
He dejado de lado (junto a los archivos sin importancia) la celebración de nuestra Primera Dama, para poder escuchar y leer con mucho gusto el mensaje del Presidente de Uruguay José Alberto Mujica con motivo de celebrarse sus 77 años. Un viejo luchador de izquierda gobernante de un minúsculo país que parece alejado de la realidad sudamericana, pero que gracias a hombres como este señor salen a relucir. Mujica hablando sobre si mismo:
Amigos, un gusto en saludarlos, acabo de cumplir 77 años y mi cuerpo maltratado todavía resiste admirablemente, sin embargo, pienso que las huellas de tantos sueños aplastados están en mis arrugas y en la conciencia, que con el tiempo se han ido llenando de humildad profunda. Soy de los privilegiados que se internan en la vejez sin vanidades juveniles, y a esta altura de mi marcha personal, está claro que por encima de todas las cosas amo a la vida misma, la VIDA con mayúsculas, por qué cuanto más la admiro en todos los rincones, donde uno se detiene a mirar, está dando su batalla contra el silencio mineral que nos rodea; tal ves sea posible, no lo sé, que en algo así, como en un átomo del cosmos se puedan refugiar nuestras soledades y porque no, las queridas utopías inconclusas, tal vez para irse sumando y componer esa especie cementerio de las eternas y eternas esperanzas.
El asunto es que hay que marchar, vivir es andar, pero en este marchar vamos con una herencia y vamos con un rumbo, pero no va a quedar regado, porque nos tocan vivir tiempos parturientos y seguramente habrán muchas despedidas y algún amanecer, cuando camino por las calles con sus razones, hijas de su libertad, seguramente que hay compatriotas que me critican porque vivo en tres piezas, un baño y un alero. Porque no tengo servicio doméstico y a veces lavo los platos por mi vieja y hasta algunos trapos. Suelo moverme solo en un “fusquita” cuando ando por mi barrio. Sigo esencialmente siendo igual a cómo fui porque esa es mi libertad jurada. Siempre me propuse andar liviano de equipaje. Y sin embargo, ni es una carga ni una pose. Simplemente, es una filosofía decantada en muchos, y largos años, de privaciones. Nosotros no elegimos ser pobres. Elegimos ser felices, a nuestro modo.
Claro está que a nadie intentamos imponerle nuestros renunciamientos materiales. La sobriedad austera es nuestro precio para poder ser libres y esto lo definimos así: Tener el mayor tiempo disponible para gastarlo en las cosas que nos motiva. Sin embargo, no tendremos seguidores, ni escuela, ni dejaremos herencia; intentaremos si, antes de que nos toque partir, dejar un taller para forjar paisanos.
Hace mucho tiempo, mucho, que la solidaridad, para nosotros, dejó de ser una palabra para el discurso y se tornó en una práctica militante y material, casi cotidiana, es parte permanente, como lo puede ser el sueño, la práctica de la solidaridad con los techos, solidaridad con el bolsillo, solidaridad con la comida, solidaridad con el trabajo y porque no también solidaridad con la esperanza. Allá en nuestra juventud queríamos las ideas y los programas resumían el quehacer en el camino. Fuimos lentamente con el dolor y la sumatoria de la ciencia contemporánea aprendiendo, en la conciencia primero se siente y luego se razona. Padecemos por todas partes todavía a los nietos tardíos del positivismo, que dicen ideas que no sienten, y nosotros pensamos que todos sabedores de cartón si no siente, está claro tampoco nunca descansará solo con sentir, si encima no se suma el saber.
Pero, el saber que no siente, tal vez es banalidad; las ideas, las ideas, las ideas están allí; las que cuentan son las que se logran hacer fuerzas. Las otras van a quedar para adornar las bibliotecas. Pero claro en el continuo acontecer de una sociedad, en nuestra vida cultural, en nuestra republica, por todas partes quedan rescoldos que exigen y reclaman probablemente pedirles esta pompa a los presidentes, en su pose, en su ropa, en los misterios que rodean al poder.
Nosotros somos fieles a que nadie es más que nadie y creemos que nuestra historia nacional republicana es una fragua profunda de muy sencilla democracia primitiva, pero además como si esto fuera poco, como si la historia nacional fuera poco con sus lesiones, hay que sumar que somos definidos de izquierda y por lo tanto luchamos por la equidad y la igualdad entre los humanos. Larga y dura es esa lucha cuyo fin no está a la vuelta de la esquina y por lo tanto no nos parece sostenible éticamente por nuestra forma de pensar, que nos puédanos internar en el viatico de la esplendidez, mientras muchos compatriotas todavía no llegan ni a lo básico. No, precisamente por ser de izquierda, la coherencia no son palabras o decíres, la verdadera coherencia son sentires que pautan nuestra vida concreta, no son comentarios de radio, son conductas de todos los días.
Pero al llegar a estos 77 años, en un larguísimo proceso, tengo que celebrar algo que parecerá muy poco, tengo que celebrar que en este país hay cerca de mil quinientos trabajadores que luchan por gobernarse a sí mismos en cooperativas que no son tramposas, en organizaciones autogestionarias y este es el mejor regalo que me puedan hacer. Espero, sencillamente, que en los próximos tres años puedan llegar a 4 o 5 mil. No será ningún camino para cambiar el mundo. Apenas un aprendizaje para gobernarse a sí mismos. Ser responsables y multiplicar los panes y ver que posible montar esfuerzos colectivos, gobernados por trabajadores.
Nosotros no vamos a dejar recetar, tal vez un poco de sueldo mejorado, vendrán después otros luchadores con sus banderas, pero tengo que señalar que luego de 100 años de luchas y más, yo voy a ver construido un mundo, un intento de construir sociedades mejores a partir de tomar el Estado, utilizar los cambios en los sistemas de producción, con una planificación centralizada y todo ese esfuerzo caer, porque los viejos luchadores fueron sustituidos por burócratas, y enseñarnos que en definitiva no hay recetas válidas y que sigue siendo válido el intento de tratar de lograr un mundo mejor. Pero que los caminos hay que continuar buscándolo, porque es posible que el hombre hacia el futuro, pueda crear realidades donde la riqueza no los separe, no los divida y que en definitiva las bondades de la naturaleza permitan la existencia, junto al conocimiento humano, de sociedades que hoy ni siquiera podemos soñar.
Creer en la vida a pesar de todos los pesares, empieza por creer en la vida de la humanidad.
AUDIO DEL DISCURSO:Discurso de Mujica




