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	<title>MULADAR NEWS &#187; Suicidiario</title>
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		<title>César Pavese: Preparaciones de un suicidio - Ha habido muchos poetas y escritores que se han suicidado. Muy pocos, quizás ninguno, que hubiesen preparado tan cuidadosamente a su muerte propia un lugar exacto, un hueco rigurosamente prefijado en sus páginas.</title>
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		<pubDate>Thu, 02 Feb 2012 02:47:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Muladar News</dc:creator>
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		<description><![CDATA[COMO dijo Susan Sontag a propósito del Diario de Pavese, II mestiere di vivere, el escritor turinés se nos presenta a lo largo de sus quince últimos años de existencia como la encarnación...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><strong><img class="size-full wp-image-4847 alignright" title="cesare-pavese-214x300" src="http://muladarnews.com/wp-content/uploads/2012/02/cesare-pavese-214x3001.jpg" alt="cesare pavese 214x3001 César Pavese: Preparaciones de un suicidio" width="214" height="300" />COMO dijo Susan Sontag a propósito del Diario de Pavese, II mestiere di vivere, el escritor turinés se nos presenta a lo largo de sus quince últimos años de existencia como la encarnación del sufridor ejemplar, como el hombre que se justifica como hombre gracias a la realización de una tarea dolorosa, de un oficio ingrato: escribir; un oficio del que la vida se venga dejando al escritor vacío, como un fusil descargado, ya que el escritor, al con­vertir la vida en página escrita, no hizo más que incinerada (15 de septiembre de 1935).</strong></p>
<p>Diríamos más: que el último sentido de su oficio literario consistió en escribir para tra­tar de alejar la idea del suicidio, para indagar si podría escribiendo no tener que morir. Lejos de ser esto una exageración ensayística, nos parece que constituye la única posible explicación coherente de su vida y de su muerte, de su poesía y de su obra de novelista, de acuerdo con los elementos de juicio que nos ofrecen su Diario y sus Cartas, éstas últimas aparecidas en castellano en una excelente traducción de Esther Benítez (1).</p>
<p>Cesare Pavese confió a su Diario en dos oca­siones la afirmación taxativa de su destino trágico a causa de su incapacidad sexual. Se­gún escribía el 27 de septiembre de 1937, lo fundamentalmente trágico de la vida consis­tía en que las mujeres cuya comunicación deseaba ardientemente no eran más que unas hambrientas sexuales, y en consecuencia, <strong>«el hombre que eyacula demasiado rápidamente haría mejor en no haber nacido. Es un defecto por el que vale la pena matarse»</strong>. Y el 23 de diciembre, tras de referirse a su revelación infantil del sexo como única realidad:<strong> «Era necesaria la impotencia, la convicción de que ninguna mujer goza conmigo, de que nunca go­zará (somos lo que somos), y he aquí esta angus­tia. Por lo menos ahora puedo sufrir sin avergonzarme: mis penas no son ya de amor. Pero éste es verdaderamente el dolor que mata toda energía: si uno no es hombre—, si debemos an­dar entre mujeres sin poder pretenderlas, ¿cómo darse fuerza y resistir? ¿Hay un suicidio mejor justificado?&#8230; »</strong> Como se ve, es la sensación de aplastamiento producida por su insuficiencia sexual la que se conecta directamente con la idea del suicidio. Y si suponemos a semejante sensación corno proyección consciente y adulta de lo que fue ya en su niñez y adoles­cencia una dificultad creciente de comunica­ción, cuyas raíces se sumían tal vez en la au­sencia de la figura paterna y <sup> </sup>el sometimiento a las figuras femeninas —nada perversas, pero sí equivocadas&#8211; que presidieron el ámbito familiar, cabe sostener sin exageración que la vocación literaria de Cesare Pavese, su oficio de escritor, fue el quehacer instintivamente hallado para comunicarse su yo, ya que no con sus semejantes, con sus imaginarias criaturas. Conviene no olvidar que hasta su poesía es mucho más narrativa que lírica, se halla más poblada por fisonomías transeúntes que por sentimientos, aunque éstos no dejen de ser recurrentes.</p>
<p>Que Cesare Pavese nos fuera dejando en sus relatos sucesivas imágenes de sí mismo es algo que no parece ofrecer motivo alguno de duda. Si ponemos en relación el texto de su Diario anteriormente citado, la carta a su amigo Enzo Monferini de unos días después y la fi­gura del narrador en La playa, ese «profesor» que sólo superficialmente ha sido capaz de abandonar por unos días su aislamiento, re­querido por un matrimonio amigo, identifica­remos sin mayor dificultad tres figuraciones de la misma persona. La carta a Monferini (enero de 1938) contiene en efecto elementos de confesión idénticos a los del Diario citado: <strong>«Me encanta poder vivir algún tiempo con voso­tros, como este verano&#8230; Aunque convencido de la insuficiencia de todo comercio humano, tengo una sed terrible de amistad y comunión, como las viejas solteronas. Y vosotros seríais quizá el ideal»</strong>: Así concluye, después de aludir a una tentativa de suicidio provocada, sin du­da, <strong>«por el azote que tú sabes»</strong> y que no pudo ser otro que la desesperación de su impotencia, nuevamente referida con palabras análogas a las del Diario. Par lo demás, en otro lugar de la misma carta a su amigo hallamos resumida con excepcional claridad toda la filosofía de Pavese, la de su intimidad, la de su actitud religiosa y hasta la de su perspectiva histórica:<strong> «Es imposible entenderse entre hombre y hom­bre; imagínate entre hombre y mujer» </strong>. En cuanto a la caridad, es inútil, sin la confianza en un Dios históricamente encarnado no es más que una patraña. <strong>«Si Dios no existe, todo está permi­tido»</strong>. Y como no existe, el poderío es la única ley. O vivir fuera del mundo (y, ¿cómo es posible, si vivir significa estar en el mundo?), o aceptar, aunque sea civilizada y peinada, la ley del pode­río. <strong>Soy pesimista yo también, pero esta vez en serio.</strong> No creerás que estoy errado si olvidando por un momento vuestras familias y vuestros hijos, deseo una buena conflagración 1914-18 donde pueda quemarse no sólo ,ni humilde per­sona, sino también toda la clase de los intelec­tuales desplazados ante las sacrosantas revolu­ciones autoritarias. Es mi más caro deseo. Ex­cluyo de él, naturalmente, a los amigos para los cuales me desagradaría; y vivo, en suma, con la mentalidad del suicida, cosa mucho peor que el suicidio consumado, que es sólo una operación sanitaria». Quien escribía esta carta era aquel profesor que después de haber vagado por en­tre las sombrillas de la playa, sus amigos y las mujeres o las amigas de éstos, no era capaz siquiera de sentirse especialmente solo al marcharse todos —como se sentía su joven amiga y alumno Berti&#8211; porque en realidad tampoco había roto el cerco de su soledad ni se había podido encontrar acompañado cuanto estaban aún todos allí.</p>
<p>El conjunto de estas Cartas —que abarcan toda la vida de Pavese, desde sus dieciocho años hasta unas horas antes de su muerte—constituyen una parte integrante de la obra misma del escritor, y no sólo de su biografía. Quizás incluso con mayor nitidez que el Diario, las cartas nos desvelan la intimidad de ese narrador que de un modo o de otro interviene en todos los relatos de Pavese, especie de yo lírico que si no es Pavese mismo, es al menos el resultado de la reflexión de Pavese ante el es­pejo de su propia y difícil intimidad.</p>
<p>La colección se abre con dos piezas ejempla­res, arquetípicas: la carta del alumno al profe­sor, cuando ambos han traspuesto el umbral que los convierte en discípulo y maestro res­pectivamente, en la que el primero reclama apasionadamente la atención del segundo con su llamada a la severidad y la crónica de sus lecturas tumultuosas —el profesor no era otro que Augusto Conti, de honda influencia du­rante años en la orientación de Cesare&#8211;; y la carta al amigo, a Tullio Pinelli concretamente, escrita con la apariencia de suficiencia y aun de petulancia con que en la comunicación epistolar de unas vacaciones se lanzan recí­procamente los « perros jóvenes» sus descu­brimientos frenéticos, de libros, de ideas o de tentativas de creación: sin que falte siquiera la confesión del « hijo del siglo»: <strong>«Soy uno de los muchos hijos empapados del XIX. Demasiado grande, en pensamiento, sentimientos y acción, fue ese siglo; igualmente grande, por ley históri­ca, debe ser el abatimiento de los que ya no pueden creer en sus ideales y que no saben en­contrar resueltamente otros nuevos&#8230; (&#8230;). Tan­teo así, entre lo sombrío y lo claro, lleno de sen­timientos discordes&#8230; No sé lo que quiero. O mejor dicho lo sé, pero no sé alcanzarlo.<strong>»</strong></strong></p>
<p><strong>&#8220;Necesitaría un alma fuerte, un carácter que se impusiera a toda la anarquía que reina en mi inte­rior&#8230;»</strong>: Nada, en efecto, que no haya sido es­crito en múltiples ocasiones por aprendices, más o menos aventajados, de futuros escrito­res; aunque ello no implique en absoluto que deban desdeñarse experiencias que son inevi­tables. Pero en cambio, pocos meses después, en sendas cartas de enero y abril de 1927 a otro amigo íntimo, Mario Sturani, nos sale ya al paso un destello inquietante que nos permite ver dibujarse los primeros rasgos de su trágico destino. Acaba de suicidarse un amigo común, y Pavese remite a Sturani un poema en el que divaga en soledad sobre su propia muerte: como un ensayo de suicidio tratando de ima­ginar cómo habría de resonar<strong>,</strong> el tremendo sobresalto del disparo en la noche en que le hubiese abandonado la úl­tima ilusión&#8230; La segunda carta aludida es más explícita. Ante todo, la sorprendente afirmación en el muchacho que aún no ha comenzado a escribir, de que no volverá a hacer­lo:<strong> «Así, pues, has de saber que no volveré a escribir. No volveré a escribir, estoy casi seguro. No tengo ya fuerzas y, además, no tengo nada que decir. Una vez llegado a los versos del revól­ver sólo queda dejar la pluma y proceder a los hechos»</strong>. ¿Qué había ocurri­do? Que se sentía enamorado al mismo tiempo que <strong>«incapaz, tímido, perezoso, inseguro, débil, medio loco&#8230;»</strong>; que no creía poseer energías suficientes para aquella conquista, y, de tenerlas, no se hallaba seguro de que valiera la pena. Mientras tanto, no consigue embrute­cerse y se contenta con las satisfacciones del autoerotismo. Al final, aunque intente vana­mente soslayar el problema, transparece su origen: ninguna mujer le ha aceptado nunca (y el joven Pavese está convencido de que nunca ninguna le aceptará en el futuro), Como ya habrá advertido el lector, estamos ante los primeros síntomas de lo que diez años más tarde expresará Pavese inequívocamente en su Diario en forma de pleno diagnóstico.</p>
<p>También la problemática religiosa de Cesare Pavese tiene en estas Cartas algunas notables clarificaciones. Una larga misiva a Tullio Pi­nelli, 18 de agosto de 1927, entre airada e iró­nica, nos ofrece la crónica, así intelectual como emotiva, de sus actitudes religiosas. Ante todo, viene a decirle a su amigo, no se siente como el tipo de hombre al que las con­clusiones de los pensadores pueden satisfacer; y se define a sí mismo como el «horno logicus et plus que vive a la sombra de las chimeneas de las fábricas y (&#8230;) de vez en cuando se retira también a una iglesia, pero más a menudo a un burdel para pensar en sus cosas». Pavese entiende que la religión, el catolicismo en parti­cular, es un vasto sistema cuidadosamente calculado para ofrecer seguridad, y que de he­cho se la comunica a quienes le aceptan; pero él cree haber podido identificar muchas de sus contradicciones. En consecuencia, le parece  inaceptable, así como poco menos que odiosa la seguridad de sus adeptos. Resultado pre­sumible a priori si se advierte que semejante concepción religiosa —y aunque ahora deje­mos a un lado su desvío teológico—, resulta intolerable para quienes, como Pavese, no tie­nen otro destino que asumir su inseguridad como forma de existencia, hasta las heces, o morir. Mientras tanto, la carta concluye con un canto dolorido a la vida:<strong> e&#8230; tú, con todo tu San Francisco, nunca me has sabido decir nada sobre los sufrimientos de los animales y ni si­quiera los sentías. Yo he temblado por ellos du­rante años, y esta es mi vida, vida entre las cosas vivas, y la aversión a la muerte, y todos los sen­timientos, todas las pasiones, las fábricas y las iglesias, los burdeles y los poetas, los científicos, los hospitales, tos suicidios y las revistas&#8230; Yo trato de vivirlo todo con un ardor que se relaja sólo para reanimarse y sufro, sufro divinamente por mis deseos más lancinantes o mis desespe­raciones más viles. Y si amo también los libros es porque en fin de cuentas los libros son parte del mundo, como las mujeres, los árboles, los animales, las flores, los poetas, las fábricas, las estrellas y esta maravillosa carta mía»</strong>: Mueca por cierto esta última, como algunas otras en el transcurso de la carta, que difícilmente lo­gra encubrir los rictus del más hondo sufri­miento.</p>
<p>La correspondencia de los años 1928-1935 nos revela sobre todo el concienzudo proceso de profesionalización de Pavese, en especial como traductor. Es evidente que fue la doble disciplina que se impuso —de traductor-escritor— lo que contribuyó a aliviar su ín­tima desolación y le permitió realizarse hasta el punto más alto que alcanzó su frágil perso­nalidad. Las cartas a Antonio Chiuminatto, amigo avecindado en Wisconsin, nos hablan de la seriedad con que Pavese se tomó su tarea, del encarnizamiento de su aprendizaje del idioma americano. Es sabido cómo las tra­ducciones de Pavese, junto con las de su amigo Vittorini, además de la obra literaria de crea­ción de ambos, cambiaron el panorama novelístico italiano en unos pocos años. Otro factor de sostenimiento del amenazado equilibrio de la existencia de Pavese habría sido su gran amor por la «<strong>señorita</strong>», la enigmática mucha­cha de la que estuvo enamorado por esta misma época, pero semejante extremo biográ­fico carece de documentación en la corres­pondencia del escritor.</p>
<p>El 15 de mayo de 1935 era detenido Pavese en Turín junto con un nutrido grupo de intelec­tuales antifascistas. Como más tarde escribirá a su hermana, nunca se había ocupado de polí­tica, pero la política empezaba a ocuparse de él. Tras varios meses de cárcel en Turín y Ro­ma, se le confina a un pueblecito de Calabria, junto al mar, donde habrá de permanecer hasta la prima vera del año siguiente. A los famosos confinamientos mussolinianos de­bemos más de una obra literaria, y cualquiera puede recordar el espléndido Cristo se detuvo en Eboli, de Carlo Le vi, detenido por cierto y confinado al mismo tiempo que su amigo Pavese. Pero lo que para Levi se convirtió en ocasión de una rica experiencia humana —la forzosa permanencia en Lucania le llevó a sa­lir fuera de sí mismo y convivir con aquellas gentes olvidadas—, no fue para Pavese otra cosa que empujón hacia el fondo de su pozo de soledad. Están las cartas a su hermana María, en las que pide libros o dinero e intenta tranquilizar a su familia; o a los amigos que se ocupan de la impresión de su primer libro de versos. Pero el 17 de septiembre de 1935 es­cribe a una mujer no identificada: <strong>«Yo paso los días (los años) en este estado de espera que en casa sentía algunas tardes de dos y media a tres. Siempre, como el primer día, me despierta por la mañana la punzada de la soledad. Es imposible describirte mis ansias. Mi pena no es la escrita, eres tú; y lo sabía muy bien quien así nos alejó. No escribo ternuras; el por qué, ya lo sabemos; pero ten la seguridad de que mi último recuerdo humano es el 13 de mayo. Te agradezco todos los pensamientos que has tenido para mí. Yo para ti sólo tengo uno, que no cesa jamás&#8230;»</strong>. Y en diciembre concluye así sarcástica­mente una carta al profesor Monti: <strong>«Este jú­bilo que ilumina mis páginas ya habrá usted comprendido que nace justamente de la enormi­dad de la aflicción, por lo cual uno decide bur­larse de todo. Tenga en cuenta que me despierto unas seis veces cada noche y que cada vez inicio la lucha en busca del espíritu (el aliento). Por lo demás, todo va como un guante (roto)».</strong></p>
<div id="attachment_4385" class="wp-caption alignright" style="width: 232px"><a href="http://muladarnews.com/wp-content/uploads/2012/01/Constance-Dowling.jpg"><img class="size-medium wp-image-4385" title="Constance Dowling, musa perfecta que disolvió la vida de Pavese " src="http://muladarnews.com/wp-content/uploads/2012/01/Constance-Dowling-232x300.jpg" alt="Constance Dowling 232x300 César Pavese: Preparaciones de un suicidio" width="232" height="300" /></a>
<p class="wp-caption-text">La actriz Constance Dowling</p>
</div>
<p>El colmo del patetismo rezuma en una carta a su hermana de febrero del año siguiente:<strong> «De alma estoy muy mal. Mi estado lo podría descri­bir así. Uno que tenga una gran postilla, medio arrancada, sujeta a la carne por filamentos. La herida hace muchísimo daño, cada movimiento (incluso la respiración) sacude los filamentos que sujetan la postilla a la carne y hace llorar de dolor. La solución es, sin duda, arrancar decidi­damente la postilla y eso es lo que hago todos los días. Pero la postilla se regenera y sigue doliendo y colgando a los filamentos y hay que arrancarla de nuevo. Vuelve a regenerarse, y otra vez fiiera. Es un juego que dura ya nueve meses. Todo lo que me ocurre a lizí y lo que me imagino que ocurre en Turín ahonda la llaga. Si pienso en el pasado para consolarme, también en él sólo en­cuentro una dolorida postilla. Y truncar el mal con el antiguo sistema, no puedo hacerlo, por­que uno piensa que, aun después de muerto, la postilla subsiste. Si me estoy quieto me hace daño, y si me muevo también&#8230;»</strong>. Parece un fragmento kafkiano.</p>
<p>A medida que se avecina el final de su confi­namiento —éste concluiría el 15 de marzo—comienza a agudizarse en Pavese la «morde­dura de escualo» de la lejanía y del silencio de&#8230;; como si fuese ahora cuando cayera Ce­sare en la cuenta de que ella nunca le había escrito, ni siquiera por su cumpleaños. Se anuncia el tremendo derrumbamiento inte­rior de Pavese al regresar a Turín y averiguar lo sucedido: ella se ha ligado a otro hombre&#8230; No parece exagerado afirmar que a partir de este momento, y a pesar de toda su obra realizada precisamente durante los catorce años que va a seguir viviendo, Pavese ya no será más que un superviviente de sí mismo, y su obra precisamente una acongojada indaga­ción del hombre solitario, del hombre deste­rrado de la mujer, aunque no «sin mujeres». La atmósfera de sus mejores relatos estará siempre atravesada por seres distantes e ina­sequibles, muertos incluso antes que logrados. Gisella, la insinuante muchacha de Paesi tuoi, morirá absurdamente en una incomprensible lejanía. La protagonista de La bella estate errabundeará sin remedio lejos de sí misma y del hombre al que no ha podido amar.</p>
<p>Después de la etapa de confinamiento Pavese siguió derramando día tras día su intimidad en sus cartas, al mismo tiempo que proseguía, también hasta su muerte, el Diario iniciado en Calabria. Hoy cabe leer paralelamente cartas y diario y observar hasta qué punto, y sin que dejen de encontrar su expresión en ambos los acontecimientos exteriores, intelectuales o políticos —la guerra mundial, por ejemplo, y el desenlace de la era mussoliniana—, la parte del león se la lleva en diario y cartas la aflic­ción cotidiana, el dolorido sentir de aquel «animal solitario», de aquella «águila enjau­lada» —expresiones suyas literales— que fue el autor de los Diálogos con Leucó.</p>
<p>Entre las páginas más lúcidas de esta corres­pondencia se hallan sin duda las del autoaná­lisis remitido a su amiga Fernanda Pivano —otro amor frustrado—, y en las que Pavese reconoce su soledad deliberada y su necesidad rabiosa de amistad, ambas a la vez, ambas repartiéndose cruelmente las mitades del alma del escritor: <strong>«Durante un largo período, P. alcanzó una estoica ataraxia mediante la re­nuncia absoluta a todo lazo humano, salvo el abstracto de escribir&#8230; aguantaba, porque sabía que un derrumbamiento hacia las criaturas, ha­cia cualquier criatura, sería sólo una recaída, no un renacimiento&#8230; se produjo el derrumbamien­to&#8230; Ahora paga cada instante de la ficticia sole­dad que se había creado. La vida se venga con una verdadera soledad. Así sea, como quiere la vida»</strong>.</p>
<p>Se podría hablar también de un arduo proceso en Pavese de purificación interior que le hace crecer a nuestros ojos en hondura y limpieza de alma. En una carta de 1945 a una amiga, le confiesa:<strong> «Bromeando, alguna vez he dicho que soy católico, pues bien, esto es católico (o cris­tiano, si quieres). Creer en las almas ajenas y respetarlas»</strong> : El resto es una auténtica confe­sión —incluso en el sentido católico de la pa­labra— una auténtica y humilde confesión de tareas de traducción, que el locus de toda su conciencia es un tormento de origen religioso.</p>
<p>Sólo unos días antes de su muerte, dentro del mismo mes de agosto de 1950, escribe su úl­tima carta esencial, la despedida a su amor postrero, la joven Pierina: <strong>Pierina, quisiera ser tu hermano&#8230; Si me he enamorado de ti no es sólo porque, como suele decirse, te desease, sino porque tú eres de mi misma pasta&#8230; (&#8230;)&#8230; ¿Puedo decirte, amor, que nunca me he despertado con una mujer a mi lado, que cuando amé nunca me tomaron en serio, y que ignoro la mirada de reconocimiento que una mujer dirige a un hom­bre?</strong> <strong>¿Y recordarte que, por culpa del trabajo que he hecho, siempre he tenido los nervios en tensión y la fantasía dispuesta y precisa, y el gusto por las confidencias ajenas? ¿Y qué estoy en el mundo hace cuarenta y dos años? No se puede quemar la vela por los dos cabos, en mi caso la he quemado toda por un solo lado y las cenizas son los libros que he escrito»</strong>. El destino de Cesare Pavese estaba cumplido. En sus últimas cartas seguirá oscilando entre el descreimiento —no advierte por ninguna parte la bondad divina— y la nostalgia, incré­dula, desde luego, de algún paraíso. Como se supo luego, sus llamadas angustiosas desde la habitación del hotel de Turín quedaron sin respuesta. De responder alguien, fue sin duda aquel Dios cuya acogida no aguardaba.</p>
<h3><strong>Carta De Cesare Pavese a Constance Dowling.</strong></h3>
<blockquote><p><strong>Turín, 17 de abril de 1950</strong></p>
<p>No tengo más aliento para escribir poesía. Las poesías llegaron contigo y se fueron contigo. He escrito ésta hace algunas tardes, durante largas horas mientras esperaba, vacilante, poder llamarte. Perdóname la triteza, pero también contigo estaba triste. Observa que he comenzado con una poesía en inglés y la termino con otra cosa. En eso cabe toda la apertura que he experimentado en estos meses: el horror y la maravilla. Querídísima, no tomes a mal que siempre esté hablando de sentimientos que tú no puedes compartir. Por lo menos puedes comprenderlo. Quiero que sepas que te agradezco con toda el alma. Los pocos días de maravilla que he arrancado de tu vida eran casi demasiado para mí; bueno, ya pasaron, ahora comienza el horror, el horror desnudo y estoy preparado para afrontarlo. La puerta de la prisión ha vuelto a cerrarse con estrépito. Querídísima, no volverás nunca a mí, inclusive si regresas a Italia. Ambos tenemos determinadas cosas que hacer en la vida que tornan improbable que podamos encontrarnos de nuevo, excepto si nos casáramos, cosa que he anhelado desesperadamente. Pero la felicidad es algo que se llama Joe, Harry o Johnny; no Cesare. ¿Me creerás si te digo -ahora que no puedes tener sospechas de que estoy recitando para coaccionarte de alguna manera- que esta noche he llorado como una criatura pensando en mi suerte -y en la tuya- pobre mujer, fuerte, hábil, desesperada en la lucha por la vida? Si he dicho o hecho alguna vez cosas que no podías aprobarme, perdóname. Yo te perdono todo este dolor que me carcome el corazón, sí, te aseguro, le doy la bienvenida. Este dolor eres tú, la verdadera maravilla y el verdadero horror de ti. Rostro de primavera, adiós. Te deseo éxito en tus días y un matrimonio feliz, sí. Rostro de primavera, he amado todo de ti, no sólo tu belleza, lo cual sería demasiado fácil, sino tu fealdad, tus momentos desagradables, tu tache noir, tu rostro hermético. No te olvides de eso.</p>
<p>Cesare.</p></blockquote>
<p><strong>Francisco Pérez Gutiérrez</strong></p>
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		<title>La nave de los locos &#8216;Stultifera Navis&#8217; - ...La vida es más infernal que el infierno mismo...</title>
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		<pubDate>Sat, 28 Jan 2012 00:41:01 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Muladar News</dc:creator>
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		<description><![CDATA[La figura del loco es importante en el siglo XV: es amenazador y ridículo, muestra la sinrazón del mundo y la pequeñez humana, recuerda el tema de la muerte, muestra a los humanos...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img src="http://muladarnews.com/wp-content/uploads/2012/01/Stultifera-Navis1.jpg" alt="Stultifera Navis1 La nave de los locos Stultifera Navis" title="" width="500" height="365" class="alignnone size-full wp-image-4886" /></p>
<p>La figura del loco es importante en el siglo XV: es amenazador y ridículo, muestra la sinrazón del mundo y la pequeñez humana, recuerda el tema de la muerte, muestra a los humanos una alegoría de su final seguro. La demencia es una señal de que el final del mundo está cerca. El loco, en esta época, está vinculado a un saber oscuro.</strong></p>
<p>Esta concepción va cambiando con el tiempo. En el mundo literario, la locura sirve de sátira moral: la presunción (el loco se da atributos que no posee), el castigo (la sinrazón le sobreviene por los excesos de la pasión), la verdad por la doble mentira&#8230; Se la empieza a considerar irónicamente, como un mundo de ilusiones, como una figura conocida y menos temible.</p>
<p>Poco a poco cambia el antiguo panorama amenazador del loco, su fluir un la barca incontrolada. El espacio del Hospital es crucial en este cambio; el loco es ya retenido entre las cosas y el mundo, y encerrado, a comienzos del siglo XVII. La experiencia clásica de la locura se está forjando. La locura está entre nosotros, dócil y visible.</p>
<p style="text-align: right;"><strong>Por María Velasco</strong><br />
Un loco tocado de la maldición del cielo<br />
canta humillado en una esquina.<br />
Sus canciones hablan de ángeles y cosas<br />
que cuestan la vida al ojo humano.<br />
La vida se pudre a sus pies como una rosa<br />
y ya cerca de la tumba, pasa junto a él<br />
una princesa.<br />
(Leopoldo María Panero)</p>
<p style="text-align: justify;">La nave de los locos es el navío donde se transportaba en la antigüedad a posesos y desequilibrados rumbo al exilio. Como Foucault explica en su Historia de la locura en la época clásica, no todos los locos eran expulsados, sólo aquellos particularmente extraños, particularmente molestos. Entregados al mar, “esa gran incertidumbre exterior de todo”, se convertían en “prisioneros en medio de la más libre y abierta de las rutas”.</p>
<p style="text-align: justify;">También en el arte existe un barco ebrio, siempre naufragado, que dejó los umbrales de la razón y permanece ajeno al sistema, los museos y las academias, la crítica y el mercado. Sus tripulantes, cada uno con su mitología individual, han saltado por encima de la ratio de su tiempo, por eso se les llama locos (“nunca hay locura más que por referencia a una razón”, dice Foucault). Se trata de insensatos que, para escándalo de los cartesianos, se imaginan “ser muletas o tener un cuerpo de vidrio” e insultan a la comunidad artística con obras imposibles como “círculos cuadrados”. Con el tiempo, en algunos casos, Historia o Vanguardias los absuelven y mudan su camisa de fuerza por la toga deslucida del genio maldito, si bien serán siempre objeto de censura por haber aplastado a su paso las flores inocentes de la razón.</p>
<p style="text-align: justify;">En la historia de la locura el encierro desplaza al embargo. Cerraduras, candados, barras de hierro… Todo es inútil para contener al genio. <strong>El artista enajenado sigue creando desde el aislamiento, la habitación sin vistas del hospital psiquiátrico.</strong> Para muchos de ellos el acto artístico tiene el rango de una evacuación corporal, una eyaculación necesaria; si no hubiesen sido artistas, serían asesinos.</p>
<p style="text-align: justify;">Antonin Artaud es el ejemplo perfecto. Gérard Durzoi cuenta que cuando el doctor Toulouse lo vio por primera vez intuyó que se trataba de un ser excepcional, de esa raza que produce a los Baudelaire, los Nerval o los Nietzsche… “Este hombre está en la cuerda floja, a punto de desplomarse pese a su genio. ¿Se podrá evitar?”</p>
<p style="text-align: justify;">Artaud nació el 4 de septiembre de 1896, en Marsella. Sufrió crisis nerviosas desde la infancia que fueron in crescendo. Se sabe que hizo uso del opio y el laúdano a fin de calmar su dolor. Escritor y dibujante, actor y guionista ocasional para el cine, fue ante todo un hombre de teatro. Pasó por largos periplos de internamiento y fue víctima directa de un conjunto de atrocidades en nombre de la ciencia, tales como el electro-choque. A intervalos, se relacionó con el grupo surrealista; como ellos, deseaba una “desvalorización general de los valores, la depreciación del espíritu, la desmineralización de la evidencia, una confusión absoluta y renovada de las lenguas, la desnivelación del pensamiento…” (G. Durzoi). No obstante, Artaud se reconoció a sí mismo “demasiado surrealista” para embarcarse en la “nave surrealista”; claro, la suya era la nave de los locos (en palabras de André Breton, Artaud se había pasado “al otro lado”).</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>“De lo que se me acusa, y por lo que llevo ocho años internado (…), es de haber intentado encontrar la materia fundamental del alma y devolverla en fluidos sustanciales (…) y no admito que un poeta como yo haya estado encerrado en un asilo de alienados por haber querido realizar en la vida su poesía” (Antonin Artaud)</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Desde una demencia que se define “revolucionaria a perpetuidad”, Artaud protesta, rostro gesticulante, contra la razón castradora, el juicio de Dios, la práctica psiquiátrica <strong>(“porque hace del individuo otro del que debería ser”)</strong> y la elaboración intelectual y/o lingüística que no tiene su raíz en el dolor, que no tiene su raíz en el cuerpo. Su causa conlleva pervertir el lenguaje o secretar, supurar, uno nuevo que retorne al grito. Toma así el relevo de Lautréamont, otro tripulante en la nave de los locos, que da lugar a la primera crisis importante del verbo. En relación a esto, Roy Porter, en su Breve historia de la locura, relata la anécdota de un interno que en un asilo de lunáticos detuvo a los inspectores que hacían la visita de oficio y se quejó de que le habían quitado su lenguaje. Artaud, por su parte, se niega a pensar con la lengua que otros han pensado antes (para él); “todo lenguaje verdadero –llega a decir- es incomprensible”. Las papillas silábicas de sus últimos poemas son, como los garabatos de Strindberg (muchos le conocen como literato, pero no como antecesor del arte abstracto), la caligrafía del “razonamiento que la razón proscribe”. No obstante, el proceso de heroificación por el que, a veces, el poeta terminal se hace con el título nobiliario de “príncipe de las tormentas”, no ha dejado de lado al desgraciado de Artaud, sino todo lo contrario. Foucault confirma que esta figura ha pasado a “pertenecer al suelo de nuestra lengua y no a su quebrantamiento”; su correlato en el mundo pictórico es Van Gogh. Cuando Artaud conoció su obra, en 1947, se solidarizó; sintió, afirma Durzoi, que “el pintor había vivido una aventura y una lucha exactamente análogas”.</p>
<p style="text-align: justify;">En un texto brillante, Van Gogh, le suicidé de la societé, describió sus pinturas como una <strong>“especie de música de órgano”,</strong> de “fuegos de artificio”, “una sempiterna e intempestiva transmutación”.</p>
<p style="text-align: justify;">Se puede hablar de la buena salud mental de Van Gogh que, durante toda su vida, sólo se ha cocido una mano y no ha hecho otra cosa, por lo demás, que cortarse una vez la oreja izquierda”. (Antonin Artaud)<br />
Después de lo de la oreja, el loco del pelo rojo fue internado en el manicomio de Sain-Rémy, donde se le permitió pintar. Su arte nunca revistió las características consideradas como propias del “art brut”, apelativo de Dubuffet para el arte “a salvo de la cultura” (algunos psiquiatras señalaron la distorsión, la repetición, el absurdo, la obscenidad y el simbolismo cualidades inherentes a las pinturas de los locos… Claro que, por esta norma, expresionistas, surrealistas y todo el pelotón de artistas de vanguardia sufrirían males neurológicos). Mucho antes de su internamiento, Van Gogh, consciente de su situación, se confesaba por carta…</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>“Me consideran un hombre excéntrico y desagradable y, sin embargo, hay en mí una especie de música serena y pura”. </strong><strong>(Van Gogh)</strong></p>
<p style="text-align: justify;">El artista puso fin a su vida con un tiro en el pecho, como es sabido de todos, sin haber vendido nunca ni un solo cuadro. Según Artaud, él no se mató, la sociedad lo hizo: se lo comió, para saciar su decoro.</p>
<p style="text-align: justify;">Van Gogh y Artaud, pero también Rimbaud, Lautréamont, Blake, Baudelaire, Strindberg, Nietzsche y muchos más… Quizá no estuviesen locos. De sí mismo, afirma Leopoldo María Panero<strong>: “seré un monstruo, pero no estoy loco”</strong>. Monstruos, todos ellos también, por su propia excelencia; porque conocen verdades insoportables que la sociedad no quiere escuchar; porque rechazan el pensamiento medio y se arrojan a lo extremo, o porque una revelación extraordinaria ha resquebrajado su condición humana. Esta revelación, con todos sus “engranajes” de horror, nunca antes se mostró tan vívida como en los textos de Ryunosuke Akutagawa. El escritor japonés había visto morir a su madre loca cuando sólo era un niño. Después de notar las primeras paranoias y los primeros síntomas de esquizofrenia, creyéndose en posesión de una terrible herencia, se suicidó.</p>
<p style="text-align: justify;">Su relato<strong> Engranajes</strong> es la descripción minutada de una lenta agonía bajo la drogaína de la locura, o del pánico a ella: pasillos de hotel que se transforman en pasillos de prisión; uniformes de color; el infierno de Dante; engranajes que simulan seres humanos, seres humanos que simulan engranajes; el Alegato de un loco; retratos con sonrisa sardónica; “la vida es mas infernal que el infierno mismo”; la humillación; esperar la calma <strong>“como un anciano que espera la muerte después del largo sufrimiento de una enfermedad”</strong>; insomnio; medicación; un cuento interruptus, como un coito; “si las drogas no te curan, puede que lo haga el cristianismo”; whisky; una carta en mil pedazos; “es natural en el hijo de un loco”; Dostoyevsky, sólo una distracción… “¿Sabes de alguna enfermedad de los aviones?”</p>
<p style="text-align: justify;"><strong>Ya no tengo fuerzas para seguir escribiendo. Es inexpresablemente doloroso vivir en este estado mental. ¿No hay nadie que venga y me estrangule en silencio mientras duermo? </strong><strong>(Ryunosuke Akutagawa)</strong></p>
<p style="text-align: justify;">Hasta aquí esta travesía con la nave de los locos, hasta aquí este viaje fáustico (Fausto, no consiguiendo saciar su apetito existencial con los saberes fundados, el humanismo, volvió sus ojos al esoterismo, a la magia, a lo irracional). Sí, queda pendiente arrojar por la borda los cadáveres de la razón. No se trata de hacer una apología de la locura, sino de dinamitar el pensamiento ordinario… Un día no muy lejano, no sabremos distinguir bien lo que ha podido ser la locura. A día de hoy, siguiendo la consigna de Lessing, quien no pierda la cabeza es porque no la tiene.</p>
<p style="text-align: justify;">—<br />
Bibliografía<br />
Akutagawa, R. Vida de un loco. Emece Editores.<br />
Durozoi. G. Artaud, la enajenación y la locura. Guadarrama.<br />
Foucault. M. Historia de la locura en la época clásica (2 volúmenes). Fondo de cultura económica.<br />
Porter. R. Breve historia de la locura. Fondo de cultura económica.</p>
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		<title>Pizarnik, Storni, Woolf y Plath: El silencio de corazón - Morir por cuenta propia, fue para estas cuatro grandes escritoras del siglo XX renunciar al papel que la sociedad les imponía, y poner el foco de atención sobre sus obras: grandes, eternas ya clásicas.</title>
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		<pubDate>Wed, 03 Nov 2010 07:51:28 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Muladar News</dc:creator>
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			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="aligncenter size-full wp-image-5085" title="escritoras" src="http://muladarnews.com/wp-content/uploads/2010/11/escritoras1.jpg" alt="escritoras1 Pizarnik, Storni, Woolf y Plath: El silencio de corazón" width="500" height="292" /></p>
<p>Alejandra Pizarnik nunca dejó de sentirse como una eterna extranjera, tanto en su tierra como en su cuerpo. Poeta, intelectual, melancólica, añoraba sus raíces perdidas –era hija de emigrantes rusos en Argentina– y jamás se sintió a gusto frente a un espejo, pues creía que su desgarbada figura la hacía ver como una mujer atrapada en el cuerpo de una niña. A sus 36 años, mientras pasaba un fin de semana fuera de la clínica siquiátrica en donde se encontraba internada, tomó la decisión de ingerir una alta dosis de Seconal y de acabar con su vida. Alguna vez escribió los siguientes versos, de los que se infiere su entrega total a la literatura y su decidida vocación suicida: “Ojalá pudiera vivir solamente en éxtasis, haciendo el cuerpo del poema con mi cuerpo (…) infundiéndole al poema mi soplo a medida que cada letra de cada palabra haya sido sacrificada en las ceremonias del vivir”.</p>
<p>Pizarnik no es la única escritora que ha decidido acabar con su vida. Virginia Woolf, Alfonsina Storni y Sylvia Plath son sólo algunos de los nombres de aquellas que ha compartido el trágico destino de la locura, la escritura y la muerte. Fueron mujeres rechazadas por la sociedad en la que vivieron y que nunca encontraron un lugar desde el cual expresarse, volcando sus confesiones hacia la literatura, escribiendo los más íntimos relatos en donde prima una obsesión macabra con la muerte. Tal es así que, hasta el día de hoy, sus obras son examinadas bajo el lente del suicidio. Como si su trágico destino se uniera a otro destino poético en donde yacen sus más sentidos fragmentos. Como si aquella frase del Mito de Sísifo de Albert Camus que dice “el suicido es un acto que se prepara en el silencio del corazón, lo mismo que una gran obra” se refiriera ellas.</p>
<p>Alfonsina Storni –argentina, poeta y suicida como Pizarnik–, haciendo gala de su estilo modernista, escribió el siguiente poema para su amigo, el escritor uruguayo Horacio Quiroga, cuando supo que él se había suicidado: “Morir como tú, Horacio, en tus cabales, /Y así como en tus cuentos, no está mal; / Un rayo a tiempo y se acabó la feria&#8230; /Allá dirán. /Más pudre el miedo, Horacio, que la muerte / Que a las espaldas va (…)”.</p>
<p>Lo que muchos no saben es que Alfonsina Storni fue una de las voces más poderosas del feminismo en América Latina a principios del siglo XX. Hija de emigrantes suizos, se vio obligada a mantenerse desde muy joven, lo que forjó en ella un carácter recio e independiente. Fue una de las pocas mujeres profesionales que frecuentaban los círculos de intelectuales porteños –exclusivamente masculinos– y generó gran cariño entre escritores como José Ingenieros y Horacio Quiroga. Pero no sólo eso, Storni aprovechó el espacio de opinión que le brindó el diario La Nación para declararse abiertamente atea y socialista, además para hablar de sus experiencias como madre soltera. Desde allí confrontaba a las mujeres de alta sociedad que veían en su realización profesional un impedimento para conseguir un buen marido. Ni hablar de sus poemas, gritos de protesta en donde cantaba a la vida y al erotismo, que fueron mal recibidos por la crítica pacata que no entendía que, para Storni, la poesía era un terreno en donde podía conquistar la libertad.</p>
<p>A los 46 años le diagnosticaron cáncer de mama y tuvo que sufrir una mastectomía de la cual nunca pudo recuperarse; se sentía incompleta y mutilada. El 25 de octubre de 1938 se arrojó al mar desde la escollera de la playa de La Perla en Mar del Plata. Para ella el suicidio fue un ejercicio del libre albedrío y una manera de evadir el dolor del cáncer terminal que la estaba invadiendo. En 1969 los músicos Ariel Ramírez y Félix Luna le compusieron la canción Alfonsina y el mar, la cual fue ampliamente difundida por Latinoamérica, lo que contribuyó a mitificar su muerte.<br />
Otra gran escritora y combatiente feminista que también eligió morir ahogada fue la escritora e intelectual inglesa Virginia Woolf. El 28 de marzo de 1941, a sus 59 años, llenó los bolsillos de su abrigo con piedras y se sumergió en las aguas del río Ouse. Loca –como la Ofelia de Hamlet, quien también se arrojó al río– le escribió una última carta a su esposo Leonard en donde manifestaba gran impotencia para enfrentar una próxima crisis nerviosa que la alejaría del todo de la escritura. “Creo que no puedo superar otra de aquellas terribles temporadas. No voy a recuperarme en esta ocasión. (&#8230;)Ni siquiera puedo escribir esto correctamente. No puedo leer. (&#8230;) No creo que dos personas pudieran haber sido más felices de lo que nosotros hemos sido”.</p>
<p>Al igual que Storni, Woolf se abrió campo en los círculos intelectuales de su época. Fue miembro activo del grupo de Bloomsbury –que tenía como miembros al filósofo Ludwing Wittgenstein y al economista J. M. Keynes– y junto con su esposo fundó la importante editorial Hogarth Press, primera en editar la obra completa de Sigmund Freud y de T. S. Elliot. Era una buscadora infatigable. De manera aguda expresó en el ensayo feminista Un cuarto propio, la manera como las labores domésticas no permitían que la mujer accediera a su interioridad para poder escribir. Sin embargo, fue en la exploración de su intenso mundo interior donde se dispararon sus crisis nerviosas más agudas, pues en el momento de escribir Woolf bordeaba su propia enfermedad para crear personajes llenos de matices y, sobre todo, verosímiles. Como si se tratara de una profecía frente a su destino en las corrientes del río Ouse, consignó la siguiente frase en su diario: “Cada vez que me sumerjo en la corriente de mis pensamientos, me siento expulsada de ella”. Al final, fueron esa enorme vocación literaria y la impotencia de no poder dominar su mente las que la hicieron optar por el suicidio.</p>
<p>Pareciera que Woolf y Storni, quienes combatieron desde las letras una lucha por la igualdad de género, se hubieran convertido, con el tiempo, en una especie de mártires del feminismo. A ellas se les une la escritora norteamericana Sylvia Plath, también suicida, que con la publicación de su novela La campana de cristal (1963) y de sus poemas póstumos se convirtió en un estandarte de este movimiento.<br />
Nadie se imaginaba que detrás de la imagen de ama de casa perfecta que Plath proyectaba se escondía una furiosa escritora. Bella, perfeccionista y amorosa, encontraba en la poesía una manera de exorcizar las hondas heridas de su infancia y de escapar de una vida doméstica que la asfixiaba. Su obra, llena de rabia, está plagada de imágenes violentas que hablan sobre su profunda soledad y sobre la frustración que le causaba ser una mujer inteligente en contravía de esa sociedad norteamericana de los años cincuenta que la oprimía y la alienaba. Así lo manifestó en su novela autobiográfica La campana de cristal: “También recuerdo a Buddy Willard diciendo, con una seguridad siniestra, que una vez que me casara me sentiría diferente, que no iba a querer seguir escribiendo poemas. Entonces pensé que quizá fuera verdad, que cuando uno se casaba y tenía hijos era como un lavado de cerebro, y que después una iba por el mundo sedada como un esclavo en un estado totalitario”.</p>
<p>Plath jugó a ser ama de casa, esposa, madre y hasta artista, como si su vida se armara con estos papeles que representaba. Como si se tratara de una lúgubre obra de teatro. Uno de sus poemas más reconocidos dice así: “Morir es un arte, como cualquier otra cosa. / Yo lo hago excepcionalmente bien. / (&#8230;) Lo hago para sentirlo real. / (&#8230;) Es muy fácil hacerlo y guardar la compostura. / Es teatral”. El 11 de febrero de 1963 encerró a sus dos pequeños hijos en un cuarto, tomó algunos barbitúricos y metió su cabeza en el ho rno de gas. Tenía 31 años.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Publicado en revista Arcadia ed. 49, especial dedicado a las mujeres</p>
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		<title>Cartas de Alejandra Pizarnik - Carta de Ale­jan­dra Pizar­nik a Ivonne Bordelois</title>
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		<pubDate>Wed, 20 Oct 2010 23:10:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Muladar News</dc:creator>
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		<description><![CDATA[B. A., 5 de julio de 1972 Mi Ivon­cita, mi cercanita. Por favor no nos pida­mos expli­ca­cio­nes acerca del silen­cio (¿existe el silen­cio?). Inú­til decirte –no, la cien­cia de lo obvio es ardua...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><img class="size-full wp-image-4862 alignleft" title="Alejandra-Pizarnik-copia" src="http://muladarnews.com/wp-content/uploads/2010/10/Alejandra-Pizarnik-copia1.jpg" alt="Alejandra Pizarnik copia1 Cartas de Alejandra Pizarnik" width="500" height="291" /></p>
<p>B. A., 5 de julio de 1972<br />
Mi Ivon­cita, mi cercanita.</p>
<p><em>Por favor no nos pida­mos expli­ca­cio­nes acerca del silen­cio (¿existe el silen­cio?).<br />
Inú­til decirte –no, la cien­cia de lo obvio es ardua como la lec­tura de lo inefa­ble– que no sólo te extraño sino que te nece­sito. Acaso por­que somos antí­po­das y nos damos mutua­mente garan­tías acerca de nues­tras vías. No voy a hablarte de mí en esta car­tuja de esperma (este chis­te­zuelo es para decirte: Aquí estoy, toda­vía). Tam­bién te man­daré mi nuevo libro El Infierno Musi­cal (Ed. S. XXI). Y tam­bién, si con­sigo fuerza, algu­nos poe­mas recien­tes cuyo emblema es la nega­ción de los ras­gos ale­jan­dri­nos. En ellos, toda yo soy otra, fuera de cier­tos peque­ños deta­lles: el humor, los tor­men­tos, las prue­bas supli­cian­tes. Martha Moia, muy amiga mía, se va para USA en sep­tiem­bre. Estará en New York del 14 al 18. Ignora si irá a tus ara­jes (y por supuesto ignora cuándo irá –o no). Si te encon­trás con ella supongo que mul­ti­pli­ca­rás tu pre­sen­cia en USA pues no puedo creer que no hablen de mí (hacelo con nos­tal­gia, pues algo se me entre­corta en la voz cuando te nom­bro y adjunto: “No se cuándo volverá!”.(¿Volverás?)</em></p>
<p><em>La encan­ta­dora Lea me escri­bió desde (pala­bra arbi­tra­ria en letras grie­gas, I. B. ) (ejehm!) y yo le res­pondí a pesar de mi desa­pego (semi-desapego) actual del mundo de las plu­mas y los pape­les (espero los que me pro­me­tiste, pero esto es otro pseudo-chiste pues estoy lejana en ese sen­tido). He sido expuesta algu­nas prue­bas algo exce­si­vas (pero si no hay peso no hay medida!) y ahora sé un poquito más (por eso ya no me siento a la mesa y rumio horas y horas un adje­tivo de algún poema). Sé un poquito más, com­prendo algo más; y sí, es tan terri­ble y viviente y vibrante esto que alienta en esto que ahora soy. No sé en qué me he con­ver­tido. Pero mi mayor defecto lo sabés: la fidelidad.</em></p>
<p><em>“Sé fiel hasta la muerte”. (Apo­ca­lip­sis). Que des­me­mo­ria no te guíe.<br />
Un abrazo muy tierno de TU</em></p>
<p>Ale­jan­dra</p>
<p><span style="color: #800000;">Ivonne Bor­de­lois es una escri­tora argen­tina, gran amiga de Ale­jan­dra. Se empeñó en edi­tar Corres­pon­den­cia <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with pizarnik" href="http://www.muladarnews.com/tag/pizarnik/" rel="tag nofollow">Pizar­nik</a>, un libro que prueba lo indi­so­lu­ble­mente uni­das que esta­ban la vida y la obra de esta poeta. Le llevó varios años lograr que una edi­to­rial acep­tara publi­car las car­tas de Alejandra.</span></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Publi­cado por Olga</strong></p>
<p><strong><a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with carta" href="http://www.muladarnews.com/tag/carta/" rel="tag nofollow">Carta</a> de <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with Alejandra Pizarnik" href="http://www.muladarnews.com/tag/alejandra-pizarnik/" rel="tag nofollow">Ale­jan­dra </a><a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with pizarnik" href="http://www.muladarnews.com/tag/pizarnik/" rel="tag nofollow">Pizar­nik</a> a Rafael Squirru</strong></p>
<p>Que­rido y admi­rado Rafael:</p>
<p>¡Qué linda carta la tuya! Inclu­sive el papel (per­dón: sufro del com­plejo de Pen­sar) es mag­ní­fico (sabrás que soy une amou­reuse de papier à écrire, una Gas­para para la Stampa de la estampa, una Louisse Labbé de las impren­tas, una Mariana Alca­fo­rado de los tipos (no con­fun­dir), una Sajo (no con­fun­dir) de todo aque­llo que sea papel, si bien tengo pre­fe­ren­cias, ya jus­ti­fi­ca­das, ya irra­cio­na­les.). Todo esto para disi­mu­lar mi ansie­dad o urgen­cia por decirte que tu carta me dio la pro­fun­dí­sima ale­gría de sen­tirme com­pren­dida del modo más sutil y, sobre todo, a fondo. Los tra­ba­jos (tu humor en esa lista es deli­cioso) que me ofre­cés son acep­ta­dos con gra­ti­tud y —salvo súbita pose­sión demo­níaca— con la obvia segu­ri­dad de que (lo sabés) nunca te voy a defrau­dar. Puesto que ade­más de nece­si­tar —diga­mos bio­ló­gi­ca­mente o para sub­sis­tir— un tra­bajo, a la vez quiero tra­ba­jar para los otros. Acaso escri­bir poe­mas pro­vo­que, entre muchas e inde­ci­bles cosas, la culpa por el amor soli­ta­rio a las pala­bras. Sea en el Museo de Arte Mod. o bien en el San Mar­tín, puedo cola­bo­rar con gran fer­vor (aquí se lo nece­sita, ¿ver­dad?) y liber­tad y —vos lo sabés— con esto tan inso­bor­na­ble que, bueno o malo, me dejó siem­pre en un lugar de sole­dad no poco mor­tal. Pare­ce­ría que me pon­dero. Rápido, pues: agrego que soy inso­por­ta­ble para( o con) casi todos (con vos o para vos, no).</p>
<p><em>Ando pen­sando en el S. Mar­tín, un pre­cioso espa­cio que no deja de estar, en parte, bas­tante muerto y que no sería difí­cil vivi­fi­car hasta que parezca una cale­sita o cual­quier otro sor­ti­le­gio pare­cido que se mueva y emo­cione y no se olvide. Pero cuando ven­gas con­ver­sa­re­mos. Me gusta el len­guaje exacto, le mot juste, las cosas correc­tas, terri­ble­mente visi­bles y que se levan­tan como se levan­tan del papel las letras del poema de Que­vedo que acabo de releer. Ergo: pen­saré mejor cuando sepa qué hay, cómo es, de qué modo, cuánto, hasta dónde, etc, etc. El sueño, sí, pero dotado de las cali­da­des del teo­rema. La metá­fora sí, pero exacta: que no sea posi­ble cam­biar un “esto” es igual a “eso” —de modo que hay que for­marlo como quien alza en la oscu­ri­dad una mano asida a un puñal. Son las 6 del alba Galana. Me voy a dor­mir. Te lla­maré en la fecha que me indi­cás. Traé pape­les de escri­bir lin­dos: aquí no se con­si­guen. Claro es que : EN LA LUCHA. Besos de tu amiga, tu</em></p>
<p style="text-align: right;">Ale­jan­dra</p>
<p><strong>Un texto:</strong></p>
<div id="_mcePaste">Ya es de día, arrán­cate los ojos más gran­des del mundo.</div>
<div id="_mcePaste">Ya es de día, des­nú­date de tu cuerpo de ángel per­fu­mado. Ya es de día.</div>
<div id="_mcePaste">Vís­tete con cás­ca­ras de tor­tu­gas ase­si­na­das, cúbrete de pelos pol­vo­ro­sos y de resi­duos de san­gre. Arrás­trate por las pare­des en busca de ali­men­tos, bebe donde ori­nan los muer­tos. Leván­tate y anda, bes­tia con memo­ria, memo­ria lla­gada, recuerdo de san­gre. Leván­tate, des­co­no­cida con alas de arpi­llera, vuela car­gada de tie­rra por las pie­dras silen­ciosa. Sacri­fica tu sueño y cúbrelo de ceni­zas. Incor­pó­rate, es de día y los jus­tos ya tra­ba­jan. Rein­té­grate a la grasa, al sudor y al polvo. Con­fiesa hoy tam­bién que aún estás viva. Leván­tate y anda, pobre bes­tia, y sin llorar.</div>
<div></div>
<div style="text-align: right;"><strong><a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with Alejandra Pizarnik" href="http://www.muladarnews.com/tag/alejandra-pizarnik/" rel="tag nofollow">Ale­jan­dra </a><a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with pizarnik" href="http://www.muladarnews.com/tag/pizarnik/" rel="tag nofollow">Pizar­nik</a></strong></div>
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		<title>José María Arguedas: Apuntes de un suicidio - Ciro Ale­gría, José María Argue­das y Anto­nio Cor­nejo Polar, en el Pri­mer Con­greso de Narra­do­res Perua­nos (Are­quipa, 1965)</title>
		<link>http://muladarnews.com/2010/07/jose-maria-arguedas-apuntes-de-un-suicidio/</link>
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		<pubDate>Sat, 24 Jul 2010 22:14:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Chinas Klauzz</dc:creator>
				<category><![CDATA[Escritores]]></category>
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		<description><![CDATA[El zorro de arriba y el zorro de abajo San­tiago de Chile, 16 de Mayo de 1968 En abril de 1966, hace ya algo más de dos años, intenté sui­ci­darme. En mayo de...]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<h2 style="text-align: left;"><strong><span>El zorro de arriba y el zorro de abajo</span></strong></h2>
<p style="text-align: right;">San­tiago de Chile, 16 de Mayo de 1968</p>
<p><img class="alignright" src="http://upload.wikimedia.org/wikipedia/en/e/e3/Jos%C3%A9_Mar%C3%ADa_Arguedas.jpg" alt="Jos%C3%A9 Mar%C3%ADa Arguedas José María Arguedas: Apuntes de un suicidio" width="221" height="243" title="José María Arguedas: Apuntes de un suicidio" /></p>
<p>En abril de 1966, hace ya algo más de dos años, intenté sui­ci­darme. En mayo de 1944 hizo cri­sis una dolen­cia psí­quica con­traída en la infan­cia y estuve casi cinco años neu­tra­li­zado para escri­bir. El encuen­tro con una zamba gorda, joven, pros­ti­tuta, me devol­vió eso que los médi­cos lla­man “tono de vida”. El encuen­tro con aque­lla ale­gre mujer debió ser el toque sutil, com­ple­jí­simo que mi cuerpo y alma nece­si­ta­ban, para recu­pe­rar el roto vínculo con todas las cosas. Cuando ese vínculo se hacía intenso podía trans­mi­tir a la pala­bra la mate­ria de las cosas. Desde ese momento he vivido con inte­rrup­cio­nes, algo muti­lado. El encuen­tro con la zamba no pudo hacer resu­ci­tar en mí la capa­ci­dad plena para la lec­tura. En tan­tos años he leído sólo unos cuan­tos libros. Y ahora estoy otra vez a las puer­tas del <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with suicidio" href="http://www.muladarnews.com/tag/suicidio/" rel="tag nofollow">sui­ci­dio</a>. Por­que, nue­va­mente, me siento inca­paz de luchar bien, de tra­ba­jar bien. Y no deseo, como en abril del 66, con­ver­tirme en un enfermo inepto, en un tes­tigo lamen­ta­ble de los acontecimientos.</p>
<p>En abril del 66 esperé muchos días que lle­gara el momento más opor­tuno para matarme. Mi her­mano Arís­ti­des tiene un sobre que con­tiene las refle­xio­nes que expli­can por qué no podía liqui­darme tal y cual día. Hoy tengo miedo, no a la muerte misma sino a la manera de encon­trarla. El revól­ver es seguro y rápido, pero no es fácil con­se­guirlo. Me resulta inacep­ta­ble el dolo­roso veneno que usan los pobres en Lima para sui­ci­darse; no me acuerdo el nom­bre de ese insec­ti­cida en este momento. Soy cobarde para el dolor físico y segu­ra­mente para <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with sentir" href="http://www.muladarnews.com/tag/sentir/" rel="tag nofollow">sen­tir</a> la muerte. Las píl­do­ras –que me dije­ron que mata­ban con toda segu­ri­dad— pro­du­cen una muerte maca­nuda, cuando matan. Y si no, cau­san lo que yo tengo, en gen­tes como yo, una pega­zón de la muerte en un cuerpo aún for­nido. Y ésta es una sen­sa­ción indes­crip­ti­ble: se pelean en uno, sen­sual­mente, poé­ti­ca­mente, el anhelo de vivir y el de morir. Por­que quien está como yo, mejor es que muera.</p>
<p>Escribo estas pági­nas por­que se me ha dicho hasta la sacie­dad que si logro escri­bir recu­pe­raré la sani­dad. Pero como no he podido escri­bir sobre los temas ele­gi­dos, ela­bo­ra­dos, peque­ños o muy ambi­cio­sos, voy a escri­bir sobre el único que me atrae: esto de cómo no pude matarme y cómo ahora me devano los sesos bus­cando una forma de liqui­darme con decen­cia, moles­tando lo menos posi­ble a quie­nes lamen­ta­rán mi desa­pa­ri­ción y a quie­nes esa desa­pa­ri­ción les cau­sará alguna forma de pla­cer. Es mara­vi­llo­sa­mente inquie­tante esta preo­cu­pa­ción mía, y de muchos, por arre­glar <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with el suicidio" href="http://www.muladarnews.com/tag/el-suicidio/" rel="tag nofollow">el </a><a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with suicidio" href="http://www.muladarnews.com/tag/suicidio/" rel="tag nofollow">sui­ci­dio</a> de modo que ocu­rra de la mejor manera posi­ble. Creo que es una mani­fes­ta­ción natu­ral de la vani­dad, de la sana razón y quizá del egoísmo que se pre­sen­tan bien dis­fra­za­dos de gene­ro­si­dad, de pie­dad. Voy a tra­tar, pues, de mez­clar, si puedo, este tema que es el único cuya esen­cia vivo y siento como para <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with poder" href="http://www.muladarnews.com/tag/poder/" rel="tag nofollow">poder</a> trans­mi­tirlo a un lec­tor; voy a tra­tar de mez­clarlo y enla­zarlo con los moti­vos ele­gi­dos para una novela que, final­mente, decidí bau­ti­zarla: “El zorro de arriba y el zorro de abajo”; tam­bién lo mez­claré con todo lo que en tan­tí­si­mos ins­tan­tes medité sobre la gente y sobre el Perú, sin que hayan estado espe­cí­fi­ca­mente com­pren­di­dos den­tro del plan de la novela.</p>
<p>Ano­che resolví ahor­carme en Obra­ji­llo, de Canta, o en San Miguel, en caso de no encon­trar un revól­ver. Ha de ser feo para quie­nes me des­cu­bran, pero me he ase­gu­rado de que el ahor­ca­miento pro­duce una muerte rápida. En Obra­ji­llo y San Miguel podré vivir unos días ras­cán­dole la cabeza a unos chan­chos mos­tren­cos, con­ver­sando muy bien con los perros y hasta revol­cán­dome en la tie­rra con algu­nos de esos perros chus­cos que acep­tan mi com­pa­ñía hasta ese extremo. Muchas veces he con­se­guido jugar con los perros de los pue­blos, como perro con perro. Y así la vida es más vida para uno. Sí; no hace quince días que logré ras­car la cabeza de un nio­nena (chan­cho) algo grande en San Miguel de Obra­ji­llo. Medio que quiso huir, pero la dicha de la ras­cada lo hizo dete­nerse; empezó a gru­ñir con deli­cia, luego (¡cuánto me cuesta encon­trar los tér­mi­nos nece­sa­rios!) se derrumbó a pocos y, ya echado y con los ojos cerra­dos gemía dul­ce­mente. La alta, la altí­sima cas­cada que baja desde la inal­can­za­ble cum­bre de rocas, can­taba en el gemido de ese nio­nena, en sus cer­das duras que se con­vir­tie­ron en sua­ves; y el sol tibio que había cal­deado las pie­dras, mi pecho, cada hoja de los árbo­les y arbus­tos, cal­deando de ple­ni­tud, de her­mo­sura, incluso el ros­tro angu­loso y enér­gico de mi mujer, ese sol estaba mejor que en nin­guna parte en el len­guaje del nio­nena, en su sueño deli­cioso. Las cas­ca­das de agua del Perú, como las de San Miguel, que res­ba­lan sobre abis­mos, cen­te­na­res de metros en salto casi per­pen­di­cu­lar, y regando ande­nes donde flo­re­cen plan­tas ali­men­ti­cias, alen­ta­rán en mis ojos ins­tan­tes antes de morir. Ellas retra­tan el mundo para los que sabe­mos can­tar en que­chua; podría­mos que­dar­nos eter­na­mente oyén­do­las; ellas exis­ten por causa de esas mon­ta­ñas escar­pa­dí­si­mas que se orde­nan capri­cho­sa­mente en que­bra­das tan hon­das como la muerte y nunca más fie­ras de vida; fal­de­ríos bra­vos en que el hom­bre ha sem­brado, ha fabri­cado cha­cras con sus dedos y sus sesos y ha plan­tado árbo­les que se esti­ran al cielo desde los pre­ci­pi­cios, se esti­ran con trans­pa­ren­cia. Árbo­les útiles, tan bár­ba­ros de vida como ese mon­to­nal de abis­mos del cual los hom­bres son gusa­nos her­mo­sí­si­mos, pode­ro­sos, un tanto menos­pre­cia­dos por los dies­tros ase­si­nos que hoy nos gobier­nan. ¡Que­rido her­mano Pache­quito, Teniente en Pinar de Río y tú, Chi­qui, de la Casa de las Amé­ri­cas: cuando lle­gue aquí un socia­lismo como el de <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with cuba" href="http://www.muladarnews.com/tag/cuba/" rel="tag nofollow">Cuba</a>, se mul­ti­pli­ca­rán los árbo­les y los ande­nes que son tie­rra buena y paraíso! Feliz­mente las pas­ti­llas –que me dije­ron que eran segu­ras— no me mata­ron, por­que los conocí a uste­des y a ese joven armado de ame­tra­lla­dora que guar­daba la entrada del Ter­mi­nal Pes­quero, en La Habana. El mucha­cho son­rió cuando le dije­ron que era un amigo peruano invi­tado: “Entra, com­pa­ñero, mira lo que hemos hecho”. Y su ros­tro tenía la feli­ci­dad, la inte­li­gen­cia, la fuerza, la gene­ro­si­dad natu­ral de estas cas­ca­das que en la luz del mundo y la luz de la sabi­du­ría can­tan día y noche. Aun­que a mí ya no me can­tan con toda la vida por­que el cuerpo aba­tido no arde ya sino tem­ble­queando. ¡Esa es, pues, la muerte, y la muerte tam­bién es nece­sa­ria, es con­ve­niente! Sí, es tan sen­ci­llo, Pache­quito, como tu ojo minúsculo en que ful­gu­raba la fuerza con que mataste para cons­truir lo que ahora es para uste­des la vida justa. Para los impa­cien­tes son inacep­ta­bles los días de cama o de inva­li­dez pre­vios a reci­bir la muerte. No; no los sopor­ta­ría. Ni soporto vivir sin pelear, sin hacer algo para dar a los otros lo que uno apren­dió a hacer y hacer algo para debi­li­tar a los per­ver­sos egoís­tas que han con­ver­tido a millo­nes de cris­tia­nos en con­di­cio­na­dos bue­yes de tra­bajo. No detesto el sufri­miento. Quizá, inte­li­gente com­pa­ñero Dor­ti­cós, alguna vez el hom­bre eli­mine el sufri­miento sin menos­ca­bar su <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with poder" href="http://www.muladarnews.com/tag/poder/" rel="tag nofollow">poder</a>. Tú, por ejem­plo, en los minu­tos que te oí hablar pare­cías un sujeto que sabía de todo, y era inmune al sufri­miento, como tus ante­ojos. En otros casos no hay gene­ro­si­dad ni luci­dez sino como fruto, en gran parte, del sufri­miento. Por­que cuando se hace cesar el dolor, cuando se le vence, viene des­pués la ple­ni­tud. Quizá el sufri­miento sea como al muerte para la vida. El hom­bre sufrirá, más tarde, por los esfuer­zos que haga para lle­gar físi­ca­mente, que es la única lle­gada que vale, a las miría­das de estre­llas que desde San Miguel pode­mos con­tem­plar con una sere­ni­dad feliz que, aun a los con­de­na­dos como yo, nos tran­qui­li­zan por ins­tan­tes. Siem­pre habrá mucho que hacer.</p>
<div style="text-align: left;"></div>
<div style="text-align: left;">11 de mayo</div>
<p>Ayer escribí cua­tro pági­nas. Lo hago por tera­péu­tica, pero sin dejar de pen­sar en que podrán ser leí­das. ¡Qué débil es la pala­bra cuando el ánimo anda mal! Cuando el ánimo está car­gado de todo lo que apren­di­mos a tra­vés de todos nues­tros sen­ti­dos, la pala­bra tam­bién se carga de esas mate­rias. ¡Y cómo vibra! Yo me con­vertí en igno­rante desde 1944. He leído muy poco desde enton­ces. Me acuerdo de Mel­vi­lle, de Car­pen­tier, de Bre­cht, de Onetti, de <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with rulfo" href="http://www.muladarnews.com/tag/rulfo/" rel="tag nofollow">Rulfo</a>. ¿Quién ha car­gado a la pala­bra como tú, Juan, de todo el peso de pade­ce­res, de con­cien­cias, de santa luju­ria, de hom­bría, de todo lo que en la cria­tura humana hay de ceniza, de pie­dra, de agua, de pudri­dez vio­lenta por parir y can­tar, como tú? En ese hotel, más muerto que vivo, el Gua­da­la­jara Mil­ton, nos alo­ja­ron jun­tos ¿de pura casua­li­dad? Me con­taste algo de cómo fue tu vida. Te des­pi­die­ron y vol­vie­ron a nom­brar algo así como veinte veces en los Minis­te­rios de la Revo­lu­ción Mexi­cana. Tra­ba­jaste en una fábrica de llan­tas. Dejaste el puesto por­que te qui­sie­ron enviar a las ofi­ci­nas de otro país. Mien­tras habla­bas en tu cama, fuma­bas mucho. Me hablaste muy mal de Juá­rez. No debí sor­pren­derme de la hete­ro­do­xia con que orde­na­bas las cau­sas y efec­tos de la his­to­ria mexi­cana, de cómo pare­cía que cono­cías a fondo, tanto o mejor que tu pro­pia vida, esa his­to­ria. Y me hiciste reír des­cri­biendo al viejo Juá­rez como a un sujeto algo nefasto y con facha de mama­rra­cho. Me acordé de la pri­mera vez que te conocí en Ber­lín, de cómo te llevé del brazo al ómni­bus, con cuánta feli­ci­dad, como cuando, ya pro­fe­sio­nal, volví a encon­trar a don Felipe Maywa, en San Juan de Luca­nas y ¡de repente! me sentí igual a ese gran indio al que había mirado en la infan­cia como a un sabio, como a una mon­taña con­des­cen­diente. ¡Igual a él! Y mien­tras los otros pobla­nos me doc­to­rea­ban estro­peán­dome hasta la luz del pue­blo, él, don Felipe, me per­mi­tió que lo tomara del brazo. Y sentí su olor de indio, ese hálito amado de la bayeta sucia de sudor. Y abracé a don Felipe de igual a igual. Don Felipe tiene pequeña esta­tura –aún vive—. Yo, que soy mediano, le llevo bas­tante en tamaño. Pero nos mira­mos de hom­bre a hom­bre. Y no era mayor mi asom­bro jus­ti­fi­cado, bien con­te­nido y por eso mismo tenso. Nos mira­mos abra­za­dos, ante el otro tipo de asom­bro de los pobla­nos, indios y wira­qo­chas veci­nos nota­bles que esta­ban res­pe­tán­dome, des­co­no­cién­dome. ¡Si yo era el mismo, el mismo pequeño que quiso morir en un mai­zal del otro lado del río Hua­ll­pa­mayo, por­que don Pablo me arrojó a la cara el plato de comida que me había ser­vido la Facun­da­cha! Pero, tam­bién allí, en el mai­zal, sólo me quedé dor­mido hasta la noche. No me quiso la muerte, como no me aceptó en la ofi­cina de la Direc­ción del Museo Nacio­nal de His­to­ria, de Lima. Y des­perté en el Hos­pi­tal del Empleado. Y vi una luz melosa, luego el ros­tro muy borroso de gen­tes. (Una boti­ca­ria no me quiso ven­der tres píl­do­ras de seco­nal, dijo que con tres podría que­darme dor­mido para no des­per­tar; y yo me tomé treinta y siete. Fue­ron tan inefi­ca­ces como la implo­ra­ción que le dirigí a la <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with virgen" href="http://www.muladarnews.com/tag/virgen/" rel="tag nofollow">Vir­gen</a>, llo­rando, en el mai­zal de Hua­ll­pa­mayo.) Decía que era el mismo niño a quien don Pablo, el amo del pue­blo, gamo­nal­cito de enton­ces, le arrojó la comida a la cara, pero sin duda al mismo tiempo era bien otro. Ese bien otro y el chico del mai­zal, sin embargo, eran una sola cosa y don Felipe, bajo de esta­tura, macizo, anti­guo y nuevo como yo, lo aceptó, lo encon­tró natu­ral que así fuera. Por eso me trató de igual a igual, como tú, Juan, en Ber­lín y en Gua­da­la­jara y en Lima, tam­bién en ese pue­blo de Gua­na­juato, fre­gado hasta nomás, como el Cuzco. Tú fuma­bas y habla­bas, yo te oía. Y me sentí pleno, con­ten­tí­simo, de que hablá­ra­mos los dos como igua­les. En cam­bio a don Alejo Car­pen­tier lo veía como a muy “supe­rior”, algo así como esos pobla­nos a mí, que me doc­to­rea­ban. Sólo había leído El reino de este mundo y un cuento; des­pués he leído Los pasos per­di­dos. ¡Es bien dis­tinto a noso­tros! Su inte­li­gen­cia pene­tra las cosas de afuera aden­tro, como un rayo; es un cere­bro que recibe, lúcido y rego­ci­jado, la mate­ria de las cosas, y él las domina. Tú tam­bién, Juan, pero tú de aden­tro, muy de aden­tro, desde el ger­men mismo; la inte­li­gen­cia está; tra­bajó antes y después.</p>
<p><img class="alignright size-full wp-image-4857" title="Arguedas" src="http://muladarnews.com/wp-content/uploads/2010/07/Arguedas1.jpg" alt="Arguedas1 José María Arguedas: Apuntes de un suicidio" width="286" height="380" /> Bueno, voy a releer lo que he escrito; estoy bas­tante con­fun­dido, pero, aun­que muy ago­biado por el dolor a la nuca, algo más con­fiado que ayer en el hablar. ¿Qué habré dicho, Juan? A Onetti lo vi en México. Andaba con bas­tón, aten­dido por algu­nos que le cono­cían. Yo no había leído nada de él. Lás­tima. Le hubiera salu­dado; a don Alejo no me atre­vía a acer­carme, me lo pre­sen­ta­ron dos veces. Dicen que es tímido, pero sen­tía o lo sen­tía como a un euro­peo muy ilus­tre que hablaba cas­te­llano. Muy ilus­tre, de esos ilus­tres que apre­cian lo indí­gena ame­ri­cano, medi­da­mente. Dis­pén­seme, don Alejo; no es que me caiga usted muy pesado. Olí en usted a quien con­si­dera nues­tras cosas indí­ge­nas como exce­lente ele­mento o mate­rial de tra­bajo. Y usted tra­baja como un poeta y un eru­dito. Difí­cil hazaña. ¿Cómo mara­vi­lla le ilu­mi­nan a usted y le ins­tru­men­tan tan­tas memo­ri­za­cio­nes de todos los tiem­pos? Onetti tiem­bla en cada pala­bra, armo­nio­sa­mente; yo que­ría lle­gar a Mon­te­vi­deo –estoy en San­tiago— entre otras cosas para salu­darlo, para tomarle la mano con que escribe. Así es. Car­los Fuen­tes es mucho arti­fi­cio, como sus ade­ma­nes. De Cor­tá­zar sólo he leído cuen­tos. Me asus­ta­ron las ins­truc­cio­nes que pone para leer Rayuela. Quedé, pues, mere­ci­da­mente eli­mi­nado, por el momento, de entrar en ese pala­cio. Lezama Lima se rego­dea con la esen­cia de las pala­bras. Lo vi comer en La Habana como a un injerto de pica­flor con hipo­pó­tamo. Abría la boca; se rociaba líquido anti­as­má­tico en la laringe y seguía comiendo. ¡Gordo fabu­loso, <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with cuba" href="http://www.muladarnews.com/tag/cuba/" rel="tag nofollow">Cuba</a> que ha devo­rado y trans­fi­gu­rado la miel y hiel de Europa!</p>
<p>13 de mayo</p>
<p>Me siento a la muerte. Un amigo peruano me llevó ano­che a una boite-teatro fea, le dije­ron que pre­sen­ta­ban dan­zas y can­tos chi­le­nos. Era cierto, muy entre­te­nido para el público al que vani­dosa aun­que “obje­ti­va­mente” lla­ma­mos vul­gar, frí­volo, etc. Entre cala­tas, cómi­cos, con­jun­tos de jazz y de pelu­co­nes, todo medio­cre, apa­re­ció un “ballet” chi­leno. ¡Mal­dita sea! No digo que ya no es chi­leno eso; pero para los que sabe­mos cómo suena lo que el pue­blo hace, estas moji­gan­gas son cosa que nos deja entre ira­cun­dos y per­ple­jos. Yo no diría tam­poco, como otros sabi­dos, que eso es una pura cacana. Algo sabe a chi­leno. Los “hua­sos” apa­re­cen muy ador­na­di­tos, ama­ri­co­na­dos (casi ofensa del huaso) y las mucha­chas algo achu­chu­me­ca­das (como no que­riendo per­tur­bar la fri­vo­li­dad de los con­ter­tu­lios que pagan el espec­táculo) con la gra­cia fuerte del macho y de la hem­bra huma­nos, enca­cha­dos, que en el campo o en la ciu­dad no entran en remil­gos cuando can­tan y bai­lan lo suyo y así tras­mi­ten el jugo de la tie­rra. No digo que entre la lla­mada “aris­to­cra­cia” y la des­cua­jada <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with clase media" href="http://www.muladarnews.com/tag/clase-media/" rel="tag nofollow">clase media</a> de estos pue­blos no haya tam­bién gente que ha con­ser­vado ese jugo. Pero, casi todos se ama­ma­rra­chan con las “con­ven­cio­nes” socia­les, con ese enredo feno­me­nal en que apa­re­cen estos “hua­sos” ama­ri­co­na­dos, estas mucha­cha achu­chu­me­ca­das, que así se achu­chu­me­can para con­ver­tir los bai­les de la gente fuerte en “espec­táculo agra­da­ble y nacio­nal”. ¡Mal­dita sea, negro Gas­tia­burú! Tú eras médico, un doc­tor. Y mal­de­cía­mos jun­tos estas cosas que son fabri­ca­cio­nes de los “grin­gos” para ganar plata. Todo eso es para ganar plata. ¿Y cuando ya no haya la impres­cin­di­ble urgen­cia de ganar plata? Se des­ma­ri­co­ni­zará lo mari­co­ni­zado por el comer­cio, tam­bién en la <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with Literatura" href="http://www.muladarnews.com/tag/literatura/" rel="tag nofollow">lite­ra­tura</a>, en la medi­cina, en la música, hasta en el modo como la mujer se acerca al macho. Prue­bas de eso, de lo reno­vado, de lo desen­vi­le­cido encon­tré en <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with cuba" href="http://www.muladarnews.com/tag/cuba/" rel="tag nofollow">Cuba</a>. Pero lo into­cado por la vani­dad y el lucro está, como el sol, en algu­nas fies­tas de los pue­blos andi­nos del Perú.</p>
<p>Y no es que lo diga como que fuera un sec­ta­rio indi­ge­nista. Lo vie­ron y sin­tie­ron, igual que yo, gente que vi lle­gar de París, de los Esta­dos Uni­dos, de Ita­lia y gente criada en Lima, de algu­nos de esos que han cre­cido en “socie­da­des” bien cua­ja­das o des­cua­ján­dose. ¿No es cierto Gody, E. A. Westp­ha­len, Jac­que­line Weller…? Estoy seguro que a don Alejo tam­bién le lle­ga­rían mucho esas fies­tas, aun­que él quizá per­ma­ne­ce­ría serio, poco comu­ni­ca­tivo, ama­sando por den­tro qui­zás cuán­tas suti­le­zas, enca­de­na­mien­tos de la fiesta con los grie­gos, asi­rios, java­ne­ses y cien nom­bres más, raros y cier­tos. En cam­bio ese Car­los Fuen­tes no enten­de­ría bien, creo. Per­dó­nenme los ami­gos de Fuen­tes, entre ellos <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with Mario" href="http://www.muladarnews.com/tag/mario/" rel="tag nofollow">Mario</a> (<a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with Vargas" href="http://www.muladarnews.com/tag/vargas/" rel="tag nofollow">Var­gas</a> Llosa) y este Cor­tá­zar que agui­jo­nea con su “genia­li­dad”, con sus solem­nes con­vic­cio­nes de que mejor se entiende la esen­cia de lo nacio­nal desde las altas esfe­ras de lo supra­na­cio­nal. Como si yo, criado entre la gente de don Felipe Maywa, metido en el oqllo[1] mismo de los indios durante algu­nos años de la infan­cia para luego vol­ver a la esfera “supra­in­dia” de donde había “des­cen­dido” entre los que­chuas, dijera que mejor, mucho más esen­cial­mente inter­preto el espí­ritu, el ape­tito de don Felipe, que el pro­pio don Felipe ¡Falta de res­peto y legí­tima con­si­de­ra­ción! No se jus­ti­fica. No habla­ría así de ese <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with García Márquez" href="http://www.muladarnews.com/tag/garcia-marquez/" rel="tag nofollow">Gar­cía Már­quez</a> que se parece mucho a doña Car­men Taripha, de Maran­ganí, Cuzco. Car­men le con­taba al cura, de quien era criada, cuen­tos sin fin de zorros, con­de­na­dos, osos, cule­bras, lagar­tos; imi­taba a esos ani­ma­les con la voz y el cuerpo. Los imi­taba tanto que el salón del curato se con­ver­tía en cue­vas, en mon­tes, en punas y que­bra­das donde sona­ban el arras­trarse de la cule­bra que hace mover des­pa­cio las yer­bas y cha­ra­mus­cas, el hablar del zorro entre chis­toso y cruel, el del oso que tiene como masa de harina en la boca, el del ratón que corta con su filo hasta la som­bra; y doña Car­men andaba como zorro y como oso, y movía los bra­zos como cule­bra y como puma, hasta el movi­miento del rabo lo hacía; y bra­maba igual que los con­de­na­dos que devo­ran gente sin saciarse jamás; así, el salón cural era algo seme­jante a las pági­nas de los Cien años… aun­que en Cien años hay sólo gente muy des­ani­ma­li­zada y en los cuen­tos de la Taripha los ani­ma­les trans­mi­tían tam­bién la natu­ra­leza de los hom­bres en su prin­ci­pio y en su fin.</p>
<p>Creo que de puro enfermo del ánimo estoy hablando con “auda­cia”. Y no por­que suponga que estas hojas se publi­ca­rán sólo des­pués que me haya ahor­cado o me haya des­ta­pado el crá­neo de un tiro, cosas que, sin­ce­ra­mente creo aún que ten­dré que hacer. Puede tam­bién que me cure aquí, en San­tiago, como en 1962, de un mal de la misma laya y ori­gen, aun­que menos grave y en edad toda­vía de mere­cer. Y si me curo y algún amigo a quien res­peto me dice que la publi­ca­ción de estas hojas ser­vi­ría de algo, las publico. Por­que yo si no escribo y publico, me pego un tiro. En San Miguel de Obra­ji­llo me entró la ten­ta­ción de seguir viviendo aun­que no fuera sino para sen­tir el sol de ese pue­blo y pasar los días aca­ri­ciando a los perros y a los chan­chi­tos mos­tren­cos. Sin embargo, ese pla­cer no com­pen­sa­ría por mucho tiempo. Aun­que con un perro, espe­cial­mente de esos de pue­blo serrano, que andan por calles y cam­pos pen­sando bien en lo que hacen, yo me llevo muy bien, no aca­lla­ría esa anti­gua amis­tad las mil ansias que un indi­vi­duo tan revuelto como yo, tan impa­ciente, cul­tiva y mul­ti­plica. ¡Cómo se murió mi amigo Gui­ma­raes Rosa! Cada quien es a su modo. Ese modo de escri­bir sí que no da lugar a genia­li­da­des como las de don Julio, aun cuando sean para uti­li­dad y pro­ve­cho. Gui­ma­raes me hizo una con­fi­den­cia en México, mien­tras yo me sen­tía más “depri­mido” que de coti­diano, a causa de una fie­bre pasa­jera. No he de con­fe­sar de qué se trata. Pero, enton­ces, sentí que ese Emba­ja­dor tan majes­tuoso, me hablaba por­que había, como yo, “des­cen­dido” hasta el cuajo de su pue­blo; pero él era más, a mi modo de ver, por­que había “des­cen­dido” y no lo habían hecho “des­cen­der”. Luego de con­tarme su his­to­ria, son­rió como un mucha­cho chico. Nin­gún amigo cita­dino me ha tra­tado tan de igual a igual, tan ínti­ma­mente como en aque­llos momen­tos este Gui­ma­raes; me refiero a escri­to­res y artis­tas; ni Gody Szyszlo, ni E. A. Westp­ha­len, ni Javier Solo­gu­ren, menos aún los extran­je­ros nota­bles. Algo… el Pepe Revuel­tas, aun­que de otro modo. Gui­ma­raes no pare­cía mor­daz, no pare­cía haber apren­dido eso. La mor­da­ci­dad la he cono­cido en los <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with Escritores" href="http://www.muladarnews.com/tag/escritores/" rel="tag nofollow">escri­to­res</a> inte­li­gen­tes y enfa­da­dos. A esa altura no lle­ga­mos, creo, quie­nes esta­mos muy amar­ga­dos por la pie­dad y la infan­cia. Pienso en este momento en Nica­nor Parra, ¡cuánta sabi­du­ría, cuánta ter­nura y escep­ti­cismo y una fuerte coraza de pro­tec­ción que deja entrar todo pero fil­trando, y una espe­cie no de vani­dad sino de herida abierta para las opi­nio­nes nega­ti­vas de su obra! ¡Qué modo increí­ble de ponerse amargo e ira­cundo por esas cosas! En la ciu­dad, ami­gos, en la ciu­dad yo no he que­rido creo que a nadie más que a Nica­nor ni me he extra­viado más de alguien que de él. Pero, ¿por qué tengo que decir estas cosas de Nica­nor? Mucha ciu­dad tenía aden­tro o tiene aden­tro ese caba­llero tan mez­clado y nacido en pue­blo, el más inte­li­gente de cuan­tos he cono­cido en las ciu­da­des. ¡Lo que hablaba, sabía y no sabía o no sabe de las muje­res! Su her­mano Roberto fue mucho más her­mano mío que de él; ¡claro!, por­que mi trato con Roberto era todo por el lado bueno. Dis­pen­sen que diga que este Roberto se había ata­cado para siem­pre de ter­nura en cien­tos de los más pobres pros­tí­bu­los de Chile donde can­taba y tocaba la gui­ta­rra, mien­tras que yo me hice igual a él en los ayllus[2] de Aya­cu­cho, entre las indias que sufrían y can­ta­ban como pica­flo­res que van al sol, lo beben y vuel­ven. En el mismo cuarto dor­mía­mos, Roberto y yo, en casa de Nica­nor, en la Reina, cuando vine enfermo en 1962. Otra vez usaré de la misma can­ta­leta; pues sí, para mí Roberto era como un Felipe Maywa, más joven, más acce­si­ble. Por­que mien­tras que Roberto hablaba con voz de per­sona resig­nada con poco por­ve­nir, bas­tante triste y muy anhe­loso de esti­ma­ción, don Felipe me aca­ri­ciaba en San Juan de Luca­nas, como a un bece­rro sin madre y él tenía la pre­sen­cia de un indio que sabe, por largo apren­di­zaje y heren­cia, la natu­ra­leza de las mon­ta­ñas inmen­sí­si­mas, su len­guaje y el de los insec­tos, cas­ca­das y ríos, chi­cos y gran­des; y si bien era “lacayo” de mi madras­tra, o a veces creo que vaquero, se pre­sen­taba ante ella como quien puede dis­pen­sar pro­tec­ción, como quien de hecho está pro­cu­rando pro­tec­ción, a pesar de ser sir­viente. Todo el por­ve­nir mío y el de mi madras­tra, que era patrona de don Felipe, pare­cía depen­der de don Felipe Maywa. Así me pare­cía, no sé por qué; debía ser por algo. Y cuando este hom­bre me aca­ri­ciaba la cabeza, en la cocina o en el corral de los bece­rros, no sólo se cal­ma­ban todas mis intran­qui­li­da­des sino que me sen­tía con ánimo para ven­cer a cual­quier clase de enemi­gos, ya fue­ran demo­nios o con­de­na­dos. Y yo era muy intran­quilo; estaba solo entre los domés­ti­cos indios, frente a las inmen­sas mon­ta­ñas y abis­mos de los Andes donde los árbo­les y flo­res las­ti­man con una belleza en que la sole­dad y silen­cio del mundo se con­cen­tran. Este Roberto, her­mano de Nica­nor Parra, can­taba con otro tipo de sole­dad, aun­que algo pare­cida; ras­gaba la gui­ta­rra en cue­cas como deses­pe­ra­das, de ale­gría más ansiada que dis­fru­tada. Por eso fui­mos tan ami­gos en la Reina. Me hablaba de un amigo suyo que se había que­dado sen­tado sobre una pie­dra, con el ojo todo colo­rado, espe­rando. ¡Qué estu­penda era la vida con Nica­nor y Roberto Parra! ¡Cómo han bebido el jugo, tan dis­tin­tos y diver­sos jugos del mundo, estos her­ma­nos! Char­laba con Roberto en un estado de con­fianza, ami­gos, que es una de las for­mas más raras de ser feliz. Me con­taba cosas de los pros­tí­bu­los y yo, cuen­tos de ani­ma­les y con­de­na­dos, que es mi fuerte. Roberto se embo­rra­chaba hasta la ago­nía; yo me enfermo de sole­dad e ilu­sión quizá pato­ló­gi­cas, y “por puro gusto”, por­que soy amado por buena y bella gente, como mi mujer por ejem­plo. Pero algo nos hicie­ron cuando más inde­fen­sos éramos; yo recuerdo muchas cosas, pero dicen que más peli­gro­sas son aque­llas de las que no nos acor­da­mos. Así será. ¿Y <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with García Márquez" href="http://www.muladarnews.com/tag/garcia-marquez/" rel="tag nofollow">Gar­cía Már­quez</a>? De él creo que estaba diciendo algo. Ese cuenta cosas del ser humano de este Con­ti­nente, del indi­vi­duo muy con­ta­mi­nado con los pare­ce­res y modos de ser de Europa, cuenta con la fan­ta­sía y cer­ti­dum­bre con que Car­men con­taba his­to­rias de osos y cule­bras. Abso­lu­ta­mente cierto y abso­lu­ta­mente ima­gi­nado. Carne y hueso y pura ilu­sión. No conocí a Gabriel. Yo estaba muy apa­bu­llado cuando vino a Lima. Y sabía que lo tenían muy atin­gido los curio­sos, los enten­di­dos y los admi­ra­do­res. Es justo, no puede ser como don Alejo ni como Juan; ¿no será una com­bi­na­ción de Car­pen­tier, <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with rulfo" href="http://www.muladarnews.com/tag/rulfo/" rel="tag nofollow">Rulfo</a> y Car­men Taripha, en su modo vivo? Dicen que cau­tiva, ¡qué bien! Enton­ces ten­drá tam­bién algo del negro Gastiaburú.</p>
<p>15 de mayo</p>
<p>Hice algo con­tra­in­di­cado ano­che, con­tra­in­di­cado por mí. Cada quien toma veneno, a sabien­das, de vez en cuando; y yo siento los efec­tos en estos ins­tan­tes. En mi memo­ria, el sol del alto pue­ble­cito de San Miguel de Obra­ji­llo ha cobrado, de nuevo, un cierto color ama­ri­llo, seme­jante al de esa flor en forma de zapa­tito de niño de pechos, flor que crece o que pre­fiere cre­cer no en los cam­pos sino en los muros de pie­dra hechos por los hom­bres, allá en todos los pue­blos serra­nos del Perú. Esa flor afel­pada donde el cuerpo de los mos­co­nes negrí­si­mos, los huay­ron­qos, se empolva de ama­ri­llo y per­ma­nece más negro y ace­rado que sobre los lirios blan­cos. Por­que en esta flor pequeña, el huay­ronqo enorme, se queda, mano­tea, ale­tea, se embute. La super­fi­cie de la flor es afel­pada, la del mos­cón es lúcida, azu­lada de puro negra, como la crin de los potros ver­da­de­ra­mente negros. No sé si por la forma y color de la flor y por el modo así abra­sante, medio como a muerte, con que el mos­car­dón se hunde en su corola, movién­dose, devo­rado con sus extre­mi­da­des ansio­sas, el polvo ama­ri­llo; no sé si por eso, en mi pue­blo, a esa flor la lla­man ayaq zapa­ti­llan (zapa­ti­lla de muerto) y repre­senta el cadá­ver. La ponen a ramos en los fére­tros y en el suelo mor­tuo­rio junto a los cadá­ve­res. Haber recor­dado tan fuer­te­mente al huay­ronqo y esos ramos de flo­res y el sol de San Miguel de Obra­ji­llo a medio cre­púsculo, es un sín­toma nega­tivo. Yo estaba ya apro­xi­mán­dome ani­ma­da­mente a la vida, hasta ayer. Hoy no me siento a la muerte, como decía el lunes 11. Decirlo sería, en cierta forma, afir­mar o dar mues­tras de lo con­tra­rio. Ahora, en este momento, el ama­ri­llo, no sólo mal pre­sa­gio sino mate­ria misma de al muerte, ese ama­ri­llo del polvo del mos­cón, al que tan fácil­mente se mata en mi pue­blo, está asen­tado en mi memo­ria, en este dolor ahora lento y feo de la nuca. ¿No podré seguir escri­biendo más? ¡Adiós por algu­nos días, quizá, por algu­nas horas! Había empe­zado a cre­cer el torrente del mundo vivo en mi cuerpo. Hoy, ano­che, me dejé arras­trar, como los borra­chos habi­tua­les y cul­pa­bles, a tomar mi vene­nito. Y había deci­dido hablar hoy algo sobre el jui­cio de Cor­tá­zar res­pecto del escri­tor pro­fe­sio­nal. Yo no soy escri­tor pro­fe­sio­nal, Juan no es escri­tor pro­fe­sio­nal, ese <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with García Márquez" href="http://www.muladarnews.com/tag/garcia-marquez/" rel="tag nofollow">Gar­cía Már­quez</a> no es escri­tor pro­fe­sio­nal. ¡No es pro­fe­sión escri­bir nove­las y poe­sías! O yo, con mi expe­rien­cia nacio­nal, que en cier­tos res­qui­cios sigue siendo pro­vin­cial, entiendo pro­vin­cial­mente el sen­tido de esta pala­bra ofi­cio como una téc­nica que se ha apren­dido y se ejerce espe­cí­fi­ca­mente, oron­da­mente para ganar plata. Soy en ese sen­tido un escri­tor pro­vin­cial; sí, mi admi­rado Cor­tá­zar; y, errado, o no, así entendí que era don João y que es don Juan <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with rulfo" href="http://www.muladarnews.com/tag/rulfo/" rel="tag nofollow">Rulfo</a>. Por­que de no, Juan, que conoce al infi­nito el ofi­cio, no debe­ría ser pobre. Yo tuve que estu­diar etno­lo­gía como pro­fe­sión; el Emba­ja­dor fue médico; Juan se quedó en empleado. Escri­bi­mos por amor, por goce y por nece­si­dad, no por ofi­cio. Eso de pla­near una novela pen­sando en que con su venta se ha de ganar hono­ra­rios, me parece cosa de gente muy metida en las espe­cia­li­za­cio­nes. Yo vivo para escri­bir, y creo que hay que vivir desin­con­di­cio­nal­mente para inter­pre­tar el caos y el orden.</p>
<p>¡Ah! La última vez que vi a Car­los Fuen­tes, lo encon­tré escri­biendo como a un alba­ñil que tra­baja a des­tajo. Tenía que entre­gar la novela a plazo fijo. Almor­za­mos, rápido, en su casa. El tenía que vol­ver a la máquina. Dicen que eso mismo le suce­día a Bal­zac y a <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with dostoievski" href="http://www.muladarnews.com/tag/dostoievski/" rel="tag nofollow">Dos­toievski</a>. Sí, pero como una des­gra­cia, no como una con­di­ción de la que se enor­gu­lle­cie­ran. ¿Qué acaso no hubie­ran escrito lo que escri­bie­ron, en otras cir­cuns­tan­cias? Quién sabe. ¿Qué otra cosa iban a hacer con lo que tenían en el pecho? Per­do­nen, ami­gos Cor­tá­zar, Fuen­tes, tú mismo, <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with Mario" href="http://www.muladarnews.com/tag/mario/" rel="tag nofollow">Mario</a>, que estás en Lon­dres. Creo que estoy des­va­riando, pre­ten­diendo lo mismo que uste­des, eso mismo con­tra lo que me siento como irri­tado. Puede que uste­des no ten­gan mejor o más ni menos razón que yo. Hay <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with Escritores" href="http://www.muladarnews.com/tag/escritores/" rel="tag nofollow">escri­to­res</a> que empie­zan a tra­ba­jar cuando la vida los apera, con apero no tan libre­mente ele­gido sino con­di­cio­nado, y están uste­des, que son, podría decirse, más de ofi­cio. Qui­zás mayor mérito ten­gan uste­des, pero ¿no es natu­ral que nos irri­te­mos cuando alguien pro­clama que la pro­fe­sio­na­li­za­ción del nove­lista es un signo de pro­greso, de mayor per­fec­ción? <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with vallejo" href="http://www.muladarnews.com/tag/vallejo/" rel="tag nofollow">Vallejo</a> no era pro­fe­sio­nal, Neruda es pro­fe­sio­nal; Juan <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with rulfo" href="http://www.muladarnews.com/tag/rulfo/" rel="tag nofollow">Rulfo</a> no es pro­fe­sio­nal. ¿Es pro­fe­sio­nal <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with García Márquez" href="http://www.muladarnews.com/tag/garcia-marquez/" rel="tag nofollow">Gar­cía Már­quez</a>? ¿Le gus­ta­ría que le lla­ma­ran nove­lista pro­fe­sio­nal? Puede decirse que Molière era pro­fe­sio­nal, pero no Cervantes.</p>
<p>(Se me fue un poco ese polvo ama­ri­llo del mos­car­dón que pare­cía que se me había asen­tado en el hueso. No es una des­gra­cia luchar con­tra la muerte, escri­biendo. Creo que tie­nen razón los médi­cos. Y los que me atien­den a mí no me tra­tan como pro­fe­sio­na­les sino como semejantes.)</p>
<p>16 de mayo</p>
<p><img class="alignleft" src="http://muxx1.files.wordpress.com/2010/07/arguedas_01.jpg?w=261" alt=" José María Arguedas: Apuntes de un suicidio" w=261" title="José María Arguedas: Apuntes de un suicidio" />Los efec­tos del veneno con­ti­núan. Es como si los ojos estu­vie­ran algo enlo­da­dos en ese polvo ama­ri­llo que el huay­ronqo abraza con su cuerpo negro. Yo tengo en el ojo la pesa­dez de ese insecto vola­dor que mano­tea con su cabeza mine­ral, con sus patas que tie­nen casi micros­có­pi­cos pelos, y que son len­tos pero que, aun así, al exten­derse de un cuerpo ancho, aco­ra­zado de negrí­simo metal bri­llante, dan la impre­sión de ansia que se va satis­fa­ciendo, a cada movi­miento que parece triun­fal, agudo, fruto del máximo esfuerzo, explo­sión de la vida que hay en estos cuer­pos que al ser aplas­ta­dos sue­nan como cás­cara de huevo, como frá­gi­les arma­zo­nes de lámi­nas. Por algo este huay­ronqo empol­vado del ger­men de la flor ama­ri­lla, es tenido por los cam­pe­si­nos que­chuas como un ánima que goza en el fondo de la bol­sita afel­pada que es flor de los cadá­ve­res. Y el vuelo del huay­ronqo es extraño, entre mosca y pica­flor. Lo vi hace sólo cua­ren­ti­cinco días, en San Miguel de Obra­ji­llo. Como el heli­cóp­tero y el pica­flor, y el cer­ní­calo rapaz, puede dete­nerse en el aire. El huay­ronqo tiene un cuerpo enorme, casi tan bri­llante como el pica­flor. Y en San Miguel vuela más alto que en los cen­te­na­res de pue­blos donde, con tanta aten­ción y dete­ni­miento, seguí el curso de su vuelo. Es casi tan ágil como el pica­flor, rea­liza manio­bra que­bra­dí­sima como él. ¡Pero es insecto! Se eleva a diez metros de altura, y qui­zás veinte, en San Miguel de Obra­ji­llo. Es una mosca, y desde los veinte metros su cuerpo sus­pen­dido por un movi­miento par­ti­cu­la­rí­simo de las alas que no son trans­pa­ren­tes, parece que estu­viera a una dis­tan­cia tan grande que el ojo se esfuerza mucho para con­tem­plarlo, para lle­var al inte­rior de nues­tra vida el intenso sig­ni­fi­cado de sus patas col­gan­tes, man­cha­das fre­cuen­te­mente de ama­ri­llo, de su cuerpo algo seme­jante al de una tor­tuga. Y, de repente, zarpa como un rayo, pero no a tanta velo­ci­dad que el ojo de quien lo mira no lo pueda seguir. Lo sigue, cau­tiva este mos­car­dón aco­ra­zado a quie­nes sabe­mos lo que es. En este ins­tante los siento bajo mi frente, lento, regán­dome su polvo de cemen­te­rio, acre­cen­tando mi enfer­me­dad. ¡Pero ya no deseos de <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with suicidio" href="http://www.muladarnews.com/tag/suicidio/" rel="tag nofollow">sui­ci­dio</a>! Al con­tra­rio, hay cierta dureza en el cuerpo de mis ojos, un dolor difuso, como el sueño maligno, de muerte temida y no de la deseada. Sí, que­ri­dí­simo João Gui­ma­raes Rosa, te voy a con­tar de algún modo en qué con­siste este veneno mío. Es vul­gar, sin embargo me recuerda el cuento que escri­biste sobre ese hom­bre que se fue en un bote, por un río sel­vá­tico y lo estu­vie­ron espe­rando, espe­rando tanto… y creo que ya estaba muerto. Debe haber cierta rela­ción entre el vuelo del huay­ronqo man­chado de polen cemen­te­rial, la pre­sión que siento en toda la cabeza por causa del veneno y ese cuento de usted, João.</p>
<p>17 de mayo</p>
<p>Había lle­gado a Ukuhuay, un pue­blo calu­roso. Decían que era chi­chera. Los árbo­les de la que­brada angosta en cuyo fondo esta­ban las casi­tas de Ukuhuay tenían pará­si­tos que flo­re­cían y “sal­va­jina”. La “sal­va­jina” parece inerte, son hojas lar­gas en forma de hilos grue­sos; echan sus raí­ces en la cor­teza de los árbo­les que cre­cen en los pre­ci­pi­cios; son de color gris claro; no se sacu­den sino con el viento fuerte, por­que pesan, están car­ga­das de esen­cia vege­tal densa. La “sal­va­jina” cuelga sobre abis­mos donde el canto de los pája­ros, espe­cial­mente de los loros via­je­ros reper­cute; ima sapra es su nom­bre que­chua en Ukuhuay. El ima sapra se des­taca por el color y la forma; los árbo­les se esti­ran hacia el cielo y el ima sapra hacia la roca y <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with El Agua" href="http://www.muladarnews.com/tag/el-agua/" rel="tag nofollow">el agua</a>; cuando llega el viento, el ima sapra se balan­cea pesa­da­mente o se sacude, asus­tado, y trans­mite su espanto a los ani­ma­les. La som­bra es dul­cí­sima en esa que­brada can­dente. Los patos de cresta roja nadan año­rando algo en los reman­sos, como en pozos de lágri­mas, según los can­tos de la región. Fidela subió desde el fondo de esa que­brada; llegó al pue­blo de altura, de paso, según dijo, a Hua­manga. Estaba pre­ñada e iba a la ciu­dad lejana, sin fiam­bre y sin auxi­lios. Per­ma­ne­ció tres días en Lam­bra; era mes­tiza y no podía pedir mise­ri­cor­dia. La patrona de la casa en que yo ser­vía le obse­quió una talega de cecina, can­cha y queso duro, y una manta rotosa. Le entregó las dos cosas en el patio empe­drado de lajas de la casa, a pleno sol. Unos kilos de su cabe­llera cru­za­ban parte de su ros­tro y le entra­ban a la boca, en un extremo, y allí los labios rezu­ma­ban saliva. Era blan­cota y sucia; estaba asus­tada, deci­dida. Por la noche, en la oscu­ri­dad, char­la­ban en la cocina el “lacayo” y la coci­nera; yo los escu­chaba desde la gran batea de ama­sar pan que me ser­vía de cama. La mes­tiza dor­mía sobre unos pelle­jos, junto al fogón, lejos de la batea. Sentí que se arras­traba como una cule­bra; puso una mano en el borde de la batea. En el sol del patio me había mirado con deten­ción; yo era el bece­rrero de la señora; tan sucio como la mes­tiza, y era blanco. Sentí que la mano de la Fidela levan­taba el pon­cho de pako con que me abri­gaba. El “lacayo” y doña Fabiana, la coci­nera, dis­cu­tían. Fidela se acercó más hacia donde estaba mi cuerpo; debió lle­gar hasta la parte media de la batea. Y fue avan­zando la mano hacia mi vien­tre. Sus dedos duros esta­ban como cal­dea­dos. Yo guardé silen­cio; vi, her­mano João. ¿Por qué me dirijo a ti? ¿Será por­que has muerto y a mí la muerte me amasa desde que era niño, desde esa tarde solemne en que me dirigí al ria­chuelo de Hua­ll­pa­mayo rogando al santo patrón del pue­blo y a la <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with virgen" href="http://www.muladarnews.com/tag/virgen/" rel="tag nofollow">Vir­gen</a> que me hicie­ran morir, y lo único que con­se­guí fue que la luz del sol me entrara por la cabeza y me empa­para la carne, la hiciera arder en ansias todo­po­de­ro­sas e inal­can­za­bles como esas bar­bas de los árbo­les que, con el viento fuerte se sacu­den cau­sando espanto entre los ani­ma­les? Hoy ya es 18, João, y desde ayer, desde que empecé a escri­bir las pri­me­ras líneas de ayer, la nuca me oprime hasta des­equi­li­brarme. Estoy haciendo un esfuerzo muy grande para hablar con una mínima lim­pieza, como para que estas líneas pue­dan ser leí­das. Así somos los <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with Escritores" href="http://www.muladarnews.com/tag/escritores/" rel="tag nofollow">escri­to­res</a> de pro­vin­cias, estos que de haber sido comi­dos por los pio­jos, lle­ga­mos a enten­der a Sha­kes­peare, a Rim­baud, a Poe, a Que­vedo, pero no el Uli­ses. ¿Cómo? Dis­pén­senme. En esto de escri­bir del modo como lo hago ahora ¿somos dis­tin­tos los que fui­mos pasto de los pio­jos en San Juan de Luca­nas y el “Sexto”, dis­tin­tos de Lezama Lima o <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with Vargas" href="http://www.muladarnews.com/tag/vargas/" rel="tag nofollow">Var­gas</a> Llosa? No somos dife­ren­tes en lo que estaba pen­sando al hablar de “pro­vin­cia­nos”. Todos somos pro­vin­cia­nos, don Julio (Cor­tá­zar). Pro­vin­ciano de las nacio­nes y pro­vin­cia­nos de lo supra­na­cio­nal que es, tam­bién, una esfera, un estrato bien cerrado, el del “valor en sí”, como usted con mucha feli­ci­dad señala. Y cuando desde San Miguel de Obra­ji­llo con­tem­pla­mos los mun­dos celes­tes, entre los cua­les giran y bri­llan, como yo lo vi, las <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with estrellas" href="http://www.muladarnews.com/tag/estrellas/" rel="tag nofollow">estre­llas</a> fabri­ca­das por el hom­bre, hasta pode­mos hablar, poé­ti­ca­mente, de ser pro­vin­cia­nos de este mundo. No, João: no vi nada cuando Fidela me tocó el vien­tre y sus dedos, como ara­ñas cal­dea­das, medio deses­pe­ra­das, me aca­ri­cia­ban. Sentí como que el aire se ponía sofo­cado, creí que me man­da­ban la muerte en forma de aire caliente. Todo mi cuerpo anhe­laba. Ella alzó el pon­cho que me cubría. No nos des­nu­dá­ba­mos, en ese frío, los mucha­chos. Fidela se echó a mi lado. Se había levan­tado el traje; le toqué el cuerpo con mis manos. A tra­vés de la piel de mis manos, cuar­teada por la helada, sentí la sofo­ca­ción de su gar­ganta, mien­tras mi cuerpo pesaba y mi ánima se enco­men­daba a los san­tos, en ora­cio­nes que­chuas. Ella me levantó sobre su cuerpo. Y el dulce arcano mal­de­cido, João, donde se forma la vida, la hiel del sol que bebes en al oscu­ri­dad con cada poro que es como len­gua de huahua… El veneno de los cris­tia­nos cató­li­cos que nacie­ron a las som­bras de esas bar­bas de árbo­les que asus­tan a los ani­ma­les, de las ora­cio­nes en que­chua sobre el jui­cio final; el rezo de las seño­ras apros­ti­tu­ta­das mien­tras el hom­bre las fuerza delante de un niño para que la for­ni­ca­ción sea más ende­mo­niada y eche una sal­pi­cada de muerte a los ojos del mucha­cho… Fidela subió la gran cuesta con su talega a la espalda. La acom­pa­ña­mos los sir­vien­tes hasta el Andén de las Des­pe­di­das, que en esos tiem­pos había en todos los pue­blos hispano—indios. Se des­pi­dió, llo­rando. Siem­pre tenía esos pelos en la boca hume­de­cida. Le cru­za­ban un lado de la cara, y todos los cie­los con­tras­ta­ban en ese arco que hacía rezu­mar saliva en un extremo de los labios. Las nubes altí­si­mas, cons­tre­ñi­das, el movi­miento pequeño del qopayso, yer­bita, maro­nea­ban en ese arco; y más cuando Fidela se puso a llo­rar. Yo estaba detrás de doña Fabiana, me apo­yaba en el rebozo de la india. Otra vez, la via­jera, esa des­co­no­cida, me miró con inten­ción, y se arro­di­lló delante de la coci­nera, le besó un extremo de la falda. Luego empezó a subir el gran cerro, tan escar­pado y lajoso. La vimos irse largo rato. Pasó tras el muro de espi­nos que guar­daba un potrero de la señora del pue­blo, y empezó a subir la cuesta cas­ca­jienta. “Va, pues, a parir un huér­fano, un foras­tero; qui­zás adónde”, dijo doña Fabiana. Ya había subido muy alto; no podía volver.</p>
<p>el zorro de arriba: La Fidela pre­ñada; san­gre; se fue. El mucha­cho estaba con­fun­dido. Tam­bién era foras­tero. Bajó a tu terreno.</p>
<p>el zorro de abajo: Un sexo des­co­no­cido con­funde a ésos. Las pros­ti­tu­tas cara­jean, putean, con dere­cho. Lo dis­tan­cia­ron más al suso­di­cho. A nadie per­te­nece la “zorra” de la pros­ti­tuta; es del mundo de aquí, de mi terreno. Flor de fango, les dicen. En su “zorra” apa­rece el <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with miedo" href="http://www.muladarnews.com/tag/miedo/" rel="tag nofollow">miedo</a> y la con­fianza también.</p>
<p>el zorro de arriba: La con­fianza, tam­bién el <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with miedo" href="http://www.muladarnews.com/tag/miedo/" rel="tag nofollow">miedo</a>, el foras­te­rismo nacen de la <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with virgen" href="http://www.muladarnews.com/tag/virgen/" rel="tag nofollow">Vir­gen</a> y del ima sapra; y del hie­rro tor­cido, retor­cido, parado o en movi­miento, por­que quiere man­dar la salida y entrada de todo.</p>
<p>el zorro de abajo: ¡Ji, ji, ji…! Aquí, la flor de la caña son pena­chos que dan­zan cos­qui­lleando la tela que envuelve el cora­zón de los que pue­den hablar; el algo­dón es ima sapra blanco. Pero la ser­piente amaru no se va a aca­bar. El hie­rro bota humo, san­gre­cita, hace arder el seso, tam­bién el testículo.</p>
<p>el zorro de arriba: Así es. Segui­mos viendo y conociendo…</p>
<p>¿ULTIMO DIARIO?</p>
<p>(Tro­zos selec­cio­na­dos y corre­gi­dos en Lima, el 28 de octubre)</p>
<p>San­tiago de Chile, 20 de agosto de 1969</p>
<p>He luchado con­tra la muerte o creo haber luchado con­tra la muerte, muy de frente, escri­biendo este entre­cor­tado y que­joso relato. Yo tenía pocos y débi­les alia­dos, inse­gu­ros; los de ella han ven­cido. Son fuer­tes y esta­ban bien res­guar­da­dos por mi pro­pia carne. Este desigual relato es ima­gen de la desigual pelea.</p>
<p>¡Cuán­tos Her­vo­res han que­dado ente­rra­dos! Los Zorros no podrán narrar la lucha entre los líde­res izquier­dis­tas, y de los otros, en el sin­di­cato de pes­ca­do­res; no podrán inter­ve­nir. Los siglos que car­gan en sus cabe­zas cada uno de esos hom­bres enfren­ta­dos en Chim­bote y con­ti­nua­do­res muy sui gene­ris de una pugna que viene desde que la civi­li­za­ción existe. No apa­re­cerá Mon­cada pro­nun­ciando su dis­curso fune­ra­rio, de noche, inme­dia­ta­mente des­pués de la muerte de don Este­ban de la Cruz; el ser­món que pro­nun­cia en el mue­lle de La Caleta, ante dece­nas de pes­ca­do­res que jue­gan a los dados cerca de las esca­las por donde bajan a las pan­cas y cha­la­nas que los lle­van a las boli­che­ras. Los Zorros iban a comen­tar y dan­zar este ser­món fune­ra­rio en que el <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with zambo" href="http://www.muladarnews.com/tag/zambo/" rel="tag nofollow">zambo</a> “loco” enjui­cia al mar y a la tie­rra. Y el último ser­món de Mon­cada en el campo que­mado, cubierto de esque­le­tos de ratas, del mer­cado de La Línea que la muni­ci­pa­li­dad manda arra­sar con bul­dó­se­res. Allí el <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with zambo" href="http://www.muladarnews.com/tag/zambo/" rel="tag nofollow">zambo</a> hace el balance final de cómo ha visto, desde Chim­bote, a los ani­ma­les y a los hom­bres. Por­que él es el único que ve en con­junto y en lo par­ti­cu­lar las natu­ra­le­zas y des­ti­nos; y los Zorros no dan­za­rían a sal­tos y luces estas últi­mas pala­bras. No podré rela­tar, minu­cio­sa­mente, la suerte final de Tinoco que, embru­jado, con el pene tieso, intenta esca­lar el médano “Cruz de Hueso”, cre­yendo que así ha de sanar, y no puede avan­zar un solo paso, hasta que la muerte lo entie­rra mien­tras que “Ojos de Paloma” y Paula Mel­chora… El Zorro de Arriba, bai­lando como un trompo, ha estado lla­mando desde la cima del médano a Tino­cu­cha, mien­tras hier­ven en el aire las lágri­mas de “Ojos de Paloma” y la feli­ci­dad atro­ci­dad de Paula Mel­chora. Sí. Y cómo Chau­cato… larga y san­gui­no­lenta his­to­ria que nin­guno de los Zorros danza. Miran al pari­dor inocente de Bras­chi, com­pren­diendo. No saben llo­rar. Ladra­rán… El “mag­ná­nimo” pro­yecto del chan­chero se va a cum­plir. Y Asto, a pesar de que no ha podido apren­der a bai­lar cum­bia, queda encen­dido, for­ta­le­cido, con­tento, y pen­diente, al pare­cer de por vida y cual de una per­cha, de la blan­cura y cari­ño­si­dad de la “Argen­tina” que lo trata siem­pre como a una viz­ca­chita. Los Zorros no dis­cu­ten esto. Anto­lín Cris­pín lo hace oír en su gui­ta­rra, como uste­des saben, a oscuras.</p>
<p>Ni <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with el suicidio" href="http://www.muladarnews.com/tag/el-suicidio/" rel="tag nofollow">el </a><a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with suicidio" href="http://www.muladarnews.com/tag/suicidio/" rel="tag nofollow">sui­ci­dio</a> de Orfa que se lanza desde la cum­bre de “El Dorado” al mar, desen­ga­ñada por todo y más, por­que allí, en la cima, no encuen­tra a Tutay­kire, tren­zando oro ni nin­gún otro fan­tasma y sólo un blan­queado silen­cio, el del guano de isla. En su pro­pia casa, el pes­ca­dor Asto, ese indio, le había dicho, como pen­sando en otro cosa, delante de un tes­tigo tan serio como el gringo al que lla­ma­ban Max y de un cholo de hocico largo y de gorra que pare­cía tener len­te­jue­las, le había dicho que en la cima de “El Dorado”, un fan­tasma pro­tec­tor y grande tren­zaba una red de oro. Pero ella no lo pudo ver por­que tenía los ojos con una cerra­zón de fero­ces arre­pen­ti­mien­tos, de ima sapra, y saltó al abismo con su huahua en los bra­zos, a ciegas.</p>
<p>Ni la muerte de Max­well, dego­lla­ción, cuya vida no tolera el “Mudo” en quien Chau­cato ha enar­de­cido el veneno, ale­teán­dole con bra­zos de cocho embra­ve­cido en su última hora. Ni la vida luz tinie­blosa de Car­dozo y de Ojos Verde-claros. Los Zorros corren del uno al otro de sus mun­dos; bai­lan bajo la luz azul, sos­te­niendo tro­zos de bosta agu­sa­nada sobre la cabeza. Ellos sien­ten, musian, más claro, más denso que los medio locos tran­si­dos y cons­cien­tes y, por eso, y no siendo mor­ta­les, de algún modo hil­va­nan e iban a seguir hil­va­nando los mate­ria­les y almas que empezó a arras­trar este relato.</p>
<p>¿Es mucho menos lo que sabe­mos que la gran espe­ranza que sen­ti­mos, Gus­tavo? ¿Pue­des decirlo tú, el teó­logo del Dios libe­ra­dor, que lle­gaste a visi­tarme aquí, a Lorena 1275, donde estu­vi­mos tan con­ten­tos a pesar de que yo en esos días ya no escri­bía nada? Claro; yo te había leído en Lima esas pági­nas de Todas las san­gres en que el sacris­tán y can­tor de San Pedro de Lahuay­marca, que­mada ya su igle­sia y refu­giado entre los comu­ne­ros de las altu­ras, le replica a un cura del Dios inqui­si­dor, le replica con argu­men­tos muy seme­jan­tes a los de tus lúci­das y paté­ti­cas con­fe­ren­cias pro­nun­cia­das, hace poco, en Chimbote.</p>
<p>Yo iba o pre­ten­día… El pri­mer capí­tulo es tibión y enre­dado… Pre­ten­día un mues­tra­rio cabal­gata, ati­zado de reali­da­des y sím­bo­los, el que miro por los ojos de los Zorros desde la cum­bre de Cruz de Hueso adonde nin­gún humano ha lle­gado ni yo tam­poco… Debía ser anu­dado y expri­mido en la Segunda Parte. Te pare­cías a los dos Zorros, Gus­tavo. Yo te pedi­ría que des­pués de que algún her­mano mío tocara cha­rango o quena (Jaime, Máximo Damián Hua­mani o Luis Durand), des­pués que cual­quiera de los jóve­nes polí­ti­cos de izquierda que no están sen­ten­cia­dos y <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with presos" href="http://www.muladarnews.com/tag/presos/" rel="tag nofollow">pre­sos</a> y que tanto se pelea­ban cuando salí del Perú… Sí, si fuera posi­ble y él acep­tara, Edmundo Murru­ga­rra. Edmundo fue mi alumno en un cur­sito que dicté en San Mar­cos. Edmundo tam­bién tiene la cara de los dos Zorros; tiene una facha de vecino de pequeño pue­blo, un alma ilu­mi­nada y ace­rada por la sed de jus­ti­cia y las mejo­res lec­tu­ras… A nom­bre de la Uni­ver­si­dad, si es posi­ble y él acepta, Alberto Esco­bar. Y por los mucha­chos, si les parece bien a ellos, un estu­diante de La Molina. (¡Qué poco hice por la Uni­ver­si­dad aun­que quizá algo hice para ella!)</p>
<p>Me gus­tan, her­ma­nos, las cere­mo­nias hon­ra­das, no las fan­to­cha­das del carajo. Las cere­mo­nias no cere­mo­nio­sas sino pal­pi­ta­ción. Así creo haber vivido; si es posi­ble. Y tú, Gus­tavo, a voso­tros, como es lo correcto decir, Alberto, Máximo Damián, Jaime, Edmundo… No se van a pres­tar en jamás de los jama­ses, mien­tras sean como yo los conocí, a fan­to­cha­das… Hay en mis hue­sos muchas de las ape­ten­cias del serrano anti­guo por angas y man­gas, con­ver­tido por sus madres y padres, malos y bue­nos, en vehe­mente, aso­lem­nado y ale­gre tra­ba­ja­dor social; invul­ne­ra­ble a la amar­gura aun estando ya des­cua­jado. Dis­pén­senme la inocente y segura con­vic­ción: invul­ne­ra­ble como todo aquel que ha vivido el odio y la ter­nura de los runas (ellos nunca se lla­man indios a sí mismos).</p>
<p>… Quizá con­migo empieza a cerrarse un ciclo y a abrirse otro en el Perú y lo que él repre­senta: se cie­rra el de la calan­dria con­so­la­dora, del azote; del arrie­raje, del odio impo­tente, de los fúne­bres “alza­mien­tos”, del temor a Dios y del pre­do­mi­nio de ese Dios y sus pro­te­gi­dos, sus fabri­can­tes; se abre el de la luz y de la fuerza libe­ra­dora inven­ci­ble del hom­bre de Viet­nam, el de la calan­dria de fuego, el del dios libe­ra­dor. Aquel que se rein­te­gra. <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with vallejo" href="http://www.muladarnews.com/tag/vallejo/" rel="tag nofollow">Vallejo</a> era el prin­ci­pio y el fin.</p>
<p>¿Creéis, voso­tros, Emi­lio Adolfo, Alberto, Gus­tavo, Edmundo, que todo esto que digo y pido es vani­dad? Esta novela ha que­dado incon­clusa y un poco des­tron­cada, y acaso don Gon­zalo no la con­si­dere de mérito sufi­ciente para publi­carla, y con razón (tengo un com­pro­miso de buena fe con él), pero mi vida no ha sido trunca. Des­pi­dan en mí un tiempo del Perú. He sido feliz en mis llan­tos y lan­za­zos, por­que fue­ron por el Perú; he sido feliz con mis insu­fi­cien­cias por­que sen­tía el Perú en que­chua y en cas­te­llano. Y el Perú ¿qué?: Todas las natu­ra­le­zas del mundo en su terri­to­rio, casi todas las cla­ses de hom­bres. Es mucho menos extenso pero más diverso de cómo fue la Rusia anti­gua. Esos ríos de “tanta y tan cre­cida hon­dura”, como ya lo sin­tió don Pedro Cieza mucho antes que se hicie­ran más pro­fun­dos e intrin­ca­dos. ¿No sabe­mos mucho, Emi­lio Adolfo? Y ese país en que están todas las cla­ses de hom­bres y natu­ra­le­zas yo lo dejo mien­tras hierve con las fuer­zas de tan­tas sus­tan­cias dife­ren­tes que se revuel­ven para trans­for­marse al cabo de una lucha san­grienta de siglos que ha empe­zado a rom­per, de veras, los hie­rros y tinie­blas con que los tenían sepa­ra­dos, sofre­nán­dose. Des­pi­dan en mí a un tiempo del Perú cuyas raí­ces esta­rán siem­pre chu­pando jugo de la tie­rra para ali­men­tar a los que viven en nues­tra patria, en la que cual­quier hom­bre no engri­lle­tado y embru­te­cido por el egoísmo puede vivir, feliz, todas las patrias. ¿Cómo están las fron­te­ras de alam­bres de púas, Coman­dante? ¿Cuánto tiempo dura­rán? Igual que los ser­vi­do­res de los dio­ses, tinie­bla, ame­naza y terror, que las alza­ron y afi­la­ron, creo que se debi­li­tan y corroen.</p>
<p>En la voz del cha­rango y de la quena, lo oiré todo. Estará casi todo, y Max­well. Tú, Max­well, el más atin­gido, con tan­tos mons­truos y ali­ma­ñas den­tro y fuera de ti, que tie­nes que ani­qui­lar, trans­for­mar, llo­rar y quemar.</p>
<p>22 de octubre</p>
<p>He vuelto de un viaje no tan inú­til que hice a Lima. Habrán de dis­pen­sarme lo que hay de peti­to­rio y de pavo­nearse en este último dia­rio, si el balazo se da y acierta. Estoy seguro que es ya la única chispa que puedo encen­der. Y, por fuerza, tengo que espe­rar no sé cuán­tos días para hacerlo.</p>
<p>EPÍLOGO</p>
<p>San­tiago de Chile, 29 de agosto de 1969.</p>
<p>(Corre­gido y reafir­mado a mi vuelta, en Lima, el 5 de noviembre)</p>
<p>Señor Don Gon­zalo Losada</p>
<p>Bue­nos Aires</p>
<p>Que­rido don Gonzalo:<img class="alignright" src="http://letras-uruguay.espaciolatino.com/aaa/arguedas/index.1.jpg" alt="index.1 José María Arguedas: Apuntes de un suicidio" width="269" height="348" title="José María Arguedas: Apuntes de un suicidio" /></p>
<p>Uno de estos días me voy defi­ni­ti­va­mente a Lima. Esta <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with carta" href="http://www.muladarnews.com/tag/carta/" rel="tag nofollow">carta</a> se la entre­ga­rán junto con el “¿Ultimo Dia­rio?” de los “Zorros”, docu­mento que acaso pueda, como pre­tende, ali­viar la novela de su ver­da­dero aun­que par­cial trun­ca­miento. Ten­den­cias y per­so­na­jes ya defi­ni­dos –el pro­yecto era ama­rrar y ati­zar en la Segunda Parte— y sím­bo­los ape­nas esbo­za­dos que empe­za­ban a mos­trar su entraña han que­dado dete­ni­dos. Así los capí­tu­los de la Pri­mera Parte y los epi­so­dios de la Segunda, lle­gan, creo, a for­mar una novela algo inco­nexa que con­tiene el ger­men de otra más vasta. Veo ahora que los Dia­rios fue­ron impul­sa­dos por la pro­gre­sión de la muerte.</p>
<p>¿Se acuerda usted que le escribí –me parece que fue en junio— anun­cián­dole que en dos o tres meses más con­clui­ría el pri­mer borra­dor de los Her­vo­res que me fal­ta­ban de la Segunda Parte? Si hubiera podido seguir tra­ba­jando al ritmo con que lo hacía enton­ces quizá lo habría con­se­guido. Pero me cayó un repen­tino huayco que ente­rró el camino y no pude levan­tar, por mucho que hice, el lodo y las pie­dras que for­man esas ava­lan­chas que son más pesa­das cuando caen den­tro del pecho. Quiero dejar cons­tan­cia que el huayco fue repen­tino pero no com­ple­ta­mente ines­pe­rado. Hace muchos años que mi ánimo fun­ciona como los cami­nos que van de la costa a <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with la sierra" href="http://www.muladarnews.com/tag/la-sierra/" rel="tag nofollow">la sie­rra</a> peruana, subiendo por abis­mos y lade­ras geo­ló­gi­ca­mente aún ines­ta­bles. ¿Quién puede saber qué día o qué noche ha de caer un huayco o un derrumbe seco sobre esos cami­nos? La novela ha que­dado, pues, lo repito, no creo que abso­lu­ta­mente trunca sino con­te­nida, un cuerpo medio ciego y deforme pero que acaso sea capaz de andar.</p>
<p>Allí están, por ejem­plo, cua­tro hom­bres indo—hablantes que por la dife­ren­cia de sus orí­ge­nes y des­ti­nos se expre­san y lle­gan a ser en la ciu­dad puerto indus­trial (ese retor­cido pulpo fos­fo­res­cente) dis­tin­tos cas­te­lla­nos aun­que de pro­crea­ción seme­jante; y se enca­mi­nan, claro, a pun­tos o <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with estrellas" href="http://www.muladarnews.com/tag/estrellas/" rel="tag nofollow">estre­llas</a> unos más defi­ni­dos que otros. Y andan a pasos de otra laya, cada uno. Y están, tam­bién, dos ciu­da­da­nos crio­llos, por­te­ños, muy con­tra­pues­tos: “libre” el uno, Mon­cada; aman­cor­nado el otro, Chau­cato. Así es… Y hay unos cuan­tos más, a medio hacer; aparte de los Zorros, sus andan­zas y pala­bras. Unos sím­bo­los, una trom­pea­dura ata­ja­dos en el momento en que ya todos empe­za­ban a encenderse.</p>
<p>Por eso, si a jui­cio de sus ase­so­res y de usted mismo, don Gon­zalo, el relato apa­rece como insu­fi­ciente, deje a mi viuda que le ofrezca a cual­quier edi­tor peruano o de otro país. Yo no dudo del valor de algu­nos capí­tu­los (he alcan­zado a recom­po­ner el pri­mero en estos días) y de la impor­tan­cia docu­men­tal del con­junto. No puedo aven­tu­rar un jui­cio defi­ni­tivo, tengo dudas y entu­sias­mos. Ha sido escrito a sobre­sal­tos en una ver­da­dera lucha –a medias triun­fal— con­tra la muerte. Yo no voy a sobre­vi­vir al libro. Como estoy seguro que mis facul­ta­des y armas de crea­dor, pro­fe­sor, estu­dioso e inci­ta­dor, se han debi­li­tado hasta que­dar casi nulas y sólo me que­dan las que me rele­ga­rían a la con­di­ción de espec­ta­dor pasivo e impo­tente de la for­mi­da­ble lucha que la huma­ni­dad está librando en el Perú y en todas par­tes, no me sería posi­ble tole­rar ese des­tino. O actor, como he sido desde que ingresé a la escuela secun­da­ria, hace cua­ren­ti­trés años, o nada.</p>
<p>De usted he reci­bido, con motivo del pro­yecto de redac­ción de los “Zorros” y mien­tras escri­bía el libro, las más nobles, las más gene­ro­sas car­tas. Le estoy agra­de­cido, y teniendo en cuenta su buena volun­tad le hago un último pedido: una edi­ción popu­lar de Todas las san­gres para el Perú y del relato sobre Chim­bote, si alcan­zara a tener demanda. Algún día los libros y todo lo útil no serán motivo de comer­cio lucra­tivo en nin­guna parte. Yo sé que usted está de acuerdo, en el fondo, con esta con­ve­nien­cia y que no ha sido el lucro el estí­mulo prin­ci­pal de su empresa de edi­tor. Mi viuda estará abso­lu­ta­mente de acuerdo con el pedido que le hago. Ella tiene dere­cho sobre esos dos libros[3]. Ade­más, si usted acepta “El zorro de arriba y el zorro de abajo” así como está y man­tiene su deci­sión de dis­po­ner la edi­ción inme­diata, le pido inser­tar a manera de pró­logo el breve dis­curso que pro­nun­cié cuando me entre­ga­ron el pre­mio Inca Gar­ci­laso de la Vega, y que mi viuda, Sybila (acero y paloma) y mi amigo Emi­lio Adolfo Westp­ha­len, se encar­guen de revi­sar las prue­bas y le acon­se­jen res­pecto de la edi­ción. Emi­lio Adolfo es mi amigo desde 1933; no ha hecho con­ce­sio­nes intere­sa­das nunca y creo que es el poeta y ensa­yista que más pro­fun­da­mente cono­cía y conoce la <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with Literatura" href="http://www.muladarnews.com/tag/literatura/" rel="tag nofollow">lite­ra­tura</a> occi­den­tal y quien muy severa y jubi­lo­sa­mente apre­ció y difun­dió la <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with Literatura" href="http://www.muladarnews.com/tag/literatura/" rel="tag nofollow">lite­ra­tura</a> peruana, oral y escrita, desde las revis­tas que ha diri­gido y dirige. A él y al vio­li­nista Máximo Damián Hua­mani, de San Diego de Ishua, les dedico, teme­roso, este lisiado y desigual relato. Debo al auxi­lio de la Dra. Lola Hoff­man el haber escrito desde el II capí­tulo de “Todas las san­gres” hasta la última línea de los Hervores.</p>
<p>Reciba usted un abrazo de des­pe­dida de su amigo.</p>
<p>José María <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with arguedas" href="http://www.muladarnews.com/tag/arguedas/" rel="tag nofollow">Argue­das</a></p>
<p>p. d. Dedi­caré no sé cuan­tos días o sema­nas a encon­trar una forma de irme bien de entre los vivos.</p>
<p>P. D. (a mi vuelta de Lima). Obtuve en Chile un revól­ver cali­bre 22. Lo he pro­bado. Fun­ciona. Está bien. No será fácil ele­gir el día, hacerlo.</p>
<p>José María <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with arguedas" href="http://www.muladarnews.com/tag/arguedas/" rel="tag nofollow">Argue­das</a></p>
<p>Señor Rec­tor de la</p>
<p>Uni­ver­si­dad Agra­ria, Jóve­nes estudiantes:</p>
<p>Les dejo un sobre que con­tiene docu­men­tos que expli­can las cau­sas de la deci­sión que he tomado.</p>
<p>Pro­fe­so­res y estu­dian­tes tene­mos un vínculo común que no puede ser inva­li­dado por nega­ción uni­la­te­ral de nin­guno de noso­tros. Este vínculo existe, incluso cuando se le niega: somos miem­bros de una cor­po­ra­ción creada para la ense­ñanza supe­rior y la inves­ti­ga­ción. Yo invoco ese vínculo o lo tomo en cuenta para hacer aquí algo con­si­de­rado como atroz: <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with el suicidio" href="http://www.muladarnews.com/tag/el-suicidio/" rel="tag nofollow">el </a><a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with suicidio" href="http://www.muladarnews.com/tag/suicidio/" rel="tag nofollow">sui­ci­dio</a>. Alum­nos y pro­fe­so­res guar­dan con­migo un vínculo de tipo inte­lec­tual que se supone y se con­cibe debe ser gene­roso y no entra­ña­ble. De ese modo reci­bi­rán mi cuerpo como si él hubiera caído en un campo amigo, que le per­te­nece, y sabrán sopor­tar sin agu­de­zas de sen­ti­miento y con indul­gen­cia este hecho.</p>
<p>Me aco­ge­rán en la Casa nues­tra, aten­de­rán mi cuerpo y lo acom­pa­ña­rán hasta el sitio en que deba que­dar defi­ni­ti­va­mente. Este acto con­si­de­rado atroz yo no lo puedo ni debo hacer en mi casa par­ti­cu­lar. Mi Casa de todas las eda­des es esta: La uni­ver­si­dad. Todo cuanto he hecho mien­tras tuve ener­gías per­te­nece al campo ili­mi­tado de la Uni­ver­si­dad y, sobre todo, el desin­te­rés, la devo­ción por el Perú y el ser humano que me impul­sa­ron a tra­ba­jar. Nom­bro por única vez este argu­mento. Lo hago para que me dis­pen­sen y me acom­pa­ñen sin con­goja nin­guna sino con la mayor fe posi­ble en nues­tro país y su gente, en la Uni­ver­si­dad que estoy seguro anima nues­tras pasio­nes, pero sobre todo nues­tra deci­sión de tra­ba­jar por la libe­ra­ción de las limi­ta­cio­nes arti­fi­cia­les que impi­den aún el libre vuelo de la capa­ci­dad humana, espe­cial­mente la del hom­bre peruano.</p>
<p>Creo haber cum­plido mis obli­ga­cio­nes con cierto sen­tido de res­pon­sa­bi­li­dad, ya como empleado, como fun­cio­na­rio, docente y como escri­tor. Me retiro ahora por­que siento, he com­pro­bado que ya no tengo ener­gía e ilu­mi­na­ción para seguir tra­ba­jando, es decir, para jus­ti­fi­car la vida. Con el acre­cen­ta­miento de la edad y el pres­ti­gio las res­pon­sa­bi­li­da­des, la impor­tan­cia de estas res­pon­sa­bi­li­da­des cre­cen y si el fuego del ánimo no se man­tiene y la luci­dez empieza, por el con­tra­rio, a debi­li­tarse, creo per­so­nal­mente que no hay otro camino que ele­gir, hones­ta­mente que el retiro. Y muchos, ojalá todos los cole­gas y alum­nos, jus­ti­fi­quen y com­pren­dan que para algu­nos el retiro a la casa, es peor que la muerte.</p>
<p>He dedi­cado este mes de noviem­bre a cal­cu­lar mis fuer­zas para des­cu­brir si las dos últi­mas tareas que com­pro­me­tían mi vida podían ser rea­li­za­das dado el ago­ta­miento que padezco desde hace algu­nos años. No. No tengo fuer­zas para diri­gir la reco­pi­la­ción de la <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with Literatura" href="http://www.muladarnews.com/tag/literatura/" rel="tag nofollow">lite­ra­tura</a> oral que­chua ni menos para empren­derla, pero con el Dr. Valle Ries­tra, Direc­tor de Inves­ti­ga­cio­nes, se con­vino en que esa tarea la podía rea­li­zar con­forme al plan que he pre­sen­tado. Voy a escri­bir a la Edi­to­rial Einaudi de Turín que aceptó mi pro­puesta de edi­tar un volu­men de 600 pági­nas de mitos y narra­cio­nes que­chuas. Nues­tra Uni­ver­si­dad puede empren­der y ampliar esta urgente y casi agó­nica tarea. Lo puede hacer si con­trata, pri­mero, con mi sueldo que ha de que­dar dis­po­ni­ble y está en el pre­su­puesto, a Ale­jan­dro Ortiz Reca­miere, mi exdis­cí­pulo y alumno dis­tin­guido de Lévi—Strauss durante cua­tro años y lo nom­bra des­pués. Él se ha pre­pa­rado lo más seria­mente que es posi­ble para este tra­bajo y puede for­mar, con el Dr. Alfredo Torero, un equipo del más alto nivel. Creo que la Edi­to­rial Einaudi acep­tará mi sus­ti­tu­ción por este equipo que repre­sen­ta­ría a la Uni­ver­si­dad. En cuanto a lo demás está expuesto en mi <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with carta" href="http://www.muladarnews.com/tag/carta/" rel="tag nofollow">carta</a> a Losada y en el “Ultimo Dia­rio” de mi casi incon­clusa novela “El zorro de arriba y el zorro de abajo”. Docu­men­tos que acom­paño a este manuscrito.</p>
<p>Declaro haber sido tra­tado con gene­ro­si­dad en la Uni­ver­si­dad Agra­ria y lamento que haya sido la ins­ti­tu­ción a la que más limi­ta­da­mente he ser­vido, por aje­nas cir­cuns­tan­cias. Aquí, en la Agra­ria, fui miem­bro de un Con­sejo de Facul­tad y pude com­pro­bar cuán fecunda y nece­sa­ria es la inter­ven­ción de los alum­nos en el gobierno de la Uni­ver­si­dad. Fui tes­tigo de cómo dele­ga­dos estu­dian­tes fana­ti­za­dos y algo bru­ta­les fue­ron siendo gana­dos por el sen­tido común y el espí­ritu uni­ver­si­ta­rio cuando los pro­fe­so­res en lugar de reac­cio­nar sólo con la indig­na­ción lo hacían con la mayor sere­ni­dad, ener­gía e inte­li­gen­cia. Yo no tengo ya des­ven­tu­ra­da­mente, expe­rien­cia per­so­nal sobre lo ocu­rrido durante los <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with trece" href="http://www.muladarnews.com/tag/trece/" rel="tag nofollow">trece</a> meses últi­mos que he estado ausente, pero creo que acaso los cam­bios no hayan sido tan radi­ca­les. Espero, creo, que la Uni­ver­si­dad no será des­truida jamás; que de la actual cri­sis se alzará más per­fec­cio­nada y con mayor luci­dez y ener­gía para cum­plir su misión.</p>
<p>Las cri­sis se resuel­ven mejo­rando la salud de los vivien­tes y nunca antes la Uni­ver­si­dad ha repre­sen­tado más ni tan pro­fun­da­mente la vida del Perú. Un pue­blo no es mor­tal, y el Perú es un cuerpo car­gado de pode­rosa savia ardiente de vida, impa­ciente por rea­li­zarse; la Uni­ver­si­dad debe orien­tarla con luci­dez, “sin rabia”, como habría dicho Inka­rri y los estu­dian­tes no están ata­ca­dos de rabia en nin­guna parte, sino de gene­ro­si­dad sabia y paciente. ¡La rabia no!</p>
<p>Dis­pen­sadme estas pós­tu­mas refle­xio­nes. He vivido atento a los lati­dos de nues­tro país.</p>
<p>Dis­pen­sadme que haya ele­gido esta Casa para pasar, algo des­agra­da­ble­mente, a la cesan­tía. Y, si es posi­ble, acom­pa­ñadme en armo­nía de fuer­zas que por muy con­tra­rias que sean, en la Uni­ver­si­dad y acaso sólo en ella, pue­den ali­men­tar el conocimiento.</p>
<p>La Molina, 27 de noviem­bre de 1969.</p>
<p>Al Rec­tor y alumnos</p>
<p>Nota aparte</p>
<p>Si a pesar de la forma en que muero ha de haber cere­mo­nia, y dis­cur­sos, les ruego no tomar en cuenta el pedido que hago en el “Ultimo Diario”con res­pecto a los músi­cos, mis ami­gos, Jaime, Durand o Damián Hua­mani, pero sí el de Alberto Esco­bar. Es el pro­fe­sor uni­ver­si­ta­rio a quien más quiero y admiro, él y Alfredo Torero. Anhe­la­ría que Esco­bar leyera el “Ultimo Dia­rio”. Digo que no se tome en cuenta lo de los músi­cos no por otra razón que los incon­ve­nien­tes de cual­quier índole que pue­dan haber. Ade­más ese “Dia­rio” es más que un pedido expre­sión final de anhe­los y pen­sa­mien­tos. Tam­bién, sí, con­firmo mi deseo de que, si han de haber dis­cur­sos que sea un estu­diante de La Molina. Dispensadme.</p>
<p>J.M.A.</p>
<p>Espero que mi esposa Sybila Arre­dondo no tenga incon­ve­niente en cobrar lo que me corres­ponda de haber por este mes. Ha de necesitarlo.</p>
<p>J.M.A.</p>
<p>28 de Nov. 1969</p>
<p>Elijo este día por­que no per­tur­bará tanto la mar­cha de la Uni­ver­si­dad. Creo que la matrí­cula habrá con­cluido. A los ami­gos y auto­ri­da­des les hago per­der el sábado y domingo, pero es de ellos y no de la U.</p>
<p>J.M.A.</p>
<p>“NO SOY UN ACULTURADO…”</p>
<p>Pala­bras de José María <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with arguedas" href="http://www.muladarnews.com/tag/arguedas/" rel="tag nofollow">Argue­das</a> en el acto de entrega del pre­mio “Inca Gra­ci­laso de la Vega”</p>
<p>(Lima, octu­bre 1968)</p>
<p>Acepto con rego­cijo el pre­mio Inca Gra­ci­laso de la Vega, por­que siento que repre­senta el reco­no­ci­miento a una obra que pre­ten­dió difun­dir y con­ta­giar en el espí­ritu de los lec­to­res el arte de un indi­vi­duo que­chua moderno que, gra­cias a la con­cien­cia que tenía del valor de su cul­tura, pudo ampliarla y enri­que­cerla con el cono­ci­miento, la asi­mi­la­ción del arte creado por otros pue­blos que dis­pu­sie­ron de medios más vas­tos para expresarse.</p>
<p>La ilu­sión de juven­tud del <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with autor" href="http://www.muladarnews.com/tag/autor/" rel="tag nofollow">autor</a> parece haber sido rea­li­zada. No tuvo más ambi­ción que la de vol­car en la corriente de la sabi­du­ría y el arte del Perú crio­llo el cau­dal del arte y la sabi­du­ría de un pue­blo al que se con­si­dera dege­ne­rado, debi­li­tado o “extraño” e “impe­ne­tra­ble” pero que, en reali­dad, no era sino lo que llega a ser un gran pue­blo, opri­mido por el des­pre­cio social, la domi­na­ción polí­tica y la explo­ta­ción eco­nó­mica en el pro­pio suelo donde realizó haza­ñas por las que la his­to­ria lo con­si­deró un gran pue­blo: se había con­ver­tido en una nación aco­rra­lada, ais­lada para ser mejor y más fácil­mente admi­nis­trada y sobre la cual sólo los aco­rra­la­do­res habla­ban mirán­dola a dis­tan­cia y con repug­nan­cia o curio­si­dad. Pero los muros ais­lan­tes y opre­so­res no apa­gan la luz de la razón humana y mucho menos si ella ha tenido siglos de ejer­ci­cio; ni apa­gan, por lo tanto, las fuen­tes del amor de donde brota el arte. Den­tro del muro ais­lante y opre­sor, el pue­blo que­chua, bas­tante arcai­zado y defen­dién­dose con el disi­mulo seguía con­ci­biendo ideas, creando can­tos y mitos. Y bien sabe­mos que los muros ais­lan­tes de las nacio­nes no son nunca com­ple­ta­mente ais­lan­tes. A mí me echa­ron por encima de ese muro, un tiempo, cuando era niño; me lan­za­ron en esa morada donde la ter­nura es más intensa que el odio y donde, por eso mismo, el odio no es per­tur­ba­dor sino fuego que impulsa.</p>
<p>Con­ta­giado para siem­pre de los can­tos y los mitos, lle­vado por la for­tuna hasta la Uni­ver­si­dad de San Mar­cos, hablando por vida el que­chua, bien incor­po­rado al mundo de los cer­ca­do­res, visi­tante feliz de gran­des ciu­da­des extran­je­ras, intenté con­ver­tir en len­guaje escrito lo que era como indi­vi­duo: un vínculo vivo, fuerte, capaz de uni­ver­sa­li­zarse, de la gran nación cer­cada y la parte gene­rosa, humana, de los opre­so­res. El vínculo podía uni­ver­sa­li­zarse, exten­derse; se mos­traba un ejem­plo con­creto, actuante. El cerco podía y debía ser des­truido; el cau­dal de las dos nacio­nes se podía y debía unir. Y el camino no tenía por qué ser, ni era posi­ble que fuera única­mente el que se exi­gía con impe­rio de ven­ce­do­res expo­lia­do­res, o sea: que la nación ven­cida renun­cie a su alma, aun­que no sea sino en la apa­rien­cia, for­mal­mente, y tome la de los ven­ce­do­res, es decir que se acul­ture. Yo no soy un acul­tu­rado; yo soy un peruano que orgu­llo­sa­mente, como un demo­nio feliz habla en cris­tiano y en indio, en espa­ñol y en que­chua. Deseaba con­ver­tir esa reali­dad en len­guaje artís­tico y tal parece, según cierto con­senso más o menos gene­ral, que lo he con­se­guido. Por eso recibo el pre­mio Inca Gra­ci­laso de la Vega con regocijo.</p>
<p>Pero este dis­curso no esta­ría com­pleto si no expli­cara que el ideal que intenté rea­li­zar, y que tal parece que alcancé hasta donde es posi­ble, no lo habría logrado si no fuera por dos prin­ci­pios que alen­ta­ron mi tra­bajo desde el comienzo. En la pri­mera juven­tud estaba car­gado de una gran rebel­día y de una gran impa­cien­cia por luchar, por hacer algo. Las dos nacio­nes de las que pro­ve­nía esta­ban en con­flicto: el uni­verso se me mos­traba encres­pado de con­fu­sión, de pro­me­sas, de belleza más que des­lum­brante, exi­gente. Fue <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with leyendo" href="http://www.muladarnews.com/tag/leyendo/" rel="tag nofollow">leyendo</a> a <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with Mariátegui" href="http://www.muladarnews.com/tag/mariategui/" rel="tag nofollow">Mariá­te­gui</a> y des­pués a Lenin que encon­tré un orden per­ma­nente en las cosas; la teo­ría socia­lista no sólo dio un cauce a todo el por­ve­nir sino a lo que había en mí de ener­gía, le dio un des­tino y lo cargó aun más de fuerza por el mismo hecho de encau­zarlo. ¿Hasta dónde entendí el socia­lismo? No lo sé bien. Pero no mató en mí lo mágico. No pre­tendí jamás ser un polí­tico ni me creí con apti­tu­des para prac­ti­car la dis­ci­plina de un par­tido, pero fue la ideo­lo­gía socia­lista y el estar cerca de los movi­mien­tos socia­lis­tas lo que dio direc­ción y per­ma­nen­cia, un claro des­tino a la ener­gía que sentí des­en­ca­de­narse durante la juventud.</p>
<p>El otro prin­ci­pio fue el de con­si­de­rar siem­pre el Perú como una fuente infi­nita para la crea­ción. Per­fec­cio­nar los medios de enten­der este país infi­nito mediante el cono­ci­miento de todo cuanto se des­cu­bre en otros mun­dos. No, no hay país más diverso, más múl­ti­ple en varie­dad terrena y humana; todos los gra­dos de calor y color, de amor y odio, de urdim­bres y suti­le­zas, de sím­bo­los uti­li­za­dos e ins­pi­ra­do­res. No por gusto, como diría la gente lla­mada común, se for­ma­ron aquí Pachá­ca­mac y Pacha­cu­tec, Hua­mán Poma, Cieza y el Inca Gar­ci­laso, Tupac Amaru y <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with vallejo" href="http://www.muladarnews.com/tag/vallejo/" rel="tag nofollow">Vallejo</a>, <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with Mariátegui" href="http://www.muladarnews.com/tag/mariategui/" rel="tag nofollow">Mariá­te­gui</a> y Egu­ron, la fiesta de Qoy­llur Riti y la del Señor de los Mila­gros; los yun­gas de la costa y de <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with la sierra" href="http://www.muladarnews.com/tag/la-sierra/" rel="tag nofollow">la sie­rra</a>; la agri­cul­tura a 4.000 metros; patos que hablan en lagos de altura donde todos los insec­tos de Europa se aho­ga­rían; pica­flo­res que lle­gan hasta el sol para beberle su fuego y lla­mear sobre las flo­res del mundo. Imi­tar desde aquí a alguien resulta algo escan­da­loso. En téc­nica nos supe­ra­rán y domi­na­rán, no sabe­mos hasta qué tiem­pos, pero en arte pode­mos ya obli­gar­los a que apren­dan de noso­tros y lo pode­mos hacer incluso sin mover­nos de aquí mismo. Ojalá no haya habido mucho de sober­bia en lo que he tenido que hablar; les agra­dezco y les ruego dispensarme.</p>
<p><span style="color: #ffffff;">.</span><br />
<strong>(*)</strong><em><strong> José María <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with arguedas" href="http://www.muladarnews.com/tag/arguedas/" rel="tag nofollow">Argue­das</a> Alta­mi­rano</strong></em> (n. Andahuay­las, 1911 — m. Lima, 1969), fue un escri­tor, <span class="mw-redirect">antro­pó­logo</span> y <span class="mw-redirect">etnó­logo</span> peruano. Como escri­tor es <a class="st_tag internal_tag" title="Posts tagged with autor" href="http://www.muladarnews.com/tag/autor/" rel="tag nofollow">autor</a> de nove­las y cuen­tos que lo han lle­vado a ser con­si­de­rado como uno de los tres gran­des repre­sen­tan­tes de la corriente indi­ge­nista en el Perú, junto con Ciro Ale­gría y Manuel Scorza.</p>
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		<title>Los Poetas y El Suicidio - ¿Porqué Se Suicidan los Poetas?</title>
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		<pubDate>Tue, 09 Sep 2008 22:12:42 +0000</pubDate>
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			<content:encoded><![CDATA[<h2><span style="color: #993300;"><img class="alignnone size-full wp-image-4853" title="poetas suicidas" src="http://muladarnews.com/wp-content/uploads/2008/09/poetas-suicidas.jpg" alt="poetas suicidas Los Poetas y El Suicidio" width="500" height="376" /></span></h2>
<p style="line-height: 15.9pt;"><strong><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;">Glommy</span><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"> S</span></strong><strong><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;">unday </span></strong><strong><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;">:  Canción Suicida : </span><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;">Rezs? Seress</span></strong></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #993300;"><strong>Domingo Triste</strong><br />
El domingo es triste, mis horas son de insomnio<br />
Amado, las sombras con las que vivo son infinitas<br />
Pequeñas flores blancas nunca te despertarán<br />
Allá donde el coche fúnebre de la tristeza te ha llevado<br />
Los ángeles no tienen intención de resucitarte<br />
¿Se enfadarían si pienso en reunirme contigo?</span></p>
<p style="text-align: right;"><span style="color: #003300;"><strong>Domingo triste</strong><br />
Mi corazón y yo hemos decidido que se acabe todo<br />
Pronto habrá velas y oraciones tristes lo sé<br />
Déjalos, que no haya lágrimas, déjalos que sepan que estoy contenta de ir<br />
La muerte no es para soñar, en la muerte yo te acaricio<br />
Con el último suspiro de mi alma te bendeciré</span></p>
<p style="text-align: justify;"><span style="font-size: 11pt; font-family: &quot;;">.</span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small;">Escrito por Juanjo Jambrina (www.arcadi.espasa.com)</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">Se cree que el primer poeta, Safo, se suicidó arrojándose al mar, pero no lo sabemos con seguridad. Muchos otros habrán cometido suicidio, pero no son conocidos o no dejaron obra publicada, o simplemente no hemos podido acceder a sus historias personales, por lo que no han sido incluidos en este estudio.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">1. <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Thomas_Chatterton">Thomas Chatterton</a> se envenenó con arsénico en una buhardilla de Londres el 25-gosto-1770: <em>Existir es no estar / pero que alguien te nombre…</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">2. Karoline Günderode se clava un cuchillo en el corazón y se lanza al Rhin el 26-julio-1806: D<em>errota a tu naufragio y olvida ya esta nave que ni pecio será con unos años.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">3. Heinrich von Kleist se dispara un tiro en la boca después de disparar sobre su compañera Henriette el 21-nov-1811, junto al lago Wannsee: <em>Sonríe mientras el arma apunta / tus últimas ideas en su pólvora…Y espérame un minuto antes de irte.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">4. Charlotte Stieglitz (1834), joven sensible cultivadora de las bellas artes, se clavó un puñal en el pecho, el 18-dic, para no estorbar la creatividad de su esposo, el poeta melancólico Heinrich Stieglitz: <em>Juntos padecimos una pena… Te irá mejor ahora… Nos volveremos a encontrar, más libres… Saluda a todos los que amé… Hasta siempre jamás, tu Charlotte.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">5. Thomas Lowel Beddoes, después de haber perdido una pierna en un intento de suicidio previo, muere por ingestión de veneno el 26-enero-1849 en Basilea: <em>Y si el tiempo final se demorase / Liba este amargo arsénico que te pongo en el vaso.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">6. <a href="http://amediavoz.com/denerval.htm">Gérard de Nerval</a> aparece muerto en la nieve de París el 26-enero-1855: <em>Ahorcarse con el sombrero puesto / es burlar a la muerte de dos formas… / lo mismo un día de estos / le hago un quiebro. </em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">7. <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Antero_de_Quental">Antero de Quental</a> muere de dos disparos. Su mano apretó el gatillo en Punta Delgada el 11-Septi-1891: <em>¿Cómo querrá la muerte mi alma / si está muerta?/ ¿No es el alma el botín?…/ ¡si yo no tengo!.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">8. <a href="http://amediavoz.com/silva.htm">José Asunción Silva</a> se dispara un tiro en el pecho sobre el que hizo dibujar un corazón a su médico el 14 -mayo-1896 en Bogotá: <em>No soy buen tirador / usted me entiende.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">9. Ángel Ganivet se lanza dos veces al río Duina; la primera lo sacan del agua. En Riga el 29-Nov-1898:<em> No la horca, el arsénico ni el tiro / jamás la bala… nunca el aparejo / prefiero un trago amargo e infinito.</em></span></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">10. Wolf von Kalckreuth se dispara una bala en la sien junto a su cama. En Cannstadt, el 9-Oct-1906: <em>A cambio de la herida de tu sien / recibe esta elegía / que me pondrá el laurel de tu epitafio.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">11. Periclís Yanópulos monta un caballo a galope hacia el mar, y cuando ya no puede avanzar más se dispara un tiro con su revolver. En las cercanías de Eleusis el 10 de abril de 1910: <em>Es Itaca / y no duele. </em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">12. Peiu Yavórov ingiere veneno y se pega un tiro en la cabeza. En Sofía, el 16 de octubre de 1914: <em>Ya no puedo arder más en esta llama / Nada puede volver /¿Qué hacer entonces?.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">13. Georg Trakl se administra una dosis de cocaína que le produce la muerte. En Grdek, el 3 de noviembre de 1914: <em>No he vivido, y lo sé…/ Tan sólo he muerto.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">14. Mario de Sá Carneiro toma estricnina en París, el 26 de abril de 1916: <em>Pero el cuerpo que posa, el que me mira / El que envejece al lado de mis cosas… / Ese tipo no es yo, no le conozco.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">15. Arthur Cravan desaparece una noche en la Bahía de México, el año 1919: <em>…Y un barco con el que hundirte / en la bahía de Méjico / mientras el mar se pierde en el mar.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">16. <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Serg%C3%A9i_Yesenin">Sergei Esenin</a> se ahorca en el hotel Angleterre después de escribir unos versos con su sangre. En Leningrado, el 28 de diciembre de 1925: Otra vez el espejo… / ¿Para qué quiero conciencia?.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">17. Paco López Merino se dispara un tiro en la sien en el retrete de un café de la ciudad de La Plata, el 22 de mayo de 1928:<em> Esta hora es perfecta / para el último hálito.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">18. kostas Kariotakis intenta ahogarse en el Mediterráneo, y, al no conseguirlo, se ducha y se arregla para dispararse un tiro en el corazón bajo un eucaliptus. En Prévesa el 21 de julio de 1928: <em>¿Cómo será la nada del abismo? / ¿Cómo será la muerte?.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">19. Jacques Rigaut funda la “Agencia General del Suicidio”, y se dispara un tiro en el corazón, en París, el 5 de noviembre de 1929:<em> La autodestrucción como acto de fe… / Como negocio, en fin, seguro y cierto./ Se admiten asociados… / O accionistas solventes sin escrúpulos.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">20. Vladimir Maiakovski se dispara un tiro en Moscú el 14 de abril de 1930: <em>Muero de libertad / mientras el mundo es un incendio. </em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">21. <a href="http://www.cervantesvirtual.com/bib_autor/Sucre/obra.shtml">Ramos Sucre </a>muere tras cuarto días de agonía por haber ingerido barbitúricos el día que cumple cuarenta años. En Ginebra el 13 de junio de 1930: <em>…y esta soledad única, indescifrable y nítida de segundos eternos / que reclama descanso, aunque sea final.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">22. <a href="http://antoncastro.blogia.com/2005/122802-noticia-de-florbela-espanca-poeta-del-amor.php">Florbela Espanca</a> muere por una sobredosis de veronal en Matozinhos, el 8 de diciembre de 1930: <em>Morir no es fácil, no / pero es lo más correcto.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">23. Vachel Lindsay ingiere un desinfectante doméstico en Soringfield el 5 de diciembre de 1931: <em>¿No hay ni siquiera un veneno accesible que llevarme a la boca?.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">24. Hart Crane se arroja al Atlántico desde la cubierta del buque Orizaba en el Golfo de Mexico, el 27 de abril de 1932: <em>En la borda, el sabor a salitre / me llama a ser océano. / Valoro la distancia / y alzo el vuelo.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"> <img class="alignnone size-full wp-image-1105" src="http://muladar.files.wordpress.com/2008/09/deathscene1.jpg" alt="deathscene1 Los Poetas y El Suicidio" width="470" height="350" title="Los Poetas y El Suicidio" /></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;"><br />
25. Sara Teas dale ingiere una sobredosis de barbitúricos y muere en Nueva York el 29 de enero de 1932: <em>Mis piernas no responden, / y no he amado aún… / Tan sólo fuí palabras en un mundo de gestos.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">26. Roussel es encontrado muerto en un hotel de Palermo el 14 de julio de 1933: <em>Cerciórese sin miedo de que ya no respiro… / Y, luego, entréguele esta carta a mi albacea./ Le nombro mi heredero, como ve. / Y olvídeme después / igual que lo ha hecho el mundo.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">27. René Crevel abre la espita del gas y se deja morir en París el 18 de junio de 1935: <em>…y esta llave de gas que contiene la muerte / en sólo un giro…</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">28. Attila József se tira al tren en las cercanías de Balatonszárszó el 3 de diciembre de 1937: <em>Y no lloréis por mi./ Sólo pago mi deuda.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">29. <a href="http://amediavoz.com/lugones.htm">Leopoldo Lugones</a> quema sus libros y muere por ingestión de cicuta en la Isla del Tigre el 18 de febrero de 1938:  <em>Purifícate en la llama naranja / y hazte ceniza en el rito de Stromboli. / ¡Que bien ardes!, amigo.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">30. <a href="http://www.cervantesvirtual.com/bib_autor/Alfonsina/">Alfonsina Storni</a> se interna despacio en las aguas del Atlántico en Mar del Plata el 25 de octubre de 1938: <em>…mirándome sin vista, / recordando desnuda / el hecho doloroso que nos muerde.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">31. Antonia Pozzi ingiere una sobredosis de fármacos en su casa de Milán el 3 de diciembre de 1938: <em>Una mujer en prosa soy ya… / Se acabó el rito.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">32. Marina Tsvetaeva se ahorca en Elábuga el 31 de agosto de 1941: <em>En el Este también la soledad lo es todo.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">33. <a href="http://www.poeticas.com.ar/Directorio/Poetas_miembros/Cesare_Pavese.html">Cesare Pavese</a> ingiere dieciséis envases de somnífero y muere en Turín el 27 de agosto de 1950: Sólo pide la muerte / urgente y necesaria / para dejar de ser / la peste de si mismo.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">34. Tor Jonsson se ahorca en Oslo el 14 de enero de 1951: ¿Para qué escribir más / de todo lo que existe / si los ojos conforman / siempre un mejor poema?.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">35. Jean Pierre Duprey fue hallado sin vida en su taller de París el 2 de octubre de 1959: Así quise ser yo, así./ Y orinarme en los símbolos del mundo.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">36. Carlos Obregón ingiere una sobredosis de barbitúricos en Madrid, el 1 de enero de 1963: …se averigua un sonido de sirenas / que ya no señalan la herida, / no la cantan, / porque la muerte es todo.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">37. Sylvia Plath abre la llave del gas y mete la cabeza en el horno. En Londrés el 11 de febrero de 1963: <em>Hoy quiero hablar contigo / hasta que llegue el alba / y se hagan memoria mis palabras.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">38. Tomás González, el día de su vigesimosexto cumpleaños (Diciembre de 1966), tras regalarle a su madre flores y un poema, abrió la ventana y se arrojo al vacío: M<em>adre, también yo quisiera ser mujer. / …para sentir en mi interior / la necedad terrible de haber traído al mundo a esta bestia maldita, / y perdonarte, madre.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">39. Violeta Parra, cantora, compositora, pintora, poeta, hija y hermana de poetas… muere el 5 de febrero de 1967, en Carpa de la Reina, a los cincuenta años: <em>Gracias a la vida / que me ha dado tanto…</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">40. José Mª Arguedas se dispara un tiro en Lima el 2 de diciembre de 1969: <em>No convienen los versos / que nos muestran las vísceras azuleando al sol.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">41. Paul Celan se arroja a las aguas del Sena a su paso por París el 30 de abril de 1970: <em>No sirve de nada ya que no sea / morir ahogado en la clepsidra./ Quizás el Sena.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">42. John Berryman salta desde un puente a las aguas del Misissippi en Mineapolis el 7 de enero de 1972: Yo he visto a los hombres / caminar fuera de sí / no siendo hombres,/ pero sombras tampoco.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">43. Gabriel Ferrater toma barbitúricos y se ata una bolsa de plástico en la cabeza, en Sant Cugat, el 27 de abril de 1972: Te vas a trompicones / amputándome. / Te me ajas sin más…/ y yo mirando.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">44. Alejandra Pizarnik muere por una sobredosis de barbitúricos en Buenos Aires el 25 de septiembre de 1972: <em>Podad mi cuerpo cada primavera, / y que crezcan con fuerzas renovadas, / en su tumba, mis esquejes.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">45. Jon Mirande, la noche de Navidad de 1972, ingiere una sobredosis de barbitúricos en París: <em>Morir matando / no puede ser suicidio. </em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">46. Alfonso Costafreda es hallado sin vida en el pasillo de su casa en Ginebra, el 4 de abril de 1974: Los latidos contados / de mi corazón se desbocan / buscando el cero.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">47. Jaime Torres Bodet asolado por el cáncer, pone fin a su vida con un disparo. En México, el 13 de mayo de 1974: Un algo celular me crece adentro / que me hace pensar / más en mi mismo.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">48. Anne Sexton enciende el motor del coche en el garaje y muere por inhalación de anhídrido carbónico. En Weston, el 4 de octubre de 1974: <em>…y un poco de este anhídrido carbónico / que bien dosificado te hace dormir tranquila para no despertar de nuevo / al tedio de los días.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">49. Héctor Murena muere rodeado de cajas de vino en el cuarto de baño de su casa de Buenos Aires, el 5 de mayo de 1975: <em>Déjate al aspaviento de sus órbitas / abandona tu piel a su mandato.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">50. Jens Bjorneboe anuncia su suicidio en un programa de televisión y muere luego ahorcado en Veierland el 9 de mayo de 1976: Suspenderse un instante y dormir. / Dejar de ser el cadáver diario / y ser el muerto.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">51. <a href="http://sisbib.unmsm.edu.pe/bVrevistas/Paediatrica/v03_n2/luis.htm">Luis Hernández </a>se deja atropellar por el metro de Buenos Aires, el 3 de octubre de 1977: <em>Matar a Dios / quizás sea el mejor de los suicidios. </em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">52. Justo Alejo se suscribe a la revista Clarín y se arroja al vacío desde el edificio del Ministerio del Aire en Madrid, el 11 de enero de 1979: Sólo una cosa quiero / antes de ver el fín:/ y es recibir Clarín / en mi tumba espartana…</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">53. Alexis Traianós conecta una manguera desde el tubo de escape al interior de su automóvil y fallece por asfixia. En Capandriti, el 7 de mayo de 1980: Todos los muertos soy yo./ Todos.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">54. Enrico Freire, murió en Granada, el 14 de octubre de 1980. Dejó abierto el gas y encendió la vela que siempre usaba para “inspirarse” y escribir su último poema, titulado “explosión”: <em>Antes del grito, tardo 44 años, 3 meses y un día en encontrar la salida.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">55. Severino Tormes, estrelló su coche contra un árbol camino de Tordesillas, el 15 de noviembre de 1980: <em>15 de noviembre: Tengo la sensación de haber vivido absolutamente en vano. ¿De qué me han servido los libros, la música, el amor, la poesía?. Una amarga carcajada contra un árbol y otra eterna en el infierno.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">56. Paula Sinos (Baracaldo 1950-Portugalete 1981): <em>El maquinista del trén dijo: “Vi un bulto a lo lejos… creí que era un perro… Frené pero era tarde… jamás olvidaré su rostro…”: Siempre puedes pensar que fue el trén / el que se arrojó a ti. </em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">57. Fabrice Graveraux se corta las venas delante de sus amigos en Viareggio, el 8 de enero de 1982: <em>En la lente el disparo, / en la vena el cuchillo. / Es la fiebre. / Es París.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">58. León Artigas, el 14 de febrero de 1984, se introdujo el cañón de una pistola entre los diente y disparó. <em>Sucedió en Badajoz: Imploraré tan sólo un destello / cegador de lucidez / para devolverle a Dios / un cadáver de lujo.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">59. Beppe Salvia se lanza al vacío desde su casa de Roma, en marzo de 1985: <em>¿De que sirve perdurar con parámetros / de supervivencia, intentando pasar cada día sin saltar al vacío,…? / Mira los ojos de tu hija / y despídete con un beso.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">60. José A. Acillona, murió desangrado en el psiquiátrico de Oña, en mayo de 1990, tras rebanarse el cuello con una lata de conservas: Hace mucho tiempo que te espero. Tú eres mi salvador. Tú eres el justiciero que me volará la nuca. ¡Dispara ya, cabrón!.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">61. Alina Reyes se embarcó para siempre en la nave-bañera de un hotel con las venas cortadas, el 14 de noviembre de 1991, en Madrid: <em>“Qué extraño… La luz está aparada y sin embargo juraría que la acabo de encender. Por lo menos, mañana la doncella no tendrá que hacer la cama”.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">62. José Ignacio Fuentes, murió colgado de su cinturón en la cárcel de Basauri, el 14 de octubre de 1991, dos años después de degollar a su esposa: <em>No tengo más que hacer que fumar hasta la muerte. / Yo fumo y sueño. / Quién sabe si algún día veré un río / o la garra piadosa de una soga.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">63. Nicolás Arnero (Segovia, 1950) se ahorcó el 20 de enero de 1991 dejando subrayada una frase en un libro de Pavese: <em>“Basta de palabras. Un gesto. No escribiré más.”: Intuyo la cobarde humillación / de substraerme al suicidio.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">64. Víctor Ramos, falleció desangrado por autocastración en la cárcel de Nanclares de Oca, el 10 de octubre de 1995: <em>De queroseno puro, / antes de que florezca la rareza, / rociar la realidad.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">65. Wenceslao Rodriguez, Madrid 1970, Sevilla 1997, colgado de una viga de la pensión El Guaraní: <em>…a la luz de un flexo en el desván, / introdujo entre sus labios el cañón de una pistola / e imaginó el fragor de una sonrisa / ante los pies descalzos de la soledad.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">66. Marithelma Nostra, Brasil, murió por una sobredosis barbitúricos en un hotel de Madrid (1999.): <em>¿Sabes?… He observado que hay personas que recurren a un segundo lenguaje para expresar lo que verdaderamente sienten. (…) Estas personas casi nunca saben lo que quieren, casi nunca saben lo que esperan y casi siempre se suicidan.</em></span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: justify; margin: 0;"><span style="font-size: 9pt; font-family: &quot;;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;">67. <a href="http://amediavoz.com/goytisolo.htm">José Agustín Goytisolo</a> se suicidó el 19 de marzo de 1999 arrojándose al vacío desde el balcón de su casa: …una tristísima ceniza / que caía y caía sobre la tierra, / y sigue cayendo en mi memoria, / en mi pecho, / en las hojas del papel en que escribo.</span></span></p>
<p class="MsoNormal" style="text-align: right; margin: 0 0 10pt;"><span style="font-size: small; font-family: Calibri;"><br />
</span></p>
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