La prensa amarilla en América Latina

The Yellow Kid

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Como muchos auto­res han seña­lado, la prensa ama­ri­lla ha evo­lu­cio­nado, de las pri­me­ras pla­nas del Jour­nal de New York de 1895, pasando por el Bild ale­mán, hasta los dia­rios ama­ri­llis­tas perua­nos como el Chino y Ajá o los boli­via­nos como Extra y Gente, el sen­sa­cio­na­lismo ha per­meado tanto a la prensa seria como a la tele­vi­sión y la radio. Es evi­dente su influen­cia en los noti­cie­ros y pro­gra­mas perio­dís­ti­cos, como tam­bién en otros géne­ros audiovisuales.

Fre­cuen­te­mente, resulta difí­cil tra­zar una línea tajante entre el sen­sa­cio­na­lismo y la prensa ama­ri­lla. De hecho el tér­mino prensa ama­ri­lla sur­gió de una disputa entre el World de Albert Pulit­zer y el Jour­nal de Rodolf Hearst, por una tira cómica que se publi­caba en ambos dia­rios lla­mada “yellow kid”, y cuyo color pasó a repre­sen­tar el tipo de perio­dismo en extremo sen­sa­cio­na­lista. Sin embargo, la prensa ama­ri­lla de nues­tra época pre­senta algu­nas par­ti­cu­la­ri­da­des que detallaremos.

Esta prensa cum­ple una doble fun­ción, sirve tanto para ser com­prada y con­su­mida por sus lec­to­res como para ser mirada en sus titu­la­res. La prác­tica de ver los titu­la­res es muy común; más del 50% de los con­su­mi­do­res lime­ños pres­tan aten­ción a los titu­la­res, es más, durante el pro­ceso elec­to­ral peruano del 2000 muchos titu­la­res no tenían inte­rio­res (no para que sir­vie­ran como gan­cho para la com­pra) pues su obje­tivo era lle­gar al tran­seúnte, al que pasa en el ómni­bus, a la que observa desde su pro­pio auto. Cier­ta­mente, estos dia­rios estu­vie­ron arti­cu­la­dos al poder corrupto de Fuji­mori y Mon­te­si­nos y fue­ron parte de los ope­ra­ti­vos psi­co­so­cia­les, pero tam­bién refle­jan la velo­ci­dad de la vida coti­diana, donde lo audio­vi­sual tiene su impe­rio y toda la dia­gra­ma­ción perio­dís­tica está orga­ni­zada para ser más vista que leída.

A dife­ren­cia de la prensa ama­ri­lla de fina­les del siglo XIX, en nues­tro medio esta prensa se ocupa muy poco de la noti­cias inter­na­cio­na­les o de per­so­na­jes de la realeza. Más bien, una lista inter­mi­na­ble de per­so­nas anó­ni­mas, como alba­ñi­les, pro­fe­so­res, ven­de­do­res ambu­lan­tes, cobra­do­res de micro­bu­ses dis­cu­rren entre sus pági­nas, entre las notas exa­ge­ra­das y dis­tor­sio­na­das. Per­so­na­jes que de nin­guna manera son los pro­ta­go­nis­tas de los dia­rios serios y sesu­dos, encuen­tran en esta prensa una repre­sen­ta­ción, dis­tor­sio­nada y banal de su coti­dia­nei­dad y sus espacios.

Con­tra lo que se suele pen­sar los lec­to­res de esta prensa no son siem­pre los menos ins­trui­dos, ni los miem­bros de las cla­ses socia­les más bajas. En el estu­dio que rea­li­za­mos encon­tra­mos que muchos miem­bros de las cla­ses medias tam­bién son lec­to­res asiduos.

Otro dato sor­pren­dente fue que sus lec­to­res sue­len con­su­mir otros dia­rios que usan para seguir la agenda polí­tica. En cam­bio, los dia­rios ama­ri­llis­tas son fuente de entre­te­ni­miento, de satis­fac­ción de sus nece­si­da­des de pro­ta­go­nismo y tam­bién de vou­ye­rismo público. Por lo tanto, no esta­mos frente a un lec­tor de poca ins­truc­ción, ni des­vin­cu­lado de la agenda polí­tica, no esta­mos frente al para­digma de la mar­gi­na­li­dad, según el cual esta prensa se ocupa de los már­ge­nes de la socie­dad. Todo lo con­tra­rio, esta prensa resalta y apela a dimen­sio­nes que los otros dia­rios no se pro­po­nen, la fun­ción lúdica pre­do­mi­nante. Ellos no tiene com­pe­ten­cia en los dia­rios tra­di­cio­na­les que enca­si­llan el entre­te­ni­miento a las sec­cio­nes de humor y mis­ce­lá­neas. Por su parte los lec­to­res de estos dia­rios se arti­cu­lan en torno a algu­nos factores:

- El gusto por el entre­te­ni­miento extremo por encima de la veracidad.

- Por los enfo­ques tras­gre­so­res, es decir, sin repa­rar en aspec­tos éticos, mora­les o de valo­res (de allí el gusto o la tole­ran­cia frente a la cró­nica roja, el uso del cuerpo de la mujer como objeto y la escasa preo­cu­pa­ción por la estricta vera­ci­dad de los hechos )

- Por la bús­queda de “hori­zon­ta­li­dad social”, es decir de espa­cios, ros­tros y len­gua­jes simi­la­res a los suyos.

- Y final­mente la pre­fe­ren­cia por las narra­ti­vas de acción en des­me­dro de una acti­tud más analítica.

La prensa ama­ri­lla se incrusta como una cuña allí donde el perio­dismo serio y racio­na­lista no faci­lita la com­pren­sión de las noti­cias o éstas están diso­cia­das del entre­te­ni­miento y lo lúdico. Por lo mismo, existe un sis­tema de medios en prensa que de alguna manera mar­gina o no tiene ofer­tas para los gran­des sec­to­res de las pobla­cio­nes urbanas.

Por lo mismo, esta­mos hablando de comu­ni­da­des de con­sumo que tras­cien­den las cla­ses socia­les y el grado de ins­truc­ción (ins­tru­men­tos clá­si­cos del aná­li­sis del mar­ke­ting) y se ubi­can en lo que pode­mos lla­mar cul­tura de la tras­gre­sión y la hori­zon­ta­li­dad que amplia­re­mos a continuación.

Prensa ama­ri­lla y bús­queda de hori­zon­ta­li­dad social

La prensa ama­ri­lla tiene sus orí­ge­nes en la prensa sen­sa­cio­na­lista o popu­lar de los años 50. De cierta manera, las dis­tin­tas gene­ra­cio­nes han espec­tado sus titu­la­res y han sido unas lec­to­ras y otras obser­va­do­ras del pro­ceso de radi­ca­li­za­ción que devino en la actual prensa ama­ri­lla. Existe, por lo tanto, una his­to­ria per­so­nal de con­sumo que se ha cons­ti­tuido a lo largo de los años en cada uno de sus lec­to­res. Dado que la con­for­ma­ción del gusto no surge sim­ple­mente de la expo­si­ción a las ofer­tas ama­ri­llis­tas, a este habi­tus por la noti­cia ama­ri­llista con­cu­rren otros medios y otros fenó­me­nos cul­tu­ra­les.
Cuando ana­li­za­mos la cons­ti­tu­ción de los públi­cos debe­mos tener en cuenta el sis­tema de medios, frente al cual se sitúan como públi­cos y ante el cual desa­rro­llan o no diá­lo­gos con sus uni­ver­sos cul­tu­ra­les. Por ello, es cen­tral en nues­tro aná­li­sis que los lec­to­res entre­vis­ta­dos sub­ra­ya­ron que en los dia­rios serios, los pro­ta­go­nis­tas de la infor­ma­ción, sue­len ser otros.

Cier­ta­mente, la clase polí­tica y los sec­to­res eco­nó­mi­cos aco­mo­da­dos sue­len ser los pro­ta­go­nis­tas de las noti­cias, ellos, en cam­bio, figu­ran en las pági­nas inte­rio­res, reclui­dos a las sec­cio­nes poli­cia­les. En el momento en que sur­gie­ron los prin­ci­pa­les dia­rios ama­ri­llis­tas en el Perú, no exis­tía una oferta perio­dís­tica sos­te­nida que reco­giera el “mundo popu­lar”, estos dia­rios ingre­sa­ron por­que los dia­rios serios excluían a amplios sec­to­res, del pro­ta­go­nismo de sus noticias.

La prensa ama­ri­lla se incrusta como una cuña allí donde el perio­dismo serio y racio­na­lista no faci­lita la com­pren­sión de las noti­cias o éstas están diso­cia­das del entre­te­ni­miento y lo lúdico. Por lo mismo, existe un sis­tema de medios en prensa que de alguna manera mar­gina o no tiene ofer­tas para los gran­des sec­to­res de las pobla­cio­nes urba­nas. Si ana­li­za­mos las fotos de los prin­ci­pa­les dia­rios de las capi­ta­les lati­noa­me­ri­ca­nas encon­tra­mos que los ros­tros y per­so­na­jes, allí repre­sen­ta­dos, difie­ren de los per­so­na­jes popu­la­res o de los sec­to­res cono­ci­dos como C, D y E.

Por los per­so­na­jes, luga­res y len­gua­jes que dis­cu­rren en la prensa ama­ri­lla pen­sa­mos que esta­mos frente a una prensa pen­sada para agra­dar y res­pon­der a las deman­das bási­cas de pro­ta­go­nismo y visi­bi­li­dad pública de los sec­to­res más popu­la­res de las socie­da­des. Se trata de perió­di­cos que cons­tru­yen su pro­pia agenda, una agenda que hace de los hechos tri­via­les y anec­dó­ti­cos que la prensa seria suele des­de­ñar en sus titu­la­res de por­tada. De esta manera, las muer­tes acci­den­ta­les cobran pro­ta­go­nismo tra­tán­dose de humil­des alba­ñi­les o ven­de­do­res de fruta, que no sería tal si su espec­ta­cu­la­ri­za­ción no esta­ble­ciera una rela­ción de espejo que logra con amplios sec­to­res exclui­dos de la ima­gen y pre­sen­cia pública. Tal y como lo señala Mar­tini, “no solo la vio­len­cia cri­mi­nal logra una cober­tura sen­sa­cio­na­lista: todo con­flicto puede ser rela­tado desde la retó­rica sen­sa­cio­na­lista”, es decir, que el sen­sa­cio­na­lismo puede per­mear toda la vida coti­diana de los per­so­na­jes repre­sen­ta­dos, por más insig­ni­fi­can­tes que sean, y por lo mismo la rela­ción de espejo que se esta­blece viene a ser a veces más impor­tante que las estra­te­gias dis­cur­si­vas y de dia­gra­ma­ción que estos dia­rios ofrecen

Para sus públi­cos, la prensa ama­ri­lla retrata a pobla­do­res que usual­mente se encuen­tran en las már­ge­nes, en los espa­cios de som­bra de lo que es impor­tante y de lo que es pro­ta­gó­nico en la ciu­dad. Estos dia­rios, de cierta manera, les dan visi­bi­li­dad y repre­sen­ta­ti­vi­dad, dando a su vida coti­diana dimen­sio­nes épicas que de otro modo se per­de­rían en la memo­ria de su entorno inmediato.

No esta­mos cier­ta­mente ante un pro­ceso de demo­cra­ti­za­ción de la ima­gen pública o del pro­ta­go­nismo social, pues este perio­dismo se ejerce a tra­vés de la exa­ge­ra­ción, dis­tor­sión y la men­tira, esta­mos, eso sí, frente a un pro­ceso de hori­zon­ta­li­dad del ros­tro, del terri­to­rio y del dis­curso de los sec­to­res popu­la­res. En los paí­ses andi­nos, donde no exis­tió en el espa­cio público un pro­ceso de reco­no­ci­miento y valo­ra­ción de las imá­ge­nes pro­pias, esto es impor­tante. En otros paí­ses como en México, a tra­vés del cine, en Bra­sil a tra­vés de la zamba, de la salsa en Cen­troa­mé­rica, o del tango en Argen­tina, ya se pasó por este proceso.

En con­clu­sión, la prensa ama­ri­lla es la solu­ción per­versa que da el mer­cado y la polí­tica a la exclu­sión de los sec­to­res popu­la­res, es la forma a tra­vés de la cual adquie­ren pro­ta­go­nismo y son acto­res de la épica social, que pro­vie­nen de los géne­ros de acción, en des­me­dro de los géne­ros melo­dra­má­ti­cos his­tó­ri­ca­mente ancla­dos en nues­tra cultura.

La prensa ama­ri­lla como parte de la cul­tura de la trasgresión

Las expre­sio­nes cul­tu­ra­les coti­dia­nas, sean del signo posi­tivo o nega­tivo, como bien lo señala Stuart Hall res­pon­den a con­tex­tos cul­tu­ra­les espe­cí­fi­cos. Cier­ta­mente nues­tras socie­da­des están atra­ve­sa­das por tres procesos:

–La desis­ti­tu­cio­na­li­za­ción, por el cual las per­so­nas se des­vin­cu­lan de las esfe­ras deci­so­rias (sea por cadu­ci­dad de las ins­ti­tu­cio­nes o por su dis­fun­cio­na­li­dad) como resul­tado de la reduc­ción del Estado.

–La inser­ción con­flic­tiva y exclu­yente de la pobla­ción al ejer­ci­cio ciu­da­dano, que está per­meado de racismo, auto­ri­ta­rismo e inequi­dad de género y generacional.

–Hege­mo­nía audio­vi­sual de pro­gra­mas que tras­gre­den las nor­mas y cos­tum­bres tra­di­cio­na­les, tales como pro­gra­mas cómi­cos, talk shows, revis­tas noti­cio­sas, con­cur­sos y musicales.

Estos tres fac­to­res vie­nen con­for­mando esta cul­tura de la tras­gre­sión. Pero para nues­tro aná­li­sis nos deten­dre­mos en el fac­tor mediático.

De hecho la pro­duc­ción de la región se ha visto inun­dada del vedet­tismo, de situa­cio­nes que deni­gran al ser humano, de revis­tas perio­dís­ti­cas que enfo­can la cró­nica roja y se con­cen­tran en las notas de tras­gre­sión. Cier­ta­mente el fenó­meno de la prensa ama­ri­lla debe leerse como un fenó­meno social que no se agota con un enfo­que sata­ni­za­dor de la res­puesta del mer­cado, tiene que ver con los pro­ce­sos de sig­ni­fi­ca­ción que las gran­des mayo­rías hacen de la vida coti­diana y de su ubi­ca­ción en las ciudades.

Por lo ante­rior, debe­mos tener en cuenta que las ins­ti­tu­cio­nes sig­ni­fi­ca­do­ras de nues­tras socie­da­des están en cri­sis: la igle­sia, la escuela y la fami­lia han per­dido su rol for­ma­tivo de valo­res y cons­truc­to­res de comu­ni­da­des de sig­ni­fi­ca­ción. En cam­bio, los medios de comu­ni­ca­ción cum­plen una serie de fun­cio­nes de soporte social que antes eran de exclu­si­vi­dad de dichas ins­ti­tu­cio­nes, de tal manera que los públi­cos deman­dan a los medios la satis­fac­ción de nece­si­da­des de espi­ri­tua­li­dad (encon­trar el sen­tido y sig­ni­fi­cado a su vida), las nece­si­da­des de comu­ni­dad (sen­tirse parte de un pro­yecto junto a otros), las nece­si­da­des de entre­te­ni­miento y las nece­si­da­des polí­ti­cas (per­te­nen­cia sim­bó­lica a la comu­ni­dad polí­tica a tra­vés del segui­miento de la agenda pública) y hasta las nece­si­da­des sexua­les por citar algunas.

Por su parte, los medios evi­den­te­mente no están pre­pa­ra­dos para asu­mir nin­guna de estas fun­cio­nes, es más, su visión del mar­ke­ting los impulsa a la satis­fac­ción de las nece­si­da­des inme­dia­tas sin com­pren­der la den­si­dad de los pro­ce­sos polí­ti­cos, cul­tu­ra­les y socia­les que están en juego. La prensa ama­ri­lla en este con­texto da cuenta de los seg­men­tos más des­agre­ga­dos de nues­tras socie­da­des, incen­ti­vando el morbo, el entre­te­ni­miento per­verso, cons­tru­yendo comu­ni­da­des de sig­ni­fi­ca­ción alre­de­dor de la farán­dula y el vedettismo.

Las ins­ti­tu­cio­nes tra­di­cio­na­les, por su parte, no cami­nan a la misma velo­ci­dad que los len­gua­jes audio­vi­sua­les y se encuen­tran mar­gi­na­das de las for­mas actua­les de pro­duc­ción de cono­ci­mien­tos, lo cual las ha debi­li­tado en su rol de cons­truc­to­res de sen­ti­dos que orga­ni­cen el mundo de la vida de los habi­tan­tes de las ciu­da­des. En medio de este vacia­miento de sen­ti­dos ope­ran los medios sensacionalistas.

Lamen­ta­ble­mente, esta­mos frente a una cul­tura de la tras­gre­sión, que en el Perú se le deno­mina “cul­tura chi­cha”, hecha de la mez­cla, de la super­po­si­ción, del sacarle la vuelta a las nor­mas, la cul­tura del vivo, del crio­llo que obtiene lo que quiere sin impor­tar los medios, una cul­tura cier­ta­mente híbrida que no tiene forma ni estruc­tu­ras, que camina de la mano del mer­cado, pero que tam­bién se ali­menta de su tra­di­ción. La cul­tura que da forma a la actual ver­sión de la prensa ama­ri­lla es cier­ta­mente signo de la con­fu­sión y el des­or­den de nues­tras socie­da­des, de la velo­ci­dad de la vida actual que sedi­menta con difi­cul­tad y que no opera en los pla­zos lar­gos, sino en la inme­diata satis­fac­ción de necesidades.

Polí­tico y el ablan­da­miento
Diver­sos auto­res han seña­lado los cam­bios en el género infor­ma­tivo, el cre­ciente ablan­da­miento de sus temas (Brun­ner, 1988), el uso de géne­ros híbri­dos (Macassi, 1999), de ele­men­tos de la sátira (Gar­cía Avi­lez, 1999) en gene­ral se ha des­crito la ten­den­cia a espec­ta­cu­la­ri­zar las noti­cias. Sin embargo, no es lo único que ha cam­biado, tam­bién las for­mas de hacer polí­tica han sufrido pro­fun­das trans­for­ma­cio­nes, como bien lo ha seña­lado Manuel Cas­te­lls. Han cadu­cado los par­ti­dos de masas y los ciu­da­da­nos no tie­nen refe­ren­tes de cómo inter­pre­tar los acon­te­ci­mien­tos polí­ti­cos, por lo tanto recu­rren a ele­men­tos de su vida coti­diana para rela­cio­narse con el espa­cio público, inter­pre­tando los ges­tos o com­por­ta­mien­tos de los polí­ti­cos en lugar de sus ideas y pro­pues­tas (en caso que las tuvieran).

Por su parte, la prensa ama­ri­lla desde sus inicios ha estado fuer­te­mente arti­cu­lada a la polí­tica. Solo basta recor­dar la famosa cober­tura que el “Jour­nal” realizó de los acon­te­ci­mien­tos que pre­ce­die­ron la inva­sión de Cuba por parte de los Esta­dos Uni­dos en 1998, donde a decir de muchos este dia­rio pre­ci­pitó los hechos. Recien­te­mente en el Perú los dia­rios ama­ri­llis­tas sir­vie­ron como herra­mien­tas de pre­sión, difa­ma­ción y debi­li­ta­mien­tos de los adver­sa­rios polí­ti­cos del régi­men auto­ri­ta­rio de Fuji­mori. Pos­te­rior­mente, se supo que cada titu­lar le cos­taba al gobierno entre 2.000 y 4.000 dóla­res. La cre­di­bi­li­dad de sus lec­to­res en las noti­cias polí­ti­cas era muy baja, pues no encon­tra­ban corres­pon­den­cia entre los titu­la­res y los inte­rio­res. Cier­ta­mente el obje­tivo del gobierno no era con­ven­cer a los lec­to­res de los dia­rios, sino influir en todas aque­llas per­so­nas que de una manera o de otra miran, a dia­rio, los titu­la­res en los kios­cos. Como lo demos­tra­mos en la inves­ti­ga­ción, los lec­to­res de titu­la­res fue­ron quie­nes más se desilu­sio­na­ron y duda­ron de sus opcio­nes polí­ti­cas, a raíz de los titu­la­res de la prensa amarilla.

Otro de los usos dados a esta prensa fue el de dis­trac­tor polí­tico, gene­rando cor­ti­nas de humo y escán­da­los de la farán­dula o inven­tando hechos como la “vir­gen que llora” para reorien­tar la aten­ción pública de los hechos que eran des­fa­vo­ra­bles al gobierno de turno. Pos­te­rior­mente la prensa ama­ri­lla siguió apo­yando a dife­ren­tes can­di­da­tos y teniendo un papel oscuro en el pro­ceso elec­to­ral reciente.

Que­rá­moslo o no la prensa ama­ri­lla actual es parte del tejido polí­tico, cul­tu­ral y social de nues­tras socie­da­des, las ideas aquí pre­sen­ta­das nos deben ser­vir como pre­gun­tas para repen­sar las rela­cio­nes entre los ciu­da­da­nos y los medios entre los ciu­da­da­nos y la polí­tica.

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