El señor de la guerra

Reseña sobre el último libro de Gonzalo Portocarrero sobre Sendero Luminoso: Profetas del odio

Profetas del odio (raíces culturales y líderes de Sendero Luminoso) es el título del último libro del sociólogo peruano Gonzalo Portocarrero. Este libro es un conjunto de aproximaciones al fenómeno de Sendero Luminoso. El autor señala que aunque su trasfondo sea el sustrato mítico de la sociedad peruana ayacuchana, se concentra en la figura de Guzmán y la cúpula senderista. El libro no pretende convertirse en una obra total sobre este tema, pues está compuesto por un conjunto de ensayos que pueden ser leídos fragmentariamente, no existiendo un nexo de continuidad lineal entre unos y otros.

El fenómeno senderista, señala el autor, ya ha sido estudiado desde diversos puntos de vista; empero, el objetivo de este libro es acercarse a este fenómeno acentuando la importancia de la cultura, afirmando también que la insurgencia senderista tuvo un trasfondo religioso, no por negado menos presente, que no ha merecido la atención y el estudio que su importancia exigen.

En el libro se concluye que Guzmán y su cúpula lograron elaborar una ideología que buscaba articular los odios abiertos por las brechas sociales y las injusticias existentes en el país. Los profetas de nuestra historia, señala el autor, florecen en mundos pobres y sufridos, donde, sin embargo, existe la expectativa de una injerencia divina, que es justamente la anunciada por estos en su llamado al arrepentimiento y el buen obrar.

Esto último no ocurrió con Guzmán, afirma el autor, pues mientras los profetas hacen un llamado al arrepentimiento individual y colectivo antes de que sea muy tarde y que la ira de Dios se desate sobre la tierra, el cabecilla terrorista convoca al odio que tienen que sentir quienes despiertan de una falsa esperanza, de un cruel engaño. Dios para Guzmán no existe, y como Dios ha muerto, no existe manera de contener la ira de los oprimidos. Entonces, el odio debía desbordarse, pues era la única vivencia que podía redimir la minusvalía o la impotencia en las que el pueblo había sido educado.

Por tanto, la propuesta de Guzmán glorificaba la violencia como el medio que haría posible una transformación social que eliminaría la injusticia para siempre; dando lugar a una sociedad reconciliada y pacífica. Este discurso fue calando en la mente y alma de los jóvenes militantes que se convirtieron en la columna vertebral del senderismo. El éxito de esta prédica pasaba por ofrecer a los más jóvenes un sentido grandioso para su vida. Para el autor, este discurso de la violencia y el odio le daba identidad a aquellos que nunca tuvieron nada, convirtiéndolos en depositarios de una conciencia que los habría de redimir de sus sentimientos de culpa y absurdo. En ese sentido, la muerte en batalla para un senderista debía ser vista como parte de su realización humana, la cuota de sangre que todo militante (menos Guzmán, por supuesto) debía derramar en favor de la revolución.

Guzmán, ese Dios al cual rodeaban los militantes como obedientes apóstoles, fue más un profeta que agitó los sentimientos colectivos y exaltó su irracionalidad, que un líder político que argumentó y convenció con razones. Al final del camino se descubrió, y eso es justamente lo que los jóvenes de ahora deben entender, que el movimiento que decía querer abolir las jerarquías, no hizo otra cosa que afianzarlas y reproducirlas a partir de una prédica violentista y fratricida que convierte a Guzmán en un auténtico “señor de la guerra”.

Este artículo ha sido publicado en “La Ley”, número 54, edición julio, periódico mensual del Grupo Editorial Gaceta Jurídica. S.A. 

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