­mien­tos, lo cual las ha debi­li­tado en su rol de cons­truc­to­res de sen­ti­dos que orga­ni­cen el mundo de la vida de los habi­tan­tes de las ciu­da­des. En medio de este vacia­miento de sen­ti­dos ope­ran los medios sensacionalistas.

Lamen­ta­ble­mente, esta­mos frente a una cul­tura de la tras­gre­sión, que en el Perú se le deno­mina “cul­tura chi­cha”, hecha de la mez­cla, de la super­po­si­ción, del sacarle la vuelta a las nor­mas, la cul­tura del vivo, del crio­llo que obtiene lo que quiere sin impor­tar los medios, una cul­tura cier­ta­mente híbrida que no tiene forma ni estruc­tu­ras, que camina de la mano del mer­cado, pero que tam­bién se ali­menta de su tra­di­ción. La cul­tura que da forma a la actual ver­sión de la prensa ama­ri­lla es cier­ta­mente signo de la con­fu­sión y el des­or­den de nues­tras socie­da­des, de la velo­ci­dad de la vida actual que sedi­menta con difi­cul­tad y que no opera en los pla­zos lar­gos, sino en la inme­diata satis­fac­ción de necesidades.

Polí­tico y el ablan­da­miento
Diver­sos auto­res han seña­lado los cam­bios en el género infor­ma­tivo, el cre­ciente ablan­da­miento de sus temas (Brun­ner, 1988), el uso de géne­ros híbri­dos (Macassi, 1999), de ele­men­tos de la sátira (Gar­cía Avi­lez, 1999) en gene­ral se ha des­crito la ten­den­cia a espec­ta­cu­la­ri­zar las noti­cias. Sin embargo, no es lo único que ha cam­biado, tam­bién las for­mas de hacer polí­tica han sufrido pro­fun­das trans­for­ma­cio­nes, como bien lo ha seña­lado Manuel Cas­te­lls. Han cadu­cado los par­ti­dos de masas y los ciu­da­da­nos no tie­nen refe­ren­tes de cómo inter­pre­tar los acon­te­ci­mien­tos polí­ti­cos, por lo tanto recu­rren a ele­men­tos de su vida coti­diana para rela­cio­narse con el espa­cio público, inter­pre­tando los ges­tos o com­por­ta­mien­tos de los polí­ti­cos en lugar de sus ideas y pro­pues­tas (en caso que las tuvieran).

Por su parte, la prensa ama­ri­lla desde sus inicios ha estado fuer­te­mente arti­cu­lada a la polí­tica. Solo basta recor­dar la famosa cober­tura que el “Jour­nal” realizó de los acon­te­ci­mien­tos que pre­ce­die­ron la inva­sión de Cuba por parte de los Esta­dos Uni­dos en 1998, donde a decir de muchos este dia­rio pre­ci­pitó los hechos. Recien­te­mente en el Perú los dia­rios ama­ri­llis­tas sir­vie­ron como herra­mien­tas de pre­sión, difa­ma­ción y debi­li­ta­mien­tos de los adver­sa­rios polí­ti­cos del régi­men auto­ri­ta­rio de Fuji­mori. Pos­te­rior­mente, se supo que cada titu­lar le cos­taba al gobierno entre 2.000 y 4.000 dóla­res. La cre­di­bi­li­dad de sus lec­to­res en las noti­cias polí­ti­cas era muy baja, pues no encon­tra­ban corres­pon­den­cia entre los titu­la­res y los inte­rio­res. Cier­ta­mente el obje­tivo del gobierno no era con­ven­cer a los lec­to­res de los dia­rios, sino influir en todas aque­llas per­so­nas que de una manera o de otra miran, a dia­rio, los titu­la­res en los kios­cos. Como lo demos­tra­mos en la inves­ti­ga­ción, los lec­to­res de titu­la­res fue­ron quie­nes más se desilu­sio­na­ron y duda­ron de sus opcio­nes polí­ti­cas, a raíz de los titu­la­res de la prensa amarilla.

Otro de los usos dados a esta prensa fue el de dis­trac­tor polí­tico, gene­rando cor­ti­nas de humo y escán­da­los de la farán­dula o inven­tando hechos como la “vir­gen que llora” para reorien­tar la aten­ción pública de los hechos que eran des­fa­vo­ra­bles al gobierno de turno. Pos­te­rior­mente la prensa ama­ri­lla siguió apo­yando a dife­ren­tes can­di­da­tos y teniendo un papel oscuro en el pro­ceso elec­to­ral reciente.

Que­rá­moslo o no la prensa ama­ri­lla actual es parte del tejido polí­tico, cul­tu­ral y social de nues­tras socie­da­des, las ideas aquí pre­sen­ta­das nos deben ser­vir como pre­gun­tas para repen­sar las rela­cio­nes entre los ciu­da­da­nos y los medios entre los ciu­da­da­nos y la polí­tica.

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